queen of mine ✪ vegelito
Lolito nunca tuvo aspiraciones a la realeza, ese era trabajo de su hermano mayor, Rubén. hasta que con su familia tienen que viajar al reino de Karmaland para que Rubén se case con el emperador Samuel.
Inic...
Como había hecho por la mañana, Lolito se acercó a la ventana de su estancia, y como las veces anteriores, aquello no pasó desapercibido para Fargan y Willy, el primero pudo comprobar que el joven desconocido hacía movimientos extraños con su cuerpo, asomándose ligeramente hacia el exterior.
Pero Lolito no se daba cuenta de que era vigilado y llevado por su impulso, ya había elaborado un magnífico plan que llevaría a cabo tan pronto se diera la oportunidad. Su habitación, al igual que las de su madre y hermano, se encontraba en el primer piso del hotel en el que se habían instalado. Era un edificio señorial, construido a los cuatro vientos. Todo el edificio se encontraba rodeado por un espléndido jardín, en el que los huéspedes podían pasear a todas horas, porque el frondoso follaje cubría el suelo del ardiente sol.
Este jardín estaba adornado, además, por varias escalinatas de mármol que salvaban varios desniveles en el suelo, por ricas balaustradas, columnas, estatuas y varias glorietas con bancos para el reposo. Precisamente debajo de la ventana de la habitación de Lolito, se encontraba una puerta, destinada al servicio, que para que quedase disimulada, y con el fin de ofrecer al conjunto mayor vistosidad, estaba protegida por una especie de porche, cuyo techo se erigía a poca distancia del alféizar de la tan repetida ventana.
El frente del indicado porche quedaba totalmente despejado, puesto que un tramo de seis escalones salvaba el desnivel en el que se encontraba dicha puerta de servicio. Uno de los lados quedaba protegido por un arco de obra que cubría totalmente varios arbustos. Y finalmente, el otro lado del pequeño vestíbulo, cuya cara se hallaba paralela a la fachada principal del edificio, se encontraba decorada con una celosía por la que trepaban varios tipos de enredadera, con flores multicolores. Estas enredaderas eran lo que había hecho sonreír al joven príncipe, quien después de terminar de analizar su entorno, tomó un libro y fingió leer.
Entretanto, Rubén, ayudado por su madre y una de las sirvientas, se afanaba en vestirse elegantemente, tal como se requería para una visita imperial. Su belleza y su juventud resaltaban con aquella indumentaria digna de un príncipe y futuro emperador. Tampoco la duquesa Sabrina se quedaba atrás en su forma de vestir, que, aunque sencillo, revelaba un fino gusto y un gran conocimiento de la indumentaria, tal como correspondía a la hermana de la emperatriz.
Una hora más tarde, una sirvienta fue a buscar a Lolito, que se presentó inmediatamente. miró a su hermano mayor y se maravilló de éste, sonrió y abrazándolo, no pudo reprimir sinceros elogios.
—Deseo de todo corazón que seas bien recibido por tía Eleanor y que el emperador te distinga como lo mereces, hermano, porque eres guapo, inteligente y bueno.
—Gracias, Lolo, tú también mereces ser feliz como yo lo soy en estos momentos.
—Vamos, Rubén, es hora de irnos; y tú, Lolito, no olvides que no puedes salir de tu habitación.
El de cabello naranja hizo una mueca que disimuló con rapidez, asintió con la cabeza, y seguido de la sirvienta, se dirigió a su habitación. A los pocos minutos, la duquesa y Rubén tomaban un lujoso carruaje que los llevaría a la residencia del emperador. Fargan y Willy, que estaban al acecho, se sorprendieron al ver solo a dos personas de las tres que habían llegado, y ya iban a dirigir sus pasos al lugar por donde el coche se perdía, cuando vieron a Lolito asomarse de la ventana.
—¿Qué piensas de esto, Fargan? —le preguntó el albino, mirando a su mejor amigo.
—Es una trampa: esos dos salieron para despistar, en tanto este chico pueda actuar más libremente.
En la habitación pasaban los minutos en silencio, pues mientras Lolito fingía leer un libro, la sirvienta ordenaba la habitación. Una sonrisa maliciosa se formó en los labios del doncel; apartando el libro de su cara, lanzó un profundo bostezo.
—¡Qué sueño tengo! —dijo con pereza y se dejó caer en el lecho. La sirvienta se dio cuenta.
—¿Quiere dormir?
—Sí, no me vendrían mal unas dos o tres horas...
—Si lo desea, puedo dejarlo solo.
Tratando de controlar su sonrisa, asintió, al tiempo que apoyaba su rostro en la almohada y pareció entregarse al sueño. La criada, ante esto, no dudó ni un momento y salió de la habitación. Lolito sonrió de nuevo, pero su rostro se descompuso en una mueca tan pronto escuchó el sonido de la llave girando; sin duda aquello había sido orden de su madre. Sin embargo, el joven se levantó de un salto, y seguidamente se puso aquel vestido rojo que había traído; le gustaba, le hacía sentirse como una auténtica dama. Escogió un lindo sombrero y cogió los artículos de pesca, sin que faltase el más insignificante instrumento.
Los policías se encontraban vigilando hasta que vieron algo inaudito. el jovencito, que ahora vestía un hermoso vestido rojo, sacó un sospechoso paquete y lo deslizó hacia el exterior, hasta soltarlo sobre el porche que se encontraba sobre la puerta del servicio. Momentos después, la persona repitió la acción con un cesto y, finalmente, haciendo uso de una agilidad poco corriente, se colgó en la ventana, con los pies hacia afuera.
Seguramente creyó que nadie lo veía, porque a continuación, dio media vuelta sobre su cuerpo y de deslizó suavemente hacia afuera. apoyó su pie derecho contra la pared y soltando sus manos, se dejó caer en el mismo lugar donde minutos antes había dejado caer el cesto y el paquete. Repitió las mismas operaciones para llegar al suelo, dejando caer sus objetos en los arbustos y finalmente, bajó sin dificultad hasta pisar tierra firme.
Ambos policías empezaron a seguir al joven, quien después de haber avanzado un poco, de detuvo para preguntarle algo a una señora, quien le dio las indicaciones. Luego de que Fargan y Willy acribillaran a la pobre señora a preguntas, ella les dijo que el joven solo quería saber cómo llegar a correos.
—Bueno, en realidad, se ha interesado por el nuevo invento.
—¿El telégrafo? —preguntó Willy.
—¡Eso!
Y mientras los policías iban tras la pista de Lolito, este estaba enviando un telegrama a su padre, invitándolo a venir al lugar, pues como Mangel había dicho, este era un sitio propicio para la caza, actividad de la que su padre disfrutara mucho. Luego de salir de la oficina de correos, se perdió la pista que de él tenían Fargan y Willy.
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