Cale observaba desde lejos lo que ocurría, pero sin prestarle verdadera atención; todo aquello le parecía ajeno y sin importancia.
No es mi problema, pensó con absoluta indiferencia.
Recorrió con la mirada el lugar y notó que muchas personas se habían puesto de pie, especialmente quienes pertenecían al lado de TBOH. Sin embargo, lo que más llamó su interés en ese momento fue la amplia y cómoda cama sobre la que había descansado anteriormente.
De pronto, el viento comenzó a arremolinarse suavemente bajo sus pies, y en un movimiento ágil y sincronizado, dos pequeñas criaturas felinas saltaron hasta posarse con seguridad entre sus brazos.
—¡Humano! ¡Nosotros también vamos contigo! —exclamó Raon con entusiasmo.
—¡Sí, nya~! —asintió Hong con voz alegre.
On movió la cabeza en señal de acuerdo, y Cale simplemente se encogió de hombros, aceptando su compañía sin oponer resistencia. En cuestión de segundos llegaron a la habitación de descanso; la puerta se abrió ante ellos sin necesidad de hacer algo, y en cuanto entraron, Cale se recostó sobre el colchón suave junto a los tres pequeños, dispuesto a disfrutar de un momento de tranquilidad.
Mientras tanto, Ron, Choi Han y Beacrox también se levantaron de sus asientos y se dirigieron hacia la zona donde se desarrollaría la llamada “batalla”. Tanto Ron como Beacrox sentían una gran curiosidad por conocer mejor al otro joven maestro y por observar cómo actuaban quienes lo acompañaban; al ver que parecían más débiles en apariencia, ambos podían intuir que ocultaban una fuerza que no se veía a simple vista. Por su parte, Eruhaben y Rosalyn decidieron quedarse en la sala principal, acompañando al príncipe heredero Alberu.
En la zona de entrenamiento, Kim caminaba con total calma y sin preocupaciones, como si estuviera paseando por un lugar familiar. El recinto se había llenado rápidamente de espectadores; todos habían ocupado los asientos con prisa, ansiosos por no perderse ni un detalle de lo que sucedería.
Los líderes de cada reino, territorio y raza intercambiaban miradas llenas de interrogantes. ¿Qué tan fuerte podía ser aquella joven de cabello rubio para atreverse a enfrentarse a Bud, conocido como el rey mercenario, un hombre de renombre y poder indiscutible? La curiosidad los había ganado por completo. Además, querían evaluar la capacidad de quien solo era una subordinada del “joven maestro Cale Henituse” de su propia dimensión; con esa información, podrían formarse una idea más clara de la verdadera fuerza que respaldaba a Kim.
Kim, que parecía leer sus pensamientos sin dificultad, no dijo ni una sola palabra. Al fin y al cabo, eran ellos quienes estaban malinterpretando la situación desde el principio. Se sentó en un lugar despejado y, al levantar la vista, notó que Ron, Beacrox y Choi Han del lado de TCF también habían llegado para observar el encuentro.
—Joven maestro Cale.
Al escuchar esa voz, Kim frunció el ceño de inmediato. Una expresión de claro disgusto apareció en su rostro, y al girarse, todas las personas que lo acompañaban hicieron lo mismo al unísono. Frente a él estaba Alberu, el príncipe heredero, con una sonrisa tan brillante que parecía querer iluminar toda la sala. Esa actitud, por el momento, solo lograba irritarlo un poco, aunque respondió con cortesía distante.
—Saludos al futuro sol del Reino de Roan.
Alberu contuvo un suspiro casi imperceptible. Tenía frente a sí a Cale Henituse, la única persona que podía cambiar el destino de su mundo y liberarlo de tantas amenazas y dificultades.
Esto va a ser más difícil de lo que esperaba, pensó con resignación.
