Cinco años antes

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Soy Leila, La heredera al trono de Aspen.

Hija del rey Vicent y la reina Amanda.

Mi vida por mucho que parezca, no ha sido fácil.

Tengo solo treces años y ya soy muy consciente de ello. No ha sido difícil percibirlo.  En palacio la mayoría de  damas del servicio me ven como un bicho raro al que intentan ignorar o simplemente no quieren importunarme. Otras  murmuran a mi espalda, sus ojos las delatan. Una  vez las he escuchado, decían que no pueden creer cómo mi padre ha decido que yo sea la primera en la línea al trono, decían que por ser un chica, nunca seré capaz de tomar las riendas del reino.

Bah, eso es una tontería, mi abuela, la reina María, gobernó Aspen sola por mucho años. Me lo han enseñado en historia. Y me enorgullece saber que fue una gran reina.

Mi padre sabe que nadie confía en mí para el cargo, pero me ha dicho que solo necesito un corazón valiente  para reinar sobre nuestro pueblo. Mi madre por su parte me ha contado su historia, cómo conoció a papá y cómo  es que ha elegido mi nombre, en honor a una princesa que murió ejecutada inocentemente en un evento  llamado la vendimia.

Mi madre me la ha contado porque cree que seré una gran reina al igual que ella. Yo no lo creo así, a veces me abruman tantas responsabilidades, y las expectativas que están sobre. Mi tía Alondra, que es la directora de la escuela real, me dicho que no apresure el tiempo, que ya vendrá el momento en el que tendré que contar mi propia historia.

Hablando justamente de ella… Se encuentra dando su clase. Nos explica la historia y  la división política  de nuestros reinos hermanos. Olivia, mi prima, hija de la reina Miranda de Austin, que también es mi tía, me ve extrañada, como si intenta decirme algo urgente, pero no puede porque si lo hace, estaríamos en problemas con nuestra maestra.

Cuando la clase termina, Olivia  y yo decidimos salir al jardín trasero de la escuela a dar un paseo como descanso. Observo con detenimiento el césped del  jardín, cuando mis ojos se aferran a un chico que es nuevo para mí.  Está muy concentrado estudiando un sapo gigante, de los que me producen terror.

Es un chico muy raro digo en mi mente.

Es demasiado blanco,  pelirrojo y con muchas pecas en sus mejillas. Su vista no se desprende del anfibio que croa y saca su lengua cazando libélulas cerca de la fuente.

― ¿Quién es él?

Pregunto  a Olivia halando de su brazo. Ella se queja por mi acción y yo  sonrío  en forma de disculpa. Cuando ve al susodicho me ve exaltada.

―Él es del  reino de Zenel, un reino enemigo al nuestro.

― Entonces ¿por qué estudia con nosotros si  somos enemigos?

― Tu padre lo ha aceptado en el reino porque quiere firmar la paz con Zenel.

― Es un príncipe muy raro.

Digo con una sonrisilla y Olivia abre sus ojos  regañándome.

― Oh no, Él no es un príncipe, Él ya es un rey.

La sonrisilla desaparece de mi rostro y giro a verlo de nuevo. Él ya no está ahí. Se ha marchado.
Tuve compasión de él, se había convertido en rey siendo tan joven, me puse en sus zapatos y solo de pensarlo me dio escalofríos.

― No te acerques a él.

Me aconseja Olivia como mi prima mayor que es, llevándome con prisa de vuelta al salón.
Giro a ver hacia atrás y él está tras unos arbustos de moras azules.

Nuestros ojos se encuentran y colisionan como una explosión de cometas. Sus ojos también azules  me ven sin expresión. Regreso mi vista al frente como si nada ha pasado y entro al salón.

Días después, ya no asistió nunca a la escuela. Esa fue la primera vez que lo vi y siempre lo recordaré. Porque  nuestros caminos se encontrarían en el día presente, cuando llegó  el momento de contar mi propia historia. Cuando   fui secuestrada por el enemigo de mi padre y me reencontré con el chico de las pecas que aún seguía observando anfibios…

La HerederaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora