Hay verdades que existen mucho antes de ser dichas. Hydra Targaryen llevaba años viviendo dentro de una sin saberlo.
La fosa la llamaba de la misma forma en que el mar llama a los que han nacido cerca de él: no con palabras, sino con algo más profundo, más antiguo, que se asentaba en el pecho y no daba descanso hasta ser atendido.
Los cuidadores le pedían que se marchara. Hydra los ignoraba con la misma cortesía con que ignoraba todo lo que no le convenía escuchar, que era bastante. Sabía que no debía estar allí, no oficialmente, no desde que Otto Hightower había convencido a toda la corte, a su madre y al propio Viserys de que era peligroso permitirle pasar tiempo con Shrykos. Demasiados incidentes con fuego, había dicho su abuelo, con esa voz suya de hombre que siempre encuentra la forma de que su opinión suene a sentido común.
Hydra apretó los dientes al recordarlo.
Shrykos estaba en su celda, tranquilo, ajeno a todo. La miraba con esos ojos enormes y dorados sin moverse, sin acercarse, como si también él hubiera recibido instrucciones de mantener la distancia. Había intentado acercarse. El dragón la había rechazado con un gruñido bajo, sin violencia pero sin ambigüedad. Era su dragón, lo sabía con la misma certeza con que sabía su propio nombre, y aun así no podía reclamarlo. No todavía.
El deseo de hundirle la daga a Otto Hightower en alguna parte vital era, en este momento, genuinamente difícil de ignorar.
Se obligó a seguir caminando.
La fosa era enorme y hermosa con esa belleza particular de las cosas que son peligrosas: roca antigua, estructuras pesadas, el olor a ceniza y calor que impregnaba el aire como un perfume que nunca terminaba de disiparse. Los dragones que no tenían jinete la observaban desde sus celdas con una atención que Hydra encontraba más honesta que la de la mayoría de las personas que conocía. Ninguno la atacó. Nunca lo habían hecho. Se acercaban, la olfateaban, algunos permitían que los tocara. La respetaban con esa tranquilidad instintiva que los dragones reservaban para la sangre de Valyria pura.
La respetaban, pero no la elegían.
Tan absurdo. Tan completamente absurdo.
Fue Dreamfyre quien la detuvo.
Era una criatura extraordinaria, había que admitirlo incluso en los peores momentos. Azul y plateada, con esos ojos fríos que parecían ver más de lo que cualquier dragón debería poder ver. Se había acercado a las rejas de su celda con una lentitud que no era miedo sino consideración, y la miraba con una fijeza que Hydra encontraba, a su pesar, hipnotizante.
Helaena no la merecía. Era un pensamiento injusto y lo sabía, pero existía de todas formas con esa honestidad incómoda que tienen los pensamientos que uno preferiría no tener. Su hermana era dulce y extraña y merecía todo el amor del mundo, pero pasaba más tiempo mirando insectos que prestándole atención a la criatura magnífica que tenía a su cargo. Era un desperdicio. Un desperdicio visible, concreto, que Hydra observaba con una mezcla de rabia y algo parecido a la envidia que no terminaba de transformarse en odio porque Helaena era Helaena y era imposible odiarla del todo.
Extendió la mano despacio. Dreamfyre inclinó la cabeza hacia ella.
Por un momento, solo existieron los dos: el dragón y la niña sin dragón, mirándose a través de las rejas con algo que podría haber sido reconocimiento.
Entonces el dragón se levantó de golpe.
El gruñido llenó la fosa entera, reverberando contra la piedra con una violencia que hizo temblar el aire. El fuego naranja brilló en la garganta del animal, visible incluso con la boca cerrada, y Hydra se tiró al suelo por instinto antes de que su mente terminara de procesar lo que estaba pasando.
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𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]
FanfictionDicen que los Targaryen son la sangre del dragón. Hydra lo sabe. Lo ha sabido siempre. Y aún así, sangra igual que todos. Nació entre el fuego y la traición, y aprendió pronto que en este juego no hay lugar para el corazón. Juró lealtad. Rompió jura...
![𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]](https://img.wattpad.com/cover/324470123-64-k118288.jpg)