𝐗𝐗𝐈𝐈𝐈. 𝙎𝙪 𝘼𝙡𝙩𝙚𝙯𝙖 𝙄𝙢𝙥𝙚𝙧𝙞𝙖𝙡

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Los distintos salones del palacio imperial se fueron llenando de altas personalidades e invitados, que, luciendo sus mejores galas, habían acudido al banquete de esponsales. La gran mesa presentaba un aspecto maravilloso: la más elegante y costosa mantelería se encontraba debajo de un bosque de flores, fina cristalería, costosa vajilla y relucientes cubiertos.

En la cocina, el movimiento era impresionante. Los manjares eran cuidadosamente guisados, para que, además, se vieran deliciosos. Los mejores vinos, incluido el vino que producía el príncipe Luzu, estaban preparados para ser servidos y las mejores frutas de las cosechas estaban en bandejas listas para ser repartidas entre los invitados.

Vegetta y su prometido, Lolito, habían acudido a la capilla del palacio para escuchar la misa. Les acompañaron sus familiares más íntimos, ya que este acto tuvo lugar en la más estricta intimidad. Un poco más tarde, se desarrolló una gran parada militar en los mismos jardines del palacio, donde el emperador pasó revista a las fuerzas, que le rindieron honores.

Desde el balcón posterior del palacio, adornado con monumentales tapices, el emperador, después de pasar revista, contempló con satisfacción el desfile. Una vez éste hubo terminado, se retiró al interior del palacio. Mientras la gente estaba emocionada y se estaba situando cerca de donde pasaría la real pareja, en el interior del palacio, el maestro de ceremonias indicaba que la mesa ya estaba servida.

Los que se hallaban en el salón en agradable tertulia, se levantaron para acceder al comedor. Se formaron las parejas, que, sin distinción, presentaban una gran elegancia. Las damas y donceles con sus sedas y damascos, con sus joyas y diamantes, con sus vestidos de falda ancha y relucientes colores, iban del brazo de sus parejas, quien también lucían sus mejores galas, donde llevaban condecoraciones del imperio, de Tortillaland, del Dream smp...

A los acordes de una vibrante marcha, Vegetta entró al comedor dándole el brazo a su madre, la gran duquesa Eleanor, al tiempo que Lolito lo hacía del brazo de su padre. Los dos jóvenes tomaron asiento el uno al lado del otro, y a continuación, lo hicieron las demás parejas. Cabe resaltar que lolito estaba precioso.

Lucía un vestido maravilloso de raso color verde claro, con adornos de blonda alrededor de la falda que daban a su esbelta figura un aire sorprendente. El cuerpo estaba cuajado de costosa pedrería, puntillas y encajes colocados por una mano maestra, haciendo que lolito y su belleza natural resplandecieran más. el escote se veía adornado por un espléndido medallón de oro y diamantes, que enmarcaba el escudo del imperio. Llevaba el pelo naranja recogido y lucía un pequeña pero artística y costosa diadema.

Otras preciosas joyas adornaban sus brazos y en su cintura, un broche que lanzaba incesantes destellos al ser golpeado por la luz. Todas las miradas se posaron en él, al que veían ya convertido en emperatriz, admirándolo por su belleza. Vegetta también lo veía de reojo, sintiéndose maravillado. En su interior revivió las escenas pasadas, donde creyó ver a un simple campesino que ganó su afecto.

Ahora era feliz, porque después de los momentos iniciales de la duda, aquel que creía un simple campesino, colmaba todos sus deseos, convirtiéndose en su esposo. El corazón había ganado la batalla de una manera muy sencilla y sin complicaciones, justo como él siempre había querido llevar a cabo su enlace matrimonial.

La más grande armonía presidió en aquel banquete, en donde se probaron los más deliciosos manjares. Como es lógico, no se regatearon al final del banquete los brindis, que sucedieron sin cesar. Todos deseaban a la joven pareja la máxima felicidad, todos quería que Vegetta y Lolito viviesen una eterna luna de miel y reinaran muchos años más.

Lolito llegó a emocionarse ante aquellas explosiones de cariño, ante aquel entusiasmo que a ella le parecía increíble, porque, sencillo como era, creía no merecer. Muy poco le faltó a la duquesa Sabrina para ponerse a llorar ante la felicidad de su hijo y que, en consecuencia, le hacía feliz a ella. Cuando todos los comensales hubieron terminado sus discursos y brindis, Vegetta también se levantó, visiblemente emocionado. Llenó personalmente la copa de su Lolito y cuando se hubo hecho silencio, dijo con voz cálida.

—Saludamos a nuestro querido prometido, su Alteza Real el príncipe, Lolito de Karmaland y le damos la bienvenida a su nuevo hogar. —Miró a Lolito cariñosamente, ojos morados contra verdes, que resplandecían por lágrimas de felicidad. —Y espero que tú, mi querido Lolito, sólo vivas horas felices aquí. Y yo haré todo lo posible para que así sea, todo lo demás está en manos de los dioses.

Lolito y Vegetta llevaron a sus labios sus respectivas copas, mientras todos los presentes prorrumpían en vivas y vítores. Afuera, Fargan escuchó aquellas exclamaciones, que, aun estando solo, se sintió obligado a gritar:

—¡Viva Lolito! ¡Viva el doncel más hermoso del país!

—¿Cómo que el más hermoso? —cierto albino de cachetes tan suaves como la seda y ojos rasgados se presentó, enojado ante aquellas exclamaciones de su novio.

—No, no, Willy, solo es porque él es nuestro emperatriz. Sabes que sólo tengo ojos para ti.

—Más te vale —dijo, acercándose y jalándolo para luego depositar un beso en sus labios.

Entretanto, en el salón se había dada por terminada la comida de esponsales y los invitados abandonaron la mesa para dirigirse a otro salón, donde a modo de recepción, se sirvieron el té, los licores y las galletas. Sabrina aprovechó ese momento para hacer toda clase de advertencias a su hijo y para darle consejos. Su padre hizo lo mismo, pero si bien, su madre lo había hecho desde el punto de vista sentimental, su padre lo hizo desde la política y sus complicaciones.

Luzu se acercó a su hermano Lolito, quien lo abrazó sin importarle el protocolo, pues no lo había visto en mucho tiempo.

—Solías ser ese niño que siempre desbarataba mis planes y ahora estás a punto de ser el emperatriz de Karmaland.

—Gracias, hermanito.

Les dejó para irse a preparar para la ceremonia en la iglesia. besó a sus padres y abrazó una vez más a su hermano antes de irse. Vegetta recibió una vez más las felicitaciones y tampoco pudo eludir los consejos de su padre y su madre y finalmente también se retiró para cambiar la indumentaria y prepararse debidamente para la boda.


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𝗾𝘂𝗲𝗲𝗻 𝗼𝗳 𝗺𝗶𝗻𝗲   ──── vegelitoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora