Dragonstone era hermoso de la forma en que son hermosas las cosas peligrosas: con una belleza que no buscaba aprobación y no se disculpaba por existir.
Hydra lo había leído en los libros, había visto los mapas, había escuchado a los maestres describirlo con esa precisión suya de hombres que conocen los lugares a través del papel y no de los pies. Ninguna de esas cosas la había preparado para la realidad de estar parada sobre esa roca volcánica con el viento del mar golpeándole la cara y el olor a ceniza mezclado con sal impregnando el aire.
Era completamente distinto al Desembarco del Rey. Más oscuro, más honesto, sin la capa de decoro que cubría cada piedra de la Fortaleza Roja. Aquí todo era lo que era, sin pretensiones.
Le gustó de inmediato, lo cual lo hacía levemente sospechoso.
Laena la había recibido con esa calma suya que Hydra todavía no sabía bien cómo manejar, le había mostrado sus aposentos, le había dado comida y tiempo, y luego la había dejado sola con la discreción de alguien que entiende que algunas personas necesitan el espacio antes que las palabras. Era una cualidad que Hydra apreciaba y que no esperaba encontrar aquí.
No duró mucho en los aposentos.
La isla la llamaba de la misma forma en que la había llamado la fosa del Desembarco del Rey, con ese tirón instintivo que no pedía permiso. Salió sin decirle a nadie adónde iba, que era su forma habitual de ir a cualquier parte, y comenzó a explorar con esa atención suya de quien guarda todo lo que ve para usarlo después.
Todo era maravilloso. Todo era diferente.
Fue mientras caminaba, con los ojos fijos en las formaciones rocosas que descendían hacia el mar, que lo recordó.
Vermithor.
La Furia de Bronce, el dragón del rey Jaehaerys, sin jinete desde su muerte. Uno de los dragones más grandes e históricos que existían, durmiendo en alguna cueva de esta isla mientras ella caminaba sobre el mismo suelo. El pensamiento llegó con esa claridad particular de las ideas que uno sabe, desde el momento en que aparecen, que van a terminar en algo irreversible.
Ya estaba caminando hacia las cuevas cuando escuchó a Caraxes aterrizar detrás de ella.
Chasqueó la lengua.
—¿Dónde diablos vas?
La voz de Daemon tenía ese tono suyo de hombre que ha calculado la respuesta antes de hacer la pregunta y no está satisfecho con ninguna de las opciones. Hydra no se detuvo.
—A Dragonrider —dijo, sin mirar atrás.
—Acabas de llegar. Ni siquiera sabes dónde estás parada. —Una pausa—. Sígueme.
Hydra se detuvo entonces, pero no para seguirlo. Se giró con la expresión de alguien a quien acaban de decir exactamente lo que menos quería escuchar.
—Estoy en Dragonstone —dijo, con una cortesía que era casi indistinguible de su opuesto—. Sé perfectamente dónde estoy parada. Y soy una princesa, así que te agradecería que ajustaras el tono.
Daemon la miró durante un segundo con esa expresión suya que era difícil de clasificar porque contenía demasiadas cosas al mismo tiempo. Luego comenzó a caminar detrás de ella con esa calma de hombre que ha decidido que no vale la pena correr.
—Si fueras una princesa de verdad, tendrías un mínimo de respeto por tus superiores.
—No eres superior a mí —respondió Hydra, aumentando el paso—. Ninguno de ustedes lo es. Soy tan Targaryen como tú.
—Sin dragón.
Fueron dos palabras, dichas con la indiferencia particular de quien sabe exactamente dónde duele y ha decidido, de todas formas, presionar ahí. Hydra no respondió de inmediato. El silencio duró exactamente lo suficiente para que Daemon entendiera que había dado en algo real.
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𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]
FanfictionDicen que los Targaryen son la sangre del dragón. Hydra lo sabe. Lo ha sabido siempre. Y aún así, sangra igual que todos. Nació entre el fuego y la traición, y aprendió pronto que en este juego no hay lugar para el corazón. Juró lealtad. Rompió jura...
![𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]](https://img.wattpad.com/cover/324470123-64-k118288.jpg)