Sabía que entablar una buena relación con aquel joven no sería tarea sencilla. No era que no comprendiera las razones; a su lado tenía a quienes en el pasado lo habían golpeado hasta dejarlo casi muerto, a quienes lo habían abandonado a su suerte en momentos críticos y a otros que lo habían mirado con desprecio tras escuchar solo una versión parcial de los hechos, especialmente la que contaba Choi Han. Aun así, el príncipe reunió toda su compostura y esbozó la sonrisa más amable y relajada que pudo.
—Joven maestro Cale, no hace falta ser tan formal entre nosotros.
—Yo creo que sí, alteza —respondió Kim con firmeza, dejando muy claro que no tenía intención de acercarse ni de entablar una confianza especial con él ni con su grupo.
Alberu desvió la mirada hacia quienes se encontraban detrás de Kim: un elfo de cabello dorado y ojos del mismo color, cuya presencia irradiaba una elegancia y fuerza poco comunes; un hombre de cabello grisáceo largo y ojos de un púrpura intenso; también estaban los dos jóvenes rubios, el santo y la santa doncella, cubiertos por tunicas blancas, y finalmente Mary, la nigromante, que sostenía con suavidad pero firmeza la ropa del joven como si buscara protección. Alberu ya había oído hablar de ella a través de su tía Tasha; también sabía que Kim debía conocer su verdadera identidad, por lo que le sorprendió gratamente ver que no mostraba rechazo ni temor alguno por tratarse de una “existencia maldita”. A pesar de todo, el príncipe mantuvo su sonrisa cálida y perseverante.
—Joven maestro Cale —retomó con suavidad pero con determinación—, me gustaría tener una charla privada con usted.
Kim frunció el ceño de nuevo, y su rostro mostró sin reservas el claro disgusto que le provocaba aquella propuesta.
—Mmm… creo que no hay nada de lo que debamos hablar —respondió con indiferencia, cortando cualquier posibilidad de diálogo antes de que pudiera avanzar.
—Joven maestro, solo queremos intercambiar algunas palabras sin compromisos —insistió Alberu sin rendirse ante la frialdad del otro—. Le aseguro que su seguridad estará totalmente garantizada mientras estemos aquí.
Pero esa insistencia solo logró avivar la irritación que comenzaba a crecer en el interior de Kim. En ese mismo instante, en el centro de la sala, el ambiente se volvía cada vez más tenso: la lucha entre Hanna y Bud estaba a punto de dar comienzo. Al notar la creciente molestia reflejada en el rostro de Kim, Fredo frunció levemente el ceño y dio un paso al frente, interponiéndose entre ellos con una postura imponente.
—Creo que mi hijo ya ha dejado claro que no desea hablar con ustedes —intervino con voz profunda y cargada de autoridad, sin dejar lugar a réplicas.
Al escuchar esas palabras, Kim frunció un poco más el ceño, aunque ese gesto tan sutil y breve pasó totalmente desapercibido para todos los presentes.
Tasha dio un paso adelante, con voz suave pero respetuosa, y se dirigió directamente a él:
—Joven maestro, ¿me permitiría hablar un momento con la señorita Mary?
En cuanto escuchó la petición, la mirada de Kim se volvió aguda y vigilante. Volvió la vista hacia la mujer que estaba al lado del príncipe Alberu y, sin dudarlo ni un segundo, se colocó de inmediato delante de Mary, cubriéndola con su propio cuerpo como si fuera un escudo impenetrable. Sus ojos recorrieron cada detalle de la figura de Tasha, evaluando sus intenciones, su energía y hasta el más mínimo movimiento que pudiera revelar peligro. Por su parte, Tasha le devolvió una mirada cálida y serena, intentando transmitir confianza.
—Soy pariente de la señorita Mary —explicó con calma—. No tiene motivo para preocuparse, joven maestro.
—¡Vaya!
