Los párpados de Cale revolotearon con suavidad, una señal inconfundible de que la conciencia regresaba a su cuerpo y estaba a punto de despertar por completo. Al abrir los ojos lentamente, una corriente helada le recorrió la espalda, haciéndolo estremecerse sin querer; frunció el ceño al instante, pues la primera imagen que sus ojos encontraron fue la figura de Kim, que lo observaba con fijeza y una expresión difícil de descifrar.
-¿Mmm? -murmuró Cale, todavía entre la bruma del descanso y la confusión.
-¡Puff! -Kim tuvo que apretar los labios con fuerza para contener una risa que amenazaba con escapar.
Esa reacción hizo que el ceño de Cale se frunciera aún más, marcando claramente su desagrado.
-Maldito bastardo... -gruñó con voz ronca, cargada de una molestia que no era real, sino más bien una costumbre entre ellos.
Kim lo miró con tranquilidad, sin ofenderse en absoluto, y respondió con naturalidad:
-Tú eres un bastardo que siempre se sacrifica por los demás.
Cale entrecerró los ojos, sintiendo que aquellas palabras eran demasiado ciertas para su gusto.
-Y tú eres exactamente igual -replicó con firmeza.
Kim simplemente asintió con la cabeza, totalmente de acuerdo con esa afirmación, como si reconocerlo fuera algo obvio y sin importancia.
Me alegra ver que ambos ya están despiertos y recuperados, resonó una voz serena y melodiosa que llenó todo el espacio.
Ambos jóvenes de cabello rojo volvieron la mirada al frente al mismo tiempo. Allí, en la entrada de la habitación, apareció una joven cuya presencia llamaba inmediatamente la atención: su cabello largo estaba dividido en dos mitades perfectas, una negra como la noche y la otra plateada, y sus ojos eran igualmente extraños y hermosos, uno de color rojo como la sangre y el otro de un azul profundo.
Soy Estela, se presentó con calma, sin añadir títulos ni explicaciones innecesarias.
-Mmm... -Kim la observó con curiosidad, y un tono juguetón se filtró en su voz al preguntar-: ¿Eres acaso una clase de dios?
Cale también la miraba con interés, esperando la respuesta, pues la energía que emanaba de ella era distinta a cualquier cosa que hubiera sentido antes.
¡Jajaja! Por favor, no me compares ni me metas en el mismo grupo que a esos seres insignificantes y molestos, respondió ella con una risa ligera y un tono que denotaba desprecio hacia lo que mencionaba.
Ambos jóvenes se miraron entre sí, confundidos por aquellas palabras y la actitud tan particular de la mujer.
El tiempo de descanso está por terminar pronto. Será mejor que bajen ahora mismo, indicó ella, cambiando de tema con naturalidad.
Cale asintió en silencio y se levantó de la cama con movimientos lentos pero seguros; Kim lo siguió de inmediato. Al abrir la puerta de la habitación, ambos fruncieron levemente el ceño: el lugar donde se encontraban estaba situado a una altura considerable, sin escaleras ni caminos visibles que los conectaran con el piso inferior donde estaban los demás.
-¿Tendré que usar el Sonido del Viento para bajar? -murmuró Cale para sí mismo, evaluando la situación.
Kim pensaba exactamente lo mismo, analizando la distancia y el esfuerzo que supondría descender de esa manera. Pero antes de que pudieran hacer ningún movimiento, Estela aplaudió una sola vez. Al instante, una escalera amplia y sólida se materializó ante ellos, extendiéndose hasta el suelo. Cale sonrió con satisfacción y comenzó a bajar, seguido muy de cerca por Kim; ambos caminaban con paso relajado y tranquilo, como si no hubieran tenido ningún contratiempo.
En cuanto los vio aparecer, Raon batió sus alas con fuerza y salió volando a toda velocidad hacia ellos, lleno de energía.
-¡Humano! ¡Humano! -gritaba con alegría, llamando la atención de todos.
Cale frunció el ceño ante ese alboroto, viendo cómo el pequeño dragón se acercaba cada vez más rápido y con una intensidad que lo abrumaba un poco.
-¿Qué pasa ahora? -preguntó con calma, aunque con cierta resignación en la voz.
Al escuchar su voz, Raon aceleró aún más el vuelo, casi rozando su cabeza con entusiasmo. Kim observaba la escena con curiosidad, divertido por la interacción.
Humano...
-¿Humm? -Kim parpadeó un par de veces, confundido, y miró a su alrededor buscando quién había hablado, pero no vio a nadie cerca que hubiera abierto la boca.
Soy yo, el poderoso dragón negro, volvió a sonar la voz, esta vez más clara, aunque todavía cargada de cierta cautela.
-¡Oh! -exclamó Kim, abriendo mucho los ojos al comprender de dónde provenía aquella voz joven y orgullosa.
Ambos jóvenes regresaron a sus lugares asignados entre la multitud. Al llegar a su asiento, Kim frunció el ceño con evidente descontento: su tarro de galletas, ese que había tomado prestado anteriormente, estaba completamente vacío. Se sentó con un aire de ligera molestia, pero en cuanto se acomodó, sintió un peso suave y cálido sobre sus piernas: el pequeño dragón negro se había acomodado allí por su propia cuenta. Sin darse cuenta, Kim comenzó a acariciar su cabeza y su lomo con movimientos rítmicos y tranquilizadores.
-¡Nya~!
-¡Nyaa~!
Los dos niños gato, On y Hong, se acercaron corriendo y se acomodaron también cerca de él, frotándose contra sus brazos y piernas buscando cariño. La sonrisa de Kim se amplió aún más, borrando por completo el mal humor por la falta de comida.
Eruhaben observaba todo desde su sitio, soltando una risa entre dientes al ver esa contradicción: el joven parecía molesto por el tarro vacío, pero al mismo tiempo irradiaba felicidad mientras acariciaba a los pequeños. Fredo también sonreía, divirtiéndose con la misma escena.
Mientras tanto, Cale se sentó en su lugar. Lanzó una mirada rápida y discreta hacia Kim antes de volver su atención a Raon, que seguía volando en círculos a su alrededor, incapaz de quedarse quieto.
-¡Humano! ¡Hay otro igual a mí! -anunció Raon con gran energía-. ¡Y es más pequeño y más joven que yo!
-Sí, sí, ya lo veo -respondió Cale con calma, asintiendo con la cabeza, aunque en el fondo pensaba que eso significaba todavía más alboroto.
Poco después, Ron se acercó con elegancia y le entregó una taza de té caliente y aromático, mientras Beacrox ponía a su lado un plato con galletas recién hechas.
En cuanto Kim vio aquellas galletas, su ceño se frunció levemente de nuevo, con esa expresión de envidia infantil y molesta que tanto lo caracterizaba. Fredo volvió a reír entre dientes, disfrutando enormemente de ver cómo el joven se enfurruñaba solo por un plato de dulces.
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¿el final? (TBOH React To TCF)
FanfictionCale descansaba cómodamente en su cama... De repente fue llevado a la dimensión del Dios de la muerte que lo veía domir plácidamente para previo despertarlo... ¿Porque fue llamado cale? ¿Acaso algo más inpedia su gran vida holgazana?
