𝙀𝙥í𝙡𝙤𝙜𝙤

57 11 0
                                    

La pareja había vuelto de su luna de miel; no habían pasado ni dos semanas cuando Lolito empezó a sentirse mal. Aquella mañana, Lolito se había levantado y después de haberse dado un baño de rosas, sus criadas lo vistieron con un vestido color granate y así fue a desayunar con su rey, quien desde que regresó de su luna de miel, le había prometido darse un espacio en las mañanas para desayunar con él.

—Buenos días, mi rey —saludó el chico de ojos verdes a su esposo.

—Buenos días, Lolito. Luces precioso.

—Tú siempre luces bello, mi Vegettita.

Empezaron a comer, aunque Lolito hacía caras extrañas, pues la comida le sabía como hierro o algo así.

—¿Estás bien, mi reina? —preguntó el azabache, mirando al menor.

—La comida sabe rara. creo que está envenenada —dijo, sin pensar en otra razón por la que su comida podría saber raro.

La mirada en la cara de Vegetta cambió. Le dijo que no se preocupara y le recomendó que fuera a descansar pero Lolito tenía que dar su primera audiencia al pueblo. Llegó, seguido como siempre, por el duque Frank, a la sala del trono. Se alisó el vestido antes de sentarse en el trono que le correspondía, Vegetta se le uniría un rato después de ocuparse del papeleo.

—Pueden abrir las puertas —ordenó.

Así lo hicieron. Los guardias personales de Lolito eran, los ya conocidos, Fargan y Willy. Ellos se habían puesto cerca del trono del emperatriz, dispuestos a protegerlo con su vida. Primero entró una persona, Lolito la atendió y se hizo una lista interna de las peticiones de la gente.

Vegetta se le había unido cuando llevaba atendidas unas diez personas. Y entonces se empezó a sentir mal. Desde el segundo día de la luna de miel ya llevaba así, pero desde que habían vuelto, había empeorado. Se levantó bruscamente y fue seguido por Frank y entonces Vegetta llamó a Fargan y a Willy.

—Quiero que averigüen quién preparó hoy la comida del emperatriz —les ordenó con seriedad— y me lo dirán tan pronto lo sepan.

Tan pronto llegó a su habitación, Lolito corrió al baño que estaba ahí y se inclinó, vomitando.

—¿Está bien, emperatriz? —preguntó Frank desde el otro lado. lolito no respondió hasta que salió.

—Frank, llama a médico, por favor.

—Como guste, Alteza Imperial —hizo una reverencia y desapareció.

Mientras tanto, ambos policías habían dado con el cocinero encargado de la comida del chico de ojos verdes y lo habían llevado con el emperador, quien, a pesar de ser bastante misericordioso, no dejaría que dañaran a su familia y mandó a que lo ejecutaran en unas horas.

Una hora después, el médico de la corte había llegado. La audiencia se había suspendido. Vegetta, su madre, Frank y el hijo de Frank estaban en la habitación, esperando el diagnóstico del médico, que se estaba tardando revisando a Lolito.

—Felicidades, emperador, será padre.

Lolito se sorprendió y en el fondo, maldijo. No estaba pensando en embarazarse tan pronto y eso arruinaba sus planes, pero trató de simular estar feliz.

—Entonces, ¿ya no tengo que asesinar al cocinero? —preguntó el de ojos amatistas.

—Pero debe cuidar mucho a su esposo, parece que será un embarazo de alto riesgo. 

Después de aquella visita, el cocinero fue perdonado y recibió una compensación por aquello. Lolito se encargó de escribirle a su madre y hermanos mayores que estaba esperando un hijo con el emperador samuel. y la gran noticia recorrió el palacio como la pólvora, alegrando a todos.

𝗾𝘂𝗲𝗲𝗻 𝗼𝗳 𝗺𝗶𝗻𝗲   ──── vegelitoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora