Reino de Aspen, día presente.
Leila
― Qué maravilla de hija que les ha dado la vida. Es hermosísima, seguro se casará con un príncipe muy apuesto.
La tía Alondra decía a mis padres mientras los tres salían de mi habitación conversando amenamente. Al fin tenía un respiro a solas. No había tenido ni un momento de descanso desde hacía semanas. Cuanto más crecía, ser una princesa no estaba siendo una dicha. Era todo, menos eso.
Me vi frente al espejo. Mi rostro pálido combinaba con el color vino de mi vestido. La tiara dorada que llevaba puesta me daba cierto dolor en el estómago, solo me recordaba mi futuro.
― Leila, aquí estás.
Una mujer joven rubia y elegante entró sin pedir permiso. Aunque, ella no lo necesitaba, era de la familia.
― ¡Mi prima favorita!
― En realidad soy la única prima que tienes.
― Tú siempre arruinando el momento, yo solo quiero mostrarte mi cariño después de tanto tiempo sin vernos.
Olivia me abrazó fuertemente. Vaya que si le gustaba mostrarse su empalagosa. Olivia era la mujer más hermosa que mis ojos habían visto, sin mentir, era una escultura andante. Rubia guapa, perfeccionista, alegre y agradable ante todos.
― Todo el mundo está esperando a la heredera.
Olivia se separó lentamente mientras arreglaba un mechón rebelde de mi cabello.
― Ya te he dicho que no me gusta que me llamen de esa forma.
― Pero es lo que eres, no puedes negarlo ni cambiarlo.
― Me cuesta aceptarlo, estar todo el tiempo ahogada en responsabilidades, que normas para esto, reglas para lo otro, es tan sofocante.
Un suspiro intentando relajarme abandono mis labios.
Ella intentó tranquilizarme.― Calma prima mía que hoy solo es el inicio de tu vida adulta, ya tendrás tiempo de aprender en el camino. Mientras concéntrate en la fiesta. Hay unos príncipes atractivos allá abajo, quizá uno de ellos te fleche esta noche.
Negué riendo. Olivia no tenía reparo tampoco discreción. Ella hacía ver fácil ser una princesa heredera. A pesar de ser adoptada, era considerada princesa legítima de Austin y al ser hija única, también era heredera al trono de su reino. Era cuatro años mayor y según decía, no se casaría hasta que llegara un hombre digno a su vida, yo opinaba igual, así que el matrimonio no me preocupaba.
― Es hora de su entrada princesa.
La encargada del protocolo apareció asomando su cabeza por la puerta que mi prima había dejado abierta.
― Gracias Roset.
Ella sonrió y salió de nuevo. Era una mujer siempre en movimiento y ocupada con las obligaciones asignadas en el palacio.
― Bien, vamos.
Arreglé mi vestido que debía estar impecable. Olivia me ayudó con lo pomposo que era y salimos de la habitación, ella emocionada de las expresiones de los invitados y yo nerviosa de ser el centro de atención, ese día más que nunca sería el objetivo de mis detractores como heredera.
Al asomarme a las escaleras principales del interior de palacio por la cual tendría que hacer mi “entrada triunfal”. Vi a la multitud en vestidos y trajes elegantes. Todos expectantes a mi llegada. En el pasamano de los escalones había flores, todas en tonos rosas que decoraban y hacían una combinación perfecta con el vino de mi vestido.
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La Heredera
RomanceLa princesa Leila de Aspen nunca imaginó ser raptada el día de su cumpleaños número dieciocho, por el enemigo de su padre, el rey Friedrich. Durante el rapto reconoce a un hombre de su pasado en la Escuela Real. Ese hombre no es nada más ni nada m...