IV

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Michelle había logrado 4 horas continuas y productivas de trabajo, lo cual fue gratificante teniendo en cuenta el fracaso de la noche anterior. No debió recordarlo, volvió a desviar su atención del trabajo y al igual que ayer, su mente no se resistió a pensar en otra cosa que no fuera el tema de Samantha. ¿Por qué la ayudaba? No la conocía de nada, Michelle solo había sentido lástima y a su mente le parecía suficiente para gastar tiempo y dinero en una desconocida. No, no era solo eso. Michelle hacia años vivía completamente sola, por desconfianza a sus propios empleados, y ahora había dejado a esa mujer quedarse, era una completa amenaza. ¿Y si Arnold había planificado todo minuciosamente para conseguir algo de Rouge? Descartó la idea inmediatamente, Thomas Arnold no parecía un hombre inteligente, no para planear algo así. Aunque la razón que más le hacía dudar de ese plan, era lo sincera e inocente que Samantha parecía, exacto, parecía. Michelle no debería confiarse de cualquier manera. Comenzó a sumergirse en pensamientos oscuros que la llevaban a los peores escenarios, ¿Cuánto dinero podían conseguir los Arnold de ella?

¿Querían destruir su reputación? No, no había mucho que destruir.

¿Le robarían el patrimonio de las empresas Rouge? No llevaba ni un cuarto de tiempo en comparación al resto de la familia a cargo de las empresas cómo para hundir el negocio en tan poco. Sería vergonzoso.

El recuerdo de Samantha dormida aflojó la tensión que había estado invadiendo su cuerpo. Era cierto que toda esa desconfianza y sobre alerta la había convertido en una gran mujer, pero cuándo se trataba de situaciones así no podía evitar sentir compasión por ellas. Esa compasión la traicionó la última vez, Michelle no tenía por qué preocuparse ni mucho menos cuidar a todas las mujeres infelices en sus matrimonios heterosexuales, solo traían problemas. El recuerdo volvió a aflojar y no se resistió más. Bien, Samantha era objetivamente linda, cualquiera podía verlo, pero algo más hacía a Michelle aflojar tanto, se veía desprotegida después de la ardua noche, demasiado cansada para hablar y moverse. De pronto se visualizó a sí misma acercándose a Samantha, gateando desde los pies de la cama hasta que sus brazos quedaron a los costados de la cabeza de Samantha, despertándola de su sueño. Solo le sonreía y observaba con atención.

Si se divorcia de ese hombre, podrías quedártela.

Alguien llamó a la puerta y Rouge miró al frente sin responder ni emitir ningún sonido, su mente había vuelto repentinamente, sintiéndose miserable por siquiera pensar en la palabra “quedártela”. Samantha no era un objeto, no era algo que pudiera tener o dejar de tener y mucho menos “quitarle” a otra persona. Y ni siquiera estaba interesada en las mujeres como para tener algo juntas.

Volvieron a llamar. —¿Rouge? —una voz temblorosa sonó detrás de la puerta y Michelle la reconoció al instante, Samantha.

—Pasa. —carraspeó la garganta y fijó su mirada en los papeles sobre la mesa, fingiendo estar ocupada y centrada en su trabajo. Pudo notar y escuchar a Samantha entrar y cerrar la puerta detrás suya, su mirada fija en Rouge. —¿Qué necesitas? Estoy ocupada. —preguntó, casi echándola del cuarto.

—Perdón. —solo rodó los ojos cansada de recalcarle que no era necesario disculparse, un silencio prolongado se sostuvo.

El ansia aumentaba en el cuerpo de Michelle y finalmente levantó la cabeza para observar a Samantha, quien miraba tímidamente a Rouge mientras jugaba con los dedos de sus manos, dejando ver el nerviosismo en ella. En un intento de darle pie a Samantha para hablar, apoyó el codo en la mesa y dejó su cabeza reposar sobre su mano, atenta al momento en que fuera a hablar, pero no llegó. No hablaba, no le contestaba