✨✨historia original
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Wang Yibo es un chico alfa con un problema por el bajo nivel de feromonas alfa que impide que su cuerpo persiva feromonas...
Los labios de Xiao Zhan se sentían hinchados; su mente aún estaba en blanco por el intenso beso de Wang Yibo. Cada vez que Yibo tocaba sus labios, la sensación era más fuerte que la anterior, incluso le ardían un poco. Aún así, no importaba, si era Wang Yibo el que lo hacía... estaba bien.
Yibo se sintió tímido y sus orejas estaban completamente rojas. Sus feromonas se volvieron más intensas y solo pudo decir con dificultad:
-Espérame junto a Lulú, regresemos juntos a casa.
Yibo se marchó sin mirar atrás; parecía aún avergonzado. Al mismo tiempo, esto hizo que las feromonas de Zhan se alteraran y su cuerpo se sintiera débil, aún más que de costumbre; sentía como si fuera a desvanecerse en cualquier momento. Alzó la mirada: la luna estaba en cuarto menguante. Recordó al emperador Wang; cuando la luna nueva se encuentra en su punto más alto, él se oculta también.
Su mano se sintió extraña; la observó desvanecerse por un breve instante. En ese momento, Lulú se acercó a Zhan, preocupada al ver su semblante.
-Zhan Zhan, ¿estás bien? ¿Las feromonas de mi hermano te hicieron sentir mal?
Las preguntas de Lulú se escuchaban lejanas. Zhan cerró los ojos y perdió el conocimiento.
El emperador Wang y el general Ayanga se encontraban frente al lago de hibisco rojo. El general dijo con preocupación:
-Este lugar es el último rastro de la feromona de hibisco.
El emperador Wang caminó, adentrándose en el lago. Frunció el ceño y murmuró:
-...Mi omega está aquí.
Con un movimiento lento, fijó su mano en un punto alto y concentró su poder, sacando una esfera de energía del fondo del lago. La esfera fue atraída por el poder espiritual del emperador Wang. Sus ojos color plata brillaban intensamente. Intentó utilizar su poder para abrir la esfera que cubría el cuerpo inconsciente de Xiao Zhan, pero fue detenido por el general Ayanga.
-Emperador, si usted utiliza todo su poder, destruirá el cuerpo del omega.
El emperador Wang desistió y ordenó con voz fuerte:
-¡Llévenlo al palacio y libérenlo ahora!
Al abrir los ojos, Zhan se encontraba en el hospital y el cielo estaba a punto de oscurecer. Wang Yibo estaba a su lado y, al darse cuenta de que despertó, se levantó acercándose a él.
-Lo siento, Zhan Zhan, no debí liberar mis feromonas...
Zhan negó con la cabeza para reconfortar a Yibo y preguntó con voz débil:
-Joven amo... ¿estamos en el hospital?
-Sí, llevas dos días aquí... Es por mi culpa, lo siento. Tomé inhibidores más fuertes; no te preocupes, todo fue por no saber controlarme, lo siento mucho.
Al ver a Yibo afligido, incapaz de mirarlo directamente a la cara, Zhan -quien aún se sentía débil- trató de incorporarse y acarició sus mejillas. Antes de poder decir algo, la Sra. Wang entró abruptamente y abrazó a Zhan.
-Zhan Zhan, por fin despiertas.
Después de escuchar a la Sra. Wang llorar un poco, el doctor Ayanga se acercó y dijo amablemente:
-Joven Xiao, no encontramos ningún problema con las feromonas, pero le haremos más estudios para corroborar que todo marche bien y entonces podrá ir de nuevo a casa.
El doctor Ayanga se marchó, llamando a Yibo y a la Sra. Wang fuera de la habitación. En ese momento, el cielo se oscureció. Zhan se sintió débil; miró sus manos y estas se volvían transparentes por instantes. Se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban y se asomó por la ventana buscando la luna. La fase de luna nueva ocultaba su rastro en el cielo.
Zhan observó su cuerpo desaparecer poco a poco; su única reacción fue mirar por última vez a Wang Yibo. El impulso de querer quedarse a su lado lo invadió. Había tantas cosas que guardaba en su corazón, cosas que jamás pudo decir. Caminó hasta la ventana enorme del pasillo donde estaban Yibo y el doctor Ayanga. Zhan intentó tocar el vidrio, pero sus manos se desvanecían ante sus ojos.
Yibo sintió la mirada de Zhan desde el interior de la habitación. Observó el cuerpo de Zhan desaparecer lentamente y, desesperado, gritó:
-¡Xiao Zhan!
Wang Yibo corrió hacia él, abrió la puerta y, cuando estaba a punto de abrazarlo, Xiao Zhan desapareció como si se tratara de una ilusión. Había vuelto a su mundo.
Xiao Zhan despertó abruptamente. Su cuerpo estaba mojado, como si acabara de salir del agua. Su respiración se agitó y, consternado, miró a su alrededor: era el palacio del emperador Wang.
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Zhan abrió los ojos asustado, dándose cuenta de que ya se encontraba en su mundo original. Arrodillado, sintió una mirada penetrante detrás de él; giró para encontrarse frente a los ojos del emperador Wang. Sus ojos fríos, color plata, lo observaban a profundidad, como si quisiera encontrar respuestas con solo una mirada. Esta apariencia omnipotente pertenecía, definitivamente, al emperador Wang.
-Te he estado esperando... -dijo el emperador fríamente, acercándose para levantarlo y atraerlo hacia sí.
Su rostro, fijo en el suyo, intimidó a Zhan, quien bajó la mirada.
-El pequeño conejo con aroma a hibisco, ¿perdió el habla?
Zhan abrió los ojos al escucharlo llamarlo conejo y fijó su mirada en el emperador.
-¿Un conejo? -respondió temblando.
-Tu apariencia es como la de un pequeño conejo asustado.
El emperador soltó el cuerpo de Zhan, dejando que él se sostuviera por sí mismo, y dio una orden fuerte a todos los sirvientes a su alrededor:
-Llévenlo a prepararse; él se convertirá en mi omega cuando la fase de luna nueva termine.
Zhan escuchó la orden; todos acataron. El emperador se marchó y los sirvientes se acercaron.
-Joven amo Xiao, síganos a su habitación; permanecerá ahí durante la fase de luna nueva.
Zhan asintió levemente y dejó que los sirvientes se encargaran. Cuando se marcharon, observó su vestimenta blanca, tejida con hilos de oro en los adornos del cuello y las manos. Se miró al espejo; su aspecto era diferente al del pequeño que salió del pueblo de omegas. Después de conocer el otro mundo y a alguien tan cálido como Yibo, esta realidad solo lo hacía sentir triste; volver no lo hacía feliz.
Se recostó en su cama e imaginó el rostro dormido del joven amo Wang.
-Joven amo Wang... -llamó, como una súplica.
Sus lágrimas cayeron en silencio en aquella fría habitación.
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