CAPÍTULO VII: HAPPIER THAN EVER

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—Sé que no te gusta beber tanto

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—Sé que no te gusta beber tanto... —la rubia señaló ya un tanto mareada por todas las cervezas que ha tomado—Pero me alegra que estés aquí conmigo... aunque son más de las... —miró la hora en su celular—2AM.

Lisa rio un poco, la voz balbuceante de Rosé era muy divertida, además de tierna, claro. Ella claro que estaba bebiendo, pero todo con medida. No deseaba tener una resaca o sueño en el bufete mañana. Sin embargo, no dejaría a la rubia sola.

Su compañía era bastante gratificante, hacía chistes extraños de las estrellas de mar, y experiencias desastrosas de cuando era niña. Adoraba un poco más a la Roseanne borracha. Un espectáculo digno de presenciar.

—Bueno, Rosie... no te dejaría aquí sola. —Levantó su propia cerveza para beber un poco. —Además, es muy divertido escuchar como te caías todo el tiempo cuando eras una niña.

—¡No era mi culpa! La maldita gravedad tenía algo en contra de la pequeña Rosie... —bufó con un pequeño puchero en labios, Lisa solo quería besarlos hasta el amanecer—Mi madre siempre creyó que era muy torpe para mi propio bien... —refunfuñó—Pero afortunadamente mi papá siempre me ayudaba a cubrir todas mis travesuras.

Esa sonrisita de orgullo cada vez que mencionaba a su padre hacía que el corazón de Lisa bombeara con fuerza, estaba muy feliz de que su Rosie haya tenido una infancia adorable, con un padre amoroso y una madre que se preocupaba por su bienestar. Lastima que ambos estén muertos, así no los podrá conocer jamás.

—Recuerdo cuando aprendía a usar bicicleta... —comenzó con emoción, vaciando otra botella de cerveza—Mi padre mi ayudo bastante, pero cuando dejé de usar las ruedas y caí en concreto de carretera, tuve rasguños y heridas leves... pero mi mamá me regañó. ¿Puedes creerlo? ¡Me había caído y aún así me regañó! —se cruzó de brazos, mientras resoplaba.

Lisa una vez más no pudo contener su risa.

—Puedo imaginar a una pequeña Rosie siendo regañada por su mamá, y además herida por la caída.

—¡No es gracioso, Lisa! Eres mala... te burlas de mi desgracia—Un puchero aún más tierno se coló en la borracha Rosie.

Ella no lo evitó más, rodeó la mesa del bar con su silla y se sentó a un lado de la rubia, cubriendo sus brazos en su cuerpo. Esa calidez que cada día se le hacía algo tan familiar se sentía tana acogedor, dulce... como un hogar, uno real.

—Deja de enojarte, rubia hermosa—besó cortamente sus labios—¿Sabes? Cuando yo aprendí a usar una bicicleta creo que mis padres no estaban ahí... —recordó con un poco de melancolía—Ellos trataban de pasar mucho tiempo conmigo, pero a veces era tarea imposible. Cuando era pequeña, su cadena de restaurantes crecía masivamente... no tenían tiempo para cuidar de una niña, de hecho, esa fue la razón por la que no tengo hermanos...—hizo una pequeña mueca, porque ella siempre quiso un hermano que la acompañara—Mi niñera me enseñó a usar la bicicleta, aprendí rápido, sin caídas demasiado graves.

I LIED | CHAELISAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora