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Enid estaba a primera hora en la cafetería, hacía días que no tenía el mismo ánimo que siempre y eso es algo que la mayoría percató pero nadie se atrevió a preguntar. Se encontraba limpiando la máquina de café cuando Tyler se le acerca tocándole el hombro.

—¿Si? —dijo con el tono más amable posible, intentando no descargar su melancolía e irritación en su compañero de trabajo que tenía una sonrisa triste en su rostro y una mueca de curiosidad.

—¿Estás bien? Sé que no es mi lugar pero realmente te ves mal y si necesitas hablarlo o tomarte un descanso lo puedes hacer. Todos estos días han estado nublados y estoy seguro que es porque no estás feliz —bromea tratando de hacer sonreír a la rubia, cosa que lo logra a medias, porque una pequeña sonrisa se esboza en Enid.

—Sí, sólo estoy cansada, lo siento. Ya se me pasará —por más convincente que hayan sonado esas palabras que salieron de forma involuntaria, Tyler sabía que algo andaba mal pero no quería pasar un límite de confianza así que sólo asintió y se dirigió hacia su puesto.

Desde que Enid se atrevió a preguntarle sobre si podían tener una cita y al no recibir respuesta, ha tratado de evitar a Wednesday, no quería llegar a tratarla mal ni desquitarse con ella cuando ni siquiera tiene la culpa, uno no puede obligar a otro a gustarle.

Pero por más enojada, triste y rechazada que se sentía, esperaba por lo menos verla pasar hoy pero ni siquiera obtuvo aquello, ya había pasado el almuerzo y Wednesday no mostraba ninguna señal de vida lo que causó que Enid se sintiera el doble de culpable, quizás dejó de venir porque le incomodaba tener que lidiar con una trabajadora enamorada de ella. O quizás estaba ocupada, pero esa opción no era posible estos momentos en la mente de Enid.

Cada vez que las pequeñas campanas sonaban notificando una llegada, miraba de reojo para ver si aquella chica gótica entraba, pero nada. Luego de la persona (aprox) 100, se rindió y admitió para sí misma que ella no iba a venir más a la cafetería y era todo por su culpa, por haber malinterpretado las acciones de la contraria y pensar que todo sentimiento de su parte era mutuo.

—¿Tan tarde que vienes? —escuchó a su amigo hablar y se dio cuenta que no era para ella, por lo que subió su rostro encontrándose con aquella persona que deseó ver desde el momento que abrió sus ojos en la mañana. Ahí estaba, Wednesday con el mismo rostro de siempre, sus trenzas cayendo por sus hombros, y su tenida negra.

—Sí, salí anoche y volví muy tarde. Desperté hace pocas horas —un sentimiento extraño le envolvió el estómago a Enid.

¿Había salido? ¿Y con quién? Quizás con ese tal Xavier.

Oh.

—Quiero lo mismo de siempre.

—¿Qué es lo mismo de siempre? Desde que llegó Enid no pides nada igual —un pálido color rosado llegó a las mejillas de la pelinegra y Enid lo notó, esbozando una sonrisa mirando hacia abajo.

Se sentía rechazada y además, celosa. Qué peor combinación.

—Quiero un café con leche descremada y sin lactosa, y un emparedado de palta —notó que le estaba hablando hacia ella porque su voz se escuchó más cerca, por así decirlo, así que la mira asintiendo.

La vio dirigirse hacia su mesa habitual y se mordió el labio viendo su caminar tan decidida y segura de sí misma. Se odiaba, porque estaba loca por Wednesday y le daba lo mismo si ella tomara su corazón y lo pisara mil veces.

Cuando comenzó a hacer su pedido la miraba de reojo esperando a que ella la estuviera mirando pero se equivocaba cada vez que lo hacía, la pelinegra estaba tan ensimismada en aquél dibujo que estaba pintando que podría decir que nada más existía que ella con su lapiz. Enid soltó un suspiro pesado, le encantaría ser parte de su mundo, pero no va a ser.

first sight ; wenclairDonde viven las historias. Descúbrelo ahora