Un sonido de genuina sorpresa escapó de los labios de Fredo. El vampiro miró a Tasha con una sonrisa amplia y amistosa, pero al verlo, la elfa oscura sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda. No era solo por la intensidad de su mirada, sino por los afilados colmillos que asomaban ligeramente entre sus labios, un recordatorio claro de su verdadera naturaleza y del inmenso poder que albergaba.
Kim observó a Tasha unos segundos más, sopesando la situación con detenimiento, y luego dio un paso hacia ella. Esa acción inesperada sorprendió a todos los que estaban cerca, pero él no se detuvo: siguió caminando hasta quedar a una distancia tan corta que solo ellos podrían escucharse. Se inclinó levemente y susurró con una voz baja, tranquila, pero cargada de una advertencia que helaba la sangre:
—Elfa oscura… no intentes nada con Mary. Es una niña muy dulce que ya ha sufrido bastante, ¿lo sabes? Y si se te ocurre hacerle daño o usarla para algún propósito oculto, te aseguro que no me quedaré de brazos cruzados.
Tanto Tasha como Alberu se estremecieron ante esas palabras. La advertencia no venía acompañada de gritos ni amenazas exageradas, pero su firmeza dejaba muy claro que no eran palabras vacías. Mientras ellos permanecían en silencio, procesando el mensaje, Kim se enderezó y regresó a su lugar con una sonrisa relajada en el rostro. Solo Eruhaben y Fredo, que tenían un oído extremadamente agudo, captaron cada sílaba; ambos intercambiaron una mirada y respondieron con una sonrisa de aprobación.
—Mary —preguntó Kim, suavizando por completo el tono de voz—, ¿quieres ir con ella y hablar un rato?
Mary miró fijamente a Tasha durante unos segundos, buscando en sus ojos cualquier señal de malicia, y al no encontrarla, asintió con calma. Kim observó cómo ella caminaba con paso seguro y tranquilo hasta colocarse junto a Tasha, sin mostrar el más mínimo temor.
—Muy bien —añadió él con firmeza—. Avísame si pasa algo, y estaré ahí en un instante.
Estaba a punto de darse la vuelta y marcharse sin siquiera despedirse de Alberu y su grupo, cuando el príncipe lo llamó de nuevo. La mente de Alberu era un verdadero caos en ese momento, pero sabía que no podía dejarlo ir sin intentar avanzar en su propósito; no quería que otro líder o reino se le adelantara.
—Joven maestro Cale —insistió.
Kim frunció el ceño de inmediato, y su expresión dejó ver claramente que su irritación iba en aumento. Lo miró con desgano, pero se detuvo al ver que Alberu sacaba dos objetos de entre sus ropas.
—¿Qué pasa? —dejó escapar sin darse cuenta, con tono de confusión.
El príncipe tenía en una mano una placa dorada de aspecto elegante y, en la otra, un tarro de cerámica lleno de galletas recién hechas. Ni siquiera Alberu entendía muy bien cómo esos objetos habían llegado hasta allí con él, pero reunió toda su compostura y les dedicó la sonrisa más amable y brillante que pudo.
Espero que esto funcione, pensó con esperanza.
—¿Qué le parecería si hacemos un trato? —propuso.
Kim clavó la mirada en ambos objetos. En ese instante recordó que no tenía nada para comer mientras observara la pelea que estaba a punto de comenzar. De pronto, en su rostro apareció esa misma sonrisa astuta y calculadora que solía usar Cale cuando se disponía a engañar a alguien para sacar provecho. Alberu sintió un escalofrío recorrerle la espalda al ver esa expresión, entendiendo de inmediato que acababa de entrar en un terreno peligroso.
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¿el final? (TBOH React To TCF)
Fiksi PenggemarCale descansaba cómodamente en su cama... De repente fue llevado a la dimensión del Dios de la muerte que lo veía domir plácidamente para previo despertarlo... ¿Porque fue llamado cale? ¿Acaso algo más inpedia su gran vida holgazana?
