Han pasado algunos años desde aquella mañana de tormenta. Hydra Targaryen ya no es la niña que corría por los pasillos con un dragón en la mano. O al menos, eso es lo que ella prefiere creer.
Las cenas del rey Viserys eran, en opinión de Hydra, una de las formas más refinadas de tortura que existían en los Siete Reinos.
No había dragones, ni espadas, ni enemigos visibles. Solo la familia entera reunida alrededor de una mesa demasiado larga, fingiendo que el silencio entre ellos era paz y no la distancia exacta que necesitaban para no destrozarse. Su padre lo intentaba, había que reconocérselo. Viserys creía, con una fe que rozaba lo patético y lo enternecedor al mismo tiempo, que una cena podía remendar lo que años de resentimiento habían roto. Hydra lo observaba desde su lugar con algo parecido a la lástima, aunque nunca lo habría llamado así en voz alta.
Lástima era una palabra demasiado blanda para lo que sentía por su padre.
Rhaenyra susurraba algo al oído de Jacaerys, y el niño reía. Era una escena sencilla, cotidiana, del tipo que Hydra había aprendido a identificar sin mirarla demasiado directamente, como se aprende a no mirar al sol. No era envidia, o al menos no completamente. Era algo más complicado, más difícil de nombrar: el reconocimiento de una distancia que nadie había decidido crear pero que existía de todas formas, sólida como la piedra del castillo.
Jacaerys era un bastardo. Todo el mundo lo sabía, ella incluida. El parecido entre su sobrino y Harwin Strong era la clase de verdad que la corte llevaba años fingiendo no ver, con esa hipocresía elegante que los señores de Westeros habían perfeccionado a lo largo de generaciones. Hydra nunca se lo había dicho en la cara, ni a él ni a Rhaenyra. No era crueldad lo que la detenía, sino algo más parecido a la indiferencia: Jacaerys tenía una madre que lo miraba con orgullo delante de todos, que le susurraba cosas al oído y reía con él, y eso era algo que ningún apellido podía quitarle.
Ella, en cambio, era una Targaryen legítima. Nadie lo discutía. Manejaba la espada con una precisión que hacía fruncir el ceño a sus maestres, había domado a su dragón en una fracción del tiempo que les llevaba a los demás, y había aprendido el valyrio por su cuenta, sin ayuda, porque había decidido que quería aprenderlo y eso había sido suficiente razón. Era todo lo que se esperaba de alguien de su sangre, y más.
Y aun así.
Vermax escupió fuego aquella tarde, y Rhaenyra había expresado su orgullo delante de la mitad de la corte.
Hydra dejó escapar el aire despacio y miró la copa frente a ella sin tocarla.
Fue entonces cuando sintió el apretón.
Dedos pequeños, cautelosos, buscando los suyos por debajo de la mesa con la torpeza de quien no está del todo seguro de que su gesto vaya a ser bien recibido. Hydra bajó la vista un instante. Aemond la miraba desde su lugar con esa sonrisa suya, levemente torcida, levemente nerviosa, la sonrisa de alguien que quiere algo pero no sabe exactamente cómo pedirlo sin que le cueste demasiado.
Habían tenido una discusión con su madre esa mañana. Hydra no recordaba bien el motivo, solo recordaba haber encontrado a su hermano menor llorando en un rincón del pasillo y haber pasado un rato largo sentada a su lado sin decir nada, porque con Aemond las palabras a veces sobraban. Desde entonces no se le había despegado.
No era odio lo que sentía por él, claro que no. Pero era apenas un niño, y ella comenzaba a no serlo, y esa distancia también existía aunque ninguno de los dos supiera todavía qué hacer con ella.
La mueca en su rostro fue involuntaria. Pequeña, casi imperceptible, pero Aemond la vio.
Soltó su mano de inmediato. Se tropezó con las palabras antes de encontrarlas, la disculpa salió en voz demasiado baja, casi inaudible entre el ruido de la cena. No quería ser raro con ella. No quería que lo mirara así. Lo que quería, aunque no tenía las palabras para decirlo ni a su edad ni con su carácter, era que Hydra lo mirara de la misma forma en que miraba a Aegon: con esa mezcla de exasperación y afecto que era, en el lenguaje particular de su hermana, la forma más alta de cariño.
Hydra apartó la vista. Guardó eso para después.
—Daemon se casó con Laena Velaryon —dijo Otto Hightower, después de un silencio que había durado exactamente lo suficiente para que todos creyeran que la cena podría terminar sin mayores incidentes—. La princesa asegura que espera un hijo suyo.
