✨✨historia original
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Wang Yibo es un chico alfa con un problema por el bajo nivel de feromonas alfa que impide que su cuerpo persiva feromonas...
Xiao Zhan se levantó arrinconándose lo más lejos posible, cubriendo su cuerpo con las túnicas que estaban a su alrededor.
-¿Emperador Wang? -preguntó temblando; su voz apenas era un hilo.
El emperador se acercó y jaló la ropa para dejar su cuello marcado a la vista. La mitad de su cuerpo quedó expuesto; las marcas de besos y mordidas por todo su torso eran más que notorias. El emperador frunció el ceño y reprochó:
-¿Utilizó mi cuerpo? Ha venido aquí por ti.
Afirmó soltando la tela, dejándola caer a un lado de Xiao Zhan. Él agachó la cabeza sin responder; el tono en la voz del emperador le advertía que cualquier respuesta solo causaría más enojo. El emperador lo observó fijamente e insistió:
-¿Tú causaste esto? Responde, ¿cómo es que puedes traerlo aquí?
Zhan alzó la mirada, respondiendo al soberano:
-El emperador es la única razón por la que yo transmigré a ese mundo. Cuando estaba en camino a encontrarme con usted, vi que su cuerpo se hundía en el lago; me asusté y solo pensé en rescatarlo. Fue así como crucé a otro mundo.
El emperador escuchó atentamente mientras se sentaba en una silla.
-Él es mi forma humana... ese chico identifica mi existencia porque es parte de mí.
El emperador cerró los ojos al ver la expresión desencajada de Xiao Zhan por la impresión.
-Soy la deidad de la Luna. Antes de transmigrar a este mundo, tuve que separar mi núcleo dorado y mi cuerpo inmortal para convertirme en un mortal como ustedes.
Xiao Zhan se levantó, cubriéndose con las túnicas.
-¿Por qué transmigró al mundo humano? ¿Una deidad como usted?
El emperador Wang se levantó de su asiento y caminó frente a Xiao Zhan, respondiendo con firmeza:
-Lo hice por ti.
Zhan abrió los ojos de par en par, tambaleó un poco y su cuerpo fue sostenido por las manos frías del emperador.
-Todo es por ti... por el tiempo que tuve que esperar para poder tenerte entre mis brazos de nuevo.
Zhan se incorporó, separándose de él; sus palabras lo dejaron con más preguntas que respuestas. El emperador bajó los brazos, sin apartar sus ojos color plata de Xiao Zhan.
-Tú eres mi omega, el conejo atrapado en la Luna... el conejo que da la inmortalidad con solo su aroma. Muchos dioses han tratado de poseerte, pero tú me perteneces por decreto del destino.
Zhan dio dos pasos atrás, alejándose de él.
-Todos los dioses estaban furiosos por ello, así que te castigaron sacando tu núcleo dorado y mandando tu alma al mundo mortal.
-¿Entonces yo, al igual que el joven amo Wang, somos sus cuerpos mortales?
El emperador asintió para después continuar:
-Cuando me enteré de tu castigo quise impedirlo, pero fue demasiado tarde. Tu «yo» inmortal fue sellado dentro de tu cuerpo humano. Nuestros cuerpos han estado renaciendo una y otra vez sin encontrarse... Esta es tu última reencarnación, así que decidí separar mi alma inmortal y llegar a ti sea como sea. Es mi última oportunidad de tenerte a mi lado.
Zhan escuchó todo lo que el emperador dijo; esta era su última oportunidad.
-Entonces, la persona igual a mí atrapada en la Luna, ¿son recuerdos de mi «yo» pasado? Pero estoy seguro de que escuché su voz, idéntica a la mía, y su cabello era color plata, igual al suyo -explicó, buscando una respuesta.
El emperador suspiró con pesadez.
-Debiste ver alguna ilusión.
-No, estoy seguro; dijo que tenía que cuidar de usted... al igual que me envió a cuidar de su cuerpo mortal. Si el joven amo muere, es probable que usted también desaparezca.
La deidad de la Luna lo miró con asombro. Tal vez fuera verdad y el Xiao Zhan original estuviera intentando ayudarlo. Yibo se acercó a Zhan, acariciando su rostro con la mano helada, para después decir con voz seria:
-Si estás ahí mismo, déjame verte, Xiao Zhan... te he esperado largo tiempo.
El corazón de Zhan se contrajo; un hueco en su estómago lo hizo sentir extraño. De pronto, sintió que su cabeza dolía como si algo quisiera salir de ella. Volvió a tambalear y su cabello comenzó a cambiar a color plata, al igual que sus ojos. Alzó la mirada para encontrarse frente al rostro de su amado durante tantos siglos: un conejo que se convirtió en el destinado de la deidad de la Luna.
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