Me había adaptado bien a la vida en la aldea. Después del cambio en mi cabellera, sentí en mí un renacer. Una forma diferente de verme a mí misma. Todo era parte de mi preparación para el camino que faltaba recorrer. Porque debía ser fuerte y resiliente como el fuego.Recuerdo esa tarde, la brisa fresca golpeando mi rostro bajo el almendro. Contemplaba las rocas coloridas a la orilla de un riachuelo que atravesaba el centro de la aldea. Edward cortaba leña con un hacha. Lo hacía de la manera más lenta posible, todo el día se había dedicado a ello así que estaba agotado. Eloise cosía concentrada un vestido de niña a mi lado.
— ¿Alguna vez has contemplado ser madre?
Eloise preguntó sin perder la atención a la costura del pequeño vestido. Y la verdad era que nunca me había planteado la maternidad. Así que negué. Ella pareció entenderlo y yo la entendí a ella. Había ilusión en su mirada de mujer.
— Eso es porque no estás casada. No estás enamorada de un hombre al que quieres hacer feliz sobre todas las cosas. No has conocido el deseo de tener un fruto de tu amor con tu pareja. Luke y yo lo hemos deseado por años pero no ha sucedido. Y a veces siento que es mu culpa.
— Eloise, he aprendido que las cosas pasan por algo y si aún no les sucedido es porque no es el momento. Pero cuando ese día llegue serán la pareja más feliz del mundo y sé que también serán los mejores padres.
Ella suspiró aún más ilusionada cuando mencioné que serían los mejores padres. Y no era algo que dijera a la ligera, en realidad lo creía de esa manera.
La noche empezaba a llegar. Edward cargaba la leña sobre su espalda, Eloise y yo íbamos de camino a casa cuando se escuchó una algarabía en la entrada de la aldea. Era el sonido del trotar de caballos.
Los aldeanos corrían alarmados a encerrarse en sus casas. Los más ancianos no se inmutaban viendo los caballos imponentes entrar. Porque estaban allí.
El ejército de Zenel había invadido la Aldea. Estaban allí por mí.
Sin embargo, no me reconocerían con mi cambio. La aldea conocía el plan, para ellos yo era de la familia de Eloise y Luke. Y no habría problemas, o eso creímos todos...
Un caballo negro que se unía con la oscuridad de la noche ya entrada se dirigía a prisa hacia nosotros. Pero no vestía el uniforme de los soldados de Zenel. Aún en medio de la oscuridad reconocí su figura y sentí una emoción muy en mi interior. No pude descifrarla. Solo sentí mi corazón palpitar más rápido.
Era Raffael.
Era el hombre que buscaba recuperar su trono. Por las noches, antes de dormir recordaba que este también era su plan, que estábamos juntos en ello. Y que no quería ser cobarde, no cuando él también estaba arriesgando tanto.
Corrí a su encuentro.
Mi vestido era liviano así que corrí lo más rápido posible. Eloise y Edward solo observaron la escena y se quedaron atrás.
Raffael bajó del caballo y quedamos frente a frente. Yo jadeante y el sombrío. No me importó nada, me abalanceé sobre él y lo abracé como si no hubiese mañana. Era el primero al que había conocido en Zenel, quien me había ofrecido ayuda y gracias a él, no estaba en el palacio de Friedrich como su esposa.
Raffael ni siquiera intentó separarse. No se movió, quedó estático ante mi abrazo. unos segundos después, él también me rodeó con sus brazos. Y nos quedamos ahí. Sin nada más que decir solo sintiendo nuestros corazones latir.
No obstante, fue él quien se separó primero. Me vio a los ojos y me dijo la primera de las malas noticias.
— Luke fue arrestado porque se comprobó que te ayudó a escapar.
Eloise tras de mí también escuchó las palabras de Raffael.
— ¡Dime que no es cierto!
Exclamó con lágrimas.
— Por eso vengo por ti. Si no te entrego, Luke será sentenciado para morir en la horca por traición al rey.
Caí de rodillas sin palabras y también con lágrimas. Eloise tras de mí, tomó mi mano. Sabía que con ello, me estaba suplicando que no hiciera más difícil las cosas. Que con mi sacrificio, Luke no moriría.
Yo no podía ser injusta. No podía anteponer mi vida sobre la de inocentes que solo buscaban ayudarme. Debía enfrentarme de nuevo ante Friedrich si eso salvaba la vida de Luke.
—Está bien. Iré para salvar a Luke.
Anuncié para todos.
— Tendrás al amor de tu vida de vuelta.
Dije a Eloise.
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La Heredera
RomansLa princesa Leila de Aspen nunca imaginó ser raptada el día de su cumpleaños número dieciocho, por el enemigo de su padre, el rey Friedrich. Durante el rapto reconoce a un hombre de su pasado en la Escuela Real. Ese hombre no es nada más ni nada m...