La mueca de Rhaenyra fue breve pero visible. Hydra la registró sin comentario.
Recordaba poco de Daemon, y lo poco que recordaba era extraño. Las pocas veces que habían coincidido, él la había mirado con esa fijeza suya que incomodaba a todos menos a él mismo, le había dicho cosas secas y precisas sobre su potencial, y había esbozado alguna sonrisa cuando ella causaba el tipo de desastre que otros habrían castigado. Luego Rhaenyra había decidido que no volvieran a verse, y su madre había tenido algo que ver en eso, aunque nadie se lo había confirmado. A Hydra no le molestaba especialmente. Lo que le molestaba, en todo caso, eran los susurros en los pasillos, la gente que la comparaba con él como si eso explicara algo, como si ser parecida a Daemon Targaryen fuera una advertencia o una profecía.
—Deberíamos enviarle un huevo —dijo Alicent, mirando a Rhaenyra con la precisión de alguien que sabe exactamente dónde duele—. Aunque su unión no sea de nuestro agrado.
Hydra ya no escuchaba. Se había inclinado hacia Aegon con la discreción de quien sabe que su madre va a pedirle que rece en cualquier momento y prefiere aprovechar el tiempo que queda.
—No comprendo —susurró, acercando su rostro al de él—. Explícame.
Aegon la miró de reojo con esa expresión suya, mitad hartazgo, mitad placer de saber algo que ella no sabe.
—Rhaenyra está enamorada de Daemon —dijo en voz baja—. Estoy seguro de que la estúpida desearía que sus bastardos fueran de él.
Hydra no respondió de inmediato. Antes lo habría objetado. Ahora lo pensó con más calma: ¿eran bastardos? Sí. ¿Rhaenyra era estúpida? No lo creía, o al menos no por eso. Pero Aegon la odiaba, más bien odiaba la forma en que ella acaparaba la atención de su padre, y Hydra entendía ese resentimiento aunque no lo compartiera con la misma intensidad. No era tan tonta como para odiar a alguien por algo que no era exactamente su culpa.
—Ojalá lo fueran —respondió en voz baja, mirando a Jacaerys y a Lucerys desde el otro lado de la mesa—. Al menos así no tendrían que enfrentar tanto odio por culpa de su madre.
Aegon rodó los ojos. Era una reacción que Hydra conocía de memoria: su hermano podía soportar casi cualquier cosa de ella excepto que demostrara afecto por sus sobrinos. Lo encontraba injusto de una manera que no sabía articular del todo, pero que sentía con la intensidad característica de los Targaryen para todo lo que consideraban suyo.
Y Aegon consideraba a Hydra completamente suya.
Helaena, que llevaba toda la cena mirando algo que nadie más podía ver, murmuró entonces algo en voz muy baja. Nadie le prestó atención, como de costumbre. Hydra fue la única que giró la cabeza hacia ella, con esa mezcla de ternura y frustración que reservaba exclusivamente para su hermana. Deseaba poder tomarla de la mano y sacarla de allí, de esa mesa, de ese castillo, de esa familia que no sabía qué hacer con alguien como Helaena. Y al mismo tiempo, a veces, la desesperaba esa singularidad suya, esa forma de estar en el mundo que era completamente impermeable a todo lo que los demás consideraban urgente.
La cena continuó. Los silencios se alternaron con las palabras justas y necesarias, y nadie dijo nada que no hubiera sido calculado de antemano. Viserys sonrió en dos ocasiones, con esa sonrisa suya que era mitad esperanza y mitad agotamiento.
Hydra comió poco y observó mucho.
Era, pensó sin demasiado orgullo, una de las pocas cosas que hacía sin que nadie se lo hubiera enseñado.
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𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]
Fiksi PenggemarDicen que los Targaryen son la sangre del dragón. Hydra lo sabe. Lo ha sabido siempre. Y aún así, sangra igual que todos. Nació entre el fuego y la traición, y aprendió pronto que en este juego no hay lugar para el corazón. Juró lealtad. Rompió jura...
![𝐂𝐎𝐋𝐃 𝐇𝐄𝐋𝐋 , 𝐇𝐎𝐔𝐒𝐄 𝐎𝐅 𝐓𝐇𝐄 𝐃𝐑𝐀𝐆𝐎𝐍 [𝑬𝑵 𝑬𝑫𝑰𝑪𝑰Ó𝑵]](https://img.wattpad.com/cover/324470123-64-k118288.jpg)