Capítulo 6 - El gran regreso de Alexia

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Día de partido

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Día de partido. Hacía bastante tiempo que no experimentaba esa sensación. Una brisa suave, un día soleado, cánticos culés por todo el alrededor del estadio y su mano agarrando la mía con firmeza.

Ayer, Marc había aparecido en mi casa con una disculpa y un par de entradas para hoy. Un partido importante, su esperado regreso. Él sabía lo bonito que sería para mí presenciarlo, se sentía hasta histórico. La vuelta de la reina y nosotros de espectadores entre tanta gente afortunada.

Habíamos tomado un café para hacer tiempo y, después, nos habíamos abierto paso a codazos hasta llegar a la valla que nos separaba de las jugadoras, aquellas a las que ahora, después de haber cruzado miradas con tantas de ellas en un estado que parecía tan ordinario como tomarse unas copas con amigas en un bar de mala muerte, no veía tan lejanas a la realidad del día a día.

—El niño de atrás me ha pegado un empujón —Marc rodó los ojos con fastidio—. Te juro que como me aparezca un padre pidiendo que pase al fruto de su esperma para que pueda ver mejor, no respondo.

Reí ante su ocurrencia.

—¿No es a ti a quien le encantan los niños?

—No los días de partido. Esos son para los adultos —respondió con el dedo índice en alto.

—Fuck them kids.

—Aunque tampoco los voy a culpar —Le miré curiosa—. Piénsalo, ¿no te encantaría que trajéramos a nuestros hijos a chocar la mano con los jugadores? Podríamos usarlos para que nos consiguieran autógrafos con su ternura infantil.

Me miró entonces sonriendo y por un momento sentí que esperaba algo más de mí. Una ilusión, un añadido a su fantasía paternal, un reconocimiento a ese futuro, quizás; pero el autobús del club se acercó hasta la valla, alejando su atención de mí y haciendo que el pensamiento se deshiciera en el aire, para mi suerte.

Irene Paredes, Mapi León y Mariona Caldentey fueron las primeras en abandonar el vehículo. El ruido fue ensordecedor y busqué la mirada de Marc para hacerlo reír con una mueca.

La gente empezó a empujarnos hacia atrás, sacando banderas, camisetas... Cualquier cosa con la superficie suficiente para recibir una firma. Creo que incluso el niño encontró un hueco para terminar delante de nosotros.

Pude ver a lo lejos cómo en la otra fila Geyse y Rolfö repartían alguna firma o se sacaban alguna foto con los presentes.

La mano de Marc tiró de mí con fuerza hacia delante y pude tocar de nuevo la valla con el cuerpo. Justo en el momento en que los gritos se hicieron más ensordecedores. Y el motivo de ello tocó con los dos pies el asfalto.

Estaba seria, como la otra noche. Me atrevería a decir que abrumada. Miró a un lado y a otro y saludó con la mano a todas aquellas personas que se dieron aludidas a una batida general con la mano derecha. Comenzó a caminar con los ojos mayoritariamente en suelo y que intermitentemente miraban hacia delante y a los lados, situándose y en una de esas sus ojos tocaron de nuevo con los míos.

Y se detuvo.

En medio del camino entre el autobús y la puerta, Alexia Putellas se había quedado estática. Se quitó un auricular del oído. ¿Acaso me había reconocido? Era físicamente imposible. El día de Halloween mi cara estaba cubierta en maquillaje y cubierta en un gran porcentaje por un gorro en punta.

—¡Te está mirando! —exclamó Marc en mi oreja para después sacudirme los hombros—. ¡Rápido! Pídele que te firme alguna cosa, una foto, lo que sea.

Alexia rompió el contacto visual en ese mismo momento y lo clavó de lleno sobre mi novio. Lo observó de arriba a abajo y me miró un último segundo antes de echarse a caminar de nuevo hacia los vestuarios.

—¡Qué mala suerte! —Maldijo—. Se lo ha pensado, eh. Tiene que estar muy concentrada. Es su vuelta. ¡Y también tiene que mostrar lo concentrada que está!

—Joder, ¿tiene que estar mostrando también a cualquiera que está cien por cien en el partido para que no se la juzgue si no marca tres goles?

—Venga, no te pongas así. Seguro que otro día te firmará.

—¡No me refiero a eso! —exclamé con hastío—. Es mucha presión añadida tener que estar demostrando a todo el mundo que te lo tomas en serio por si acaso en tu vuelta no eres la puto mesías, ¿sabes?

Marc me miró confuso por mi reacción. Apretó los labios y pronunció una disculpa justo antes de volver a gritar tratando de llamar la atención de Patri Guijarro.

 Apretó los labios y pronunció una disculpa justo antes de volver a gritar tratando de llamar la atención de Patri Guijarro

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Alexia había salido en la segunda parte y no había tenido nada especialmente destacable. Un par de pases en profundidad, un regate torpe y un tiro de fuera del área desviado.

Había entrado directamente al vestuario tras el pitido final, apenas saludando a sus compañeras y mucho menos parándose con los aficionados a pesar de haber terminado con una contundente victoria.

Se oían algunos gritos dedicados a ella que eran rápidamente tapados por otros al ver que ya no se encontraba sobre el césped. Se teorizaba sobre algunas molestias, algunas indicaciones importantes, algún problema familiar...

—Qué raro —Marc se cruzó de brazos—. No ha sido su mejor partido, pero me esperaba que se quedase a saludar.

—No sé qué ha podido pasar.

—¿Sabes? Al entrar pensé que te había reconocido —rio para sí—. De verte por el bar o algo. Como se quedó ahí mirando... Estaría ubicándote.

—No creo. Nunca hemos hablado, la verdad —deseché la idea—. Quizás sí le sonaba de algo, pero no supo de qué.

Los aficionados empezaron a desalojar el estadio y nosotros los seguimos de cerca.

—De todas formas, te traía a ver el gran regreso de Alexia. Siento que no se haya parado ni un momento —Se disculpó con tristeza.

—No seas idiota —Sonreí con ternura—. Venir juntos ha sido el mejor regalo —Aseguré antes de besarlo.


Je, hoy publiqué a tiempo

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Je, hoy publiqué a tiempo.

Todas listas para el baloncito de oro de esta noche?

Sería capaz de renunciar a todo - Alexia PutellasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora