Luego de haber sido regalado por su padre por haber nacido omega, Jimin termina siendo emparejado a la fuerza con un alfa del que no sabe nada.
Una marca en su cuello y sus cachorros lo obligan a permanecer por siempre a su lado.
¿Podrá alguna vez...
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CAPÍTULO XIX:
Kim Namjoon se inició en el mundo del contrabando y las drogas desde que era tan solo un cachorro. Ni siquiera había aprendido a multiplicar, pero ya ayudaba a su padrastro repartiendo bolsas de marihuana y cocaína en los barrios bajos de Seúl. Su padrastro terminó por criarlo solo cuando su madre murió a causa de una sobredosis cuando el muchacho tan solo tenía 13 años de edad. Suho, su padrastro, empezó a trabajar para Choi cuando Namjoon cumplió los 15 años y lo arrastró con él dentro de una mafia sin retorno. Choi era dueño de una red clandestina de tráfico de omegas. Lideraba el tráfico de drogas y tenía a muchas personas trabajando para él. El hombre era un adicto a la heroína y al licor fuerte. Era un alfa asqueroso que pasaba gran parte de sus días en los burdeles que había colocado en las diferentes ciudades del país.
Cuando Namjoon lo conoció, el hombre le dijo que parecía un muy buen discípulo. Lo acogió y lo integró como miembro de su equipo de hombres más cercanos. Estos estaban encargados de cobrar a los repartidores de drogas, de administrar el dinero de los burdeles y de las discotecas de Choi, y de verificar la mercancía que llegaba a los burdeles, es decir, a los omegas secuestrados.
Namjoon aprendió a amar esa vida fácil de abusos y dinero fácil. Aprendió a depender de sustancias tóxicas y a ser un hombre de pocos escrúpulos.
Por eso, cuando Choi lo llamó y le indicó que se infiltraría en la casa de un malnacido que había querido salirse con la suya luego de haber huido sin pagarle a Choi, que secuestraría a su pareja y a su cachorra, a los cuales vendería luego en el mercado negro, pues realmente no dudó en obedecer a su jefe. Choi le había dicho que lo primordial era secuestrar a la cachorra, porque había conseguido una pareja de extranjeros que estaba dispuesta a pagar lo que sea por las córneas de un bebé de edad similar al suyo. Los extranjeros eran millonarios y le pagarían a Choi una suma millonaria. Y bueno, en cuanto al omega, si Namjoon también lograba secuestrarlo, Choi le había dicho que ya se les ocurriría algo. Después de todo, era bonito y podían jugar con él un rato antes de matarlo y enviarle el cuerpo al malnacido de Jeon.
Namjoon se infiltró como profesor. Para su suerte, Jeon había estado buscando un profesor para su omega y luego de sobornar a los dueños del negocio de tutorías privadas, había podido ingresar fácilmente a la casa de los Jeon. Jimin, ese era el nombre del pequeño omega rubio que llevaba en su cuello la marca del alfa Jeon Jungkook, heredero de una de las empresas más importantes del país. Jimin había sido un omega fácil desde el primer día. Era tan estúpido. Un completo idiota. Namjoon había hecho un gran esfuerzo por no burlarse en su cara cuando el niño sufría por leer de corrido en voz alta. Siempre estaba muy atento a la clase y lo trataba con mucho respeto. El pequeño omega lo miraba con admiración cuando Namjoon le enseñaba sobre gramática básica (información que había aprendido tan solo un día antes mirando videos por YouTube tras follarse a algún omega prostituto).
Choi lo había estado apurando con lo del secuestro, porque la pareja estaba desesperada por las córneas para su bebé; pero no era una misión fácil, pues el omega nunca estaba solo. A lado de este siempre estaba un omega mayor acompañándolo y los niños tampoco se quedaban solos porque tenían a dos sirvientes a su cargo. Inclusive, habían reforzado la seguridad luego de que tontamente Namjoon tratara de abrir la ventana de la habitación de la cachorra para huir por esta con la bebé. Desde entonces, la niña nunca estaba sola durante las clases de Jimin; así como todo el segundo piso había sido llenado de cámaras de seguridad. La casa estaba dentro de una residencia que tenía mucha seguridad. Era imposible salirse con las suyas dentro de ese lugar. Namjoon había empezado a frustrarse porque pasaban los meses y no podía llevar a cabo su plan maestro. Choi estaba, por otro lado, hartándose. Le había dado un ultimátum y Namjoon estaba al borde de cometer una locura cuando sucedió lo inesperado. Había logrado convencer al omega de acompañarlo a una exposición de arte sobre historietas gráficas. El pequeño omega había estado tan emocionado. Su alfa había bajado la guardia y le había autorizado que fuera. No había nada que se entrometiera en su camino.