DIEZ
MARECK
La cuenta regresiva me alcanzó mientras estaba solo en la terraza, con los codos apoyados sobre la baranda fría y la vista clavada en las luces de la ciudad. No sé por qué me quedé ahí en lugar de unirme al brindis, o de acercarme a Ayla como había querido desde que llegó. Supongo que una parte de mí sabía que algo iba a pasar... y preferí no estar.
¡5! ¡4! ¡3! ¡2! ¡1!
Gritos, abrazos, risas, música.
Mi copa seguía intacta en la mano. Escuché un alboroto más fuerte dentro de la casa, una mezcla de aplausos y vítores, voltee para ver lo que pasaba adentro pero un segundo de tensión en el aire se sintió, mi pecho se apretó al ver que Cole le estaba dando un beso a Ayla, mis piernas reaccionaron tan rápido, jamás había salido de un lugar con tanta velocidad,
«¿Qué hiciste, cabrón?»
Volteé de reojo hacia Cole, que sonreía como si el año nuevo le perteneciera, como si nada nunca fuera su culpa. Y por primera vez en mucho tiempo, no supe quién era él para mí.
Ese no es el amigo que alguna vez sentí como un hermano.
Me salí de ahí respirando hondo mientras los fuegos artificiales comenzaban a llenar el cielo y a vaciar mi pecho.
Ayla
Enero, Inicio del año
El primer viernes del año, El Oso Negro estuvo lleno desde temprano, la fila daba vuelta a la esquina y, por primera vez desde que abrimos, la gente pedía reservar con días de anticipación, el éxito de Ramé era innegable.
A Cole le encantaba estar en el centro, saludar al público, tomarse fotos, en cambio, Mareck siempre se escabullía con alguna excusa para irse antes, y yo... lo notaba, no era solo la forma en la que evitaba mis miradas, también ese "hola" cordial que dolía más que cualquier indiferencia.
Una noche entre semana, después del cierre
—¿Estás bien? —me preguntó Cole mientras pasaba el trapo por una de las mesas.
—Estoy cansada, eso es todo —mentí, sin atreverme a mirarlo a los ojos.
No podía decirle que echaba de menos a Mareck. No después de todo lo que Cole ha hecho por estar presente, por cuidarme, por hacerme reír cuando todo me sobrepasa.
Febrero, con silencios y rutina
Durante semanas, Mareck solo me habló lo justo, una tarde, mientras me ayudaban a acomodar las cajas en el almacén, nuestras manos se rozaron, sentí ese golpe eléctrico que solo él me provoca.
—¿Todo bien? —le pregunté en voz baja.
—Sí —respondió sin verme a la cara—. Solo tengo mucho trabajo.
Pero yo lo sabía, no era distracción, era protección, pero, ¿de qué?.
Esa noche, mientras Cole me esperaba afuera para llevarme a casa, vi cómo Mareck me miraba desde lejos, nuestra mirada se sostuvo un segundo más de lo permitido... y luego, como siempre, él bajó la vista.
Últimos días de febrero, Cuentas y dudas
Mike llegó con una sonrisa y dos cafés.
—Buenas noticias, el contador dice que todo está en orden —me dijo.
Pero algo en mí sabía que no lo estaba, llevaba semanas revisando los números, y algo no cuadraba. Cada vez que intentaba hacer sentido de las cuentas, sentía que estaba perdiendo el control de todo, pensé incluso en pedirle ayuda a Austin... pero no. Él era parte de un pasado al que no quería volver.
