Disculpa

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Ranma noto que Akene ya había llegado a casa desde hace un rato. Y se maldijo por no salir más rápido y al desgraciado de Ryoga por detenerlo. Pero no podía hacer nada, al entrar cerro con lleve la entrada como le recomendó su madre.

Paso a la entrada, se quitó sus zapatos y entro en la sala camino a su habitación, fue cuando la volvió a ver. Ella está sentada en la mesa viendo televisión para distraerse.

Ambos cruzaron miradas y el silencio comenzó su reinado. La televisión era lo único que rompía ese momento de incomodidad.

-"¡Oye, espera! ¡Te amo, y jamás dejaré de amarte!"- grito la tele en un comercial que presentaba un avance de una película romántica.

El frío recorrió sus espaldas en ese momento al sentir que debían hablar entre ellos. Y peor con ese comercial que solo hacia que se sonrojaron cada vez más.

-Ranma ve a cambiarte y date un baño, la cena ya se está calentando.- ordenó la chica siendo fría y cortante.

-A sus órdenes...- respondió con ironía el joven que provocó que ella se enojara y tratará de regresarle la molestia.

-¡Cállate y haz lo que te dije!- Regaño y dejo la sala para entrar en la cocina. Sabía que si seguía hablando sería peor.

Ranma subió, termino de bañarse y cambiarse, y pensaba seriamente si bajar a dónde Akane o esperar. Pero no pudo evitar sentir hambre, nunca faltaba a su hora de cenar y eso ahora le cobraba factura. Su cuerpo pedía a gritos comer algo.

Con todo su coraje decidió bajar para apaciguar su necesidad de comer. No está seguro pero la decisión ya la tomo.

Al bajar no le llegó a ver en ningún lado. Se sentó a la mesa donde su plato estaba cervido y una taza de té caliente lo esperaban. Sin presión degustó y cuando levantó la vista vio que Akane estaba sentada a lado del estanque con su comida.

No pudo evitar sonrojarse al verla, ya que el reflejo de la luna saliente en el estanque irradiaba sobre ella. Su delicada figura y su forma formal de comer le llamaron la atención.

Dejo su plato y decido acercarse, la noto triste y no aguantaba las ganas de preguntar por qué, aunque seguro era por lo que sus padres le hicieron.

-Hey... ¿cómo estás? ¿Porque no cenas adentro? Aquí hace mucho frío te vas a resfriar.- hablo en voz suave tratando de no alterarla.

-Estoy bien, pero crei que no querías acercarte a mi por está maldición. Así que pensé en comer lejos.- Respondió con frialdad ya que no quería desplayar todo sus sentimientos.

-Si... pero tampoco quiero que te dé un resfrío. Sería muy pesado cuidarte y...- decía con calma cuando fue interrumpido.

-¿Así...? Si no te interesa cuidarme y lo consideras una molestia deberías dejarme en paz e irte. Siempre eres así conmigo... ¡Ya no lo soporto!- grito despechada y con tristeza.

-¡Ni si quiera terminé de hablar... Pero tú cómo siempre no escuchas. Yo también estoy cansado!- Contra atacó el joven para no retroceder.

Akane se levantó y recojo sus cosas y entro a la casa.

-¡Akane, espera...!- grito para llamar su atención.

-¡No, déjame sola...!- exigió ella entrando en la sala. Dejo su comida y se fue a su cuarto.

Ambos sabían que lo que se gritaron no era más que la pura verdad, dicha por culpa de esa maldición. Y era tan hiriente saber que así era.

La jovencita se acostó en su cama y lloro en silencio para que el no la escuchará, aunque era en vano. El escucho su llanto que salía desde la ventana, y no podía sentirse peor.

Deseo Vivir a tu LadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora