Lo Recogí... Pero (2)

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-Señora Voz Estela, ¿podría facilitarnos una habitación cerrada y completamente insonorizada? -pidió Kim con calma, pero con un tono que no admitía negativas.

Al instante, una puerta sólida y sin adornos apareció en el centro de la sala, brillando levemente antes de estabilizarse. Con pasos ligeros y decididos, Kim se dirigió hacia ella, y antes de cruzar el umbral, lanzó una mirada a todos los que lo seguían.

-Aaah... -suspiró con resignación, mientras sus ojos recorrían el grupo que se había reunido: Bud, acompañado de su amigo Glen; el príncipe heredero, que intentaba sin éxito impedir que sus propios compañeros se acercaran demasiado; y también los miembros de su propio círculo, atentos a cada movimiento.

-Solo entrarán su alteza, el rey mercenario Bud y yo -anunció con firmeza-. El resto deberá esperar fuera.

Recorrió con la mirada a todos los presentes, sin excluir a nadie, y en el momento en que sus ojos se cruzaron con los de Cale, que lo observaba con una expresión inquisitiva y calculadora, dibujó sigilosamente una sonrisa astuta. Sin añadir una sola palabra más, cruzó la puerta, seguido de cerca por Bud y, en último lugar, por el príncipe heredero Alberu.

Una vez dentro, Kim eligió el asiento más amplio y cómodo, situado al otro extremo de una mesa grande que dividía el espacio. Hizo un gesto con la mano para invitar a sus dos acompañantes a tomar asiento frente a él.

Ambos obedecieron sin vacilar, pero en cuanto se sentaron, fijaron toda su atención en el joven, esperando impacientes que comenzara a revelar la información importante que los había llevado hasta allí.

Tap... tap... tap...

Kim golpeaba suavemente la superficie de la mesa con la yema de los dedos, como si estuviera ordenando sus pensamientos. Poco a poco, su expresión se tornó más seria, hasta que frunció el ceño con fuerza y dejó escapar una voz cargada de frialdad y autoridad que heló el ambiente:

-¡Oye, Dios bastardo! Sé perfectamente que me estás escuchando. Quiero hacer un trato contigo.

Tanto Alberu como Bud se quedaron paralizados, intercambiando miradas llenas de confusión y sorpresa. No entendían a quién se dirigía ni cómo era posible que alguien pudiera invocar de esa forma a una entidad divina.

-No pienso ayudarte en nada si no te dignas a responder -añadió Kim con tono molesto, cruzándose de brazos y recostándose en el respaldo de la silla con aire desafiante.

Pasaron unos minutos en un silencio absoluto, roto solo por la respiración contenida de los dos espectadores. Alberu abrió la boca, a punto de hacer una pregunta, cuando una voz profunda, antigua y resonante pareció surgir de todas partes y de ninguna a la vez, llenando cada rincón de la habitación:

-¡Hijo mío! Dime qué puedo hacer por ti.

En cuanto escuchó esas palabras, una sonrisa de satisfacción se dibujó en los labios de Kim. Se trataba del Dios de la Muerte, que hasta ese momento había permanecido en un silencio absoluto.

Kim entrecerró los ojos, y comenzó a hablar en su mente evitando que alberu y bud pudieran escuchar la conversación:

-Ese pequeño dragón ha muerto en nuestro mundo, ¿verdad? Y los niños gato también están condenados a morir pronto, ¿no es así?

Un silencio pesado y opresivo fue la única respuesta. La divinidad no pronunció ni una sola palabra, y esa falta de confirmación fue suficiente para que Kim frunciera el ceño con mayor intensidad.

-Te propongo esto -continuó, firme y sin titubear-: dejaré todos mis recuerdos, incluidos los de este momento y todo lo que he vivido aquí, en mi yo más joven. A cambio, tienes que traer a los tres de vuelta con vida. No aceptaré menos.

¿el final? (TBOH React To TCF)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora