― ¡Corre, corre!
Gritaba Kristal a gran velocidad en las calles de Zenel, nocturnas y azotadas por un viento helado. Recién habíamos salido de la mirada intuitiva de los guardas que nos habían dado el paso libre. Mi pantalón de soldado me hacía ágil y ligera en la carrera por nuestras vidas. Aun así, Kristal había sido más rápida y sacó ventaja unos metros delante de mí. Al verme en la retaguardia; gritó con desesperación exigiendo que corriese tan rápido como ella lo hacía.
En ese momento de confusión, giré a ver el palacio de Zenel. Era Iluminado como un poderoso gigante y caí en cuenta que me había encargado de encender una llama lo demasiado fuerte para quemarme en el camino de mi nueva vida como fugitiva. Porque efectivamente, de princesa heredera había pasado a ser una prisionera, y de prisionera a una fugitiva en un reino desconocido. Y mis miedos que habían desaparecido se aferraron de nuevo en mi pecho.
Cuando estuvimos lo suficientemente lejos del peligro, atravesamos uno de los tantos callejones sin luz cuando un hombre emergió de las sombras. Ambas nos asustamos y quedamos frente a frente con el hombre desconocido. Su rostro escondido entre mantas se unía misterioso a las sombras y solo sus ojos brillaban débiles en contraste con la poca luz de la luna.
― ¿Hacia dónde creen que van?
Sus manos sutilmente quitaron la manta que ocultaba su rostro, que gastado con profunda tristeza dibujó una sonrisa de lado, como quien encuentra diversión... No supe cómo reaccionar. Kristal en cambio, rio tan fuerte que su carcajada resonó en todo el callejón, lo cual hizo que un gato que dormía entre la basura corriese asustado.
No sabía qué estaba sucediendo con exactitud.
― ¿Edward, eres tú? Me asusté tanto.
― ¿Edward?
Pregunté al verme excluida de la conversación. El hombre era de un cabello rizado Azabache, tan oscuro como la noche. Kristal lo vio y le dijo que se presentara él mismo. El hombre agachó su cabeza y luego dirigió a mí su mirada.
― Me presento alteza, mi nombre es Edward, cuñado de Luke.
Me había llamado alteza.
― Soy hermano de Eloise, esposa de Luke, he venido para acompañarlas hasta la aldea.
― Ellos viven en una aldea cerca del bosque. Luke prefirió que la resguardemos allá, cuando el rey se dé cuenta que usted ha huido, no sabemos lo que es capaz de hacer.
Explicó Kristal viéndome condescendientemente.
― Sí sabemos lo que es capaz de hacer, así que mejor démonos prisa.
Corrigió Edward.
Las mil y un formas de reacción del rey Friedrich me hicieron sentir escalofríos. Era realmente perturbador lo que un hombre como él era capaz de hacer. Su poder y maldad no tenía límites.
Había una verdad poderosa en todo lo acontecido y es que el universo sabrá cuando ponerte a las personas indicadas en el lugar indicado. La vida es así, sencilla y complicada a la vez. Pero aun en esa complicación, debes mantener tu rostro alzado viendo la luz. Y justo de esa manera en senderos en las afueras de los muros del reino, más allá del manantial y de campos floreados, se escondía una aldea:
La aldea Esmeralda.
El reino de Zenel había centralizado su poder dentro de los muros. Sin embargo, en sus afueras había aldeas, y eran estas aldeas los inicios del reino. La aldea Esmeralda era un poblado olvidado y la más cercana al bosque de los misterios.
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La Heredera
RomanceLa princesa Leila de Aspen nunca imaginó ser raptada el día de su cumpleaños número dieciocho, por el enemigo de su padre, el rey Friedrich. Durante el rapto reconoce a un hombre de su pasado en la Escuela Real. Ese hombre no es nada más ni nada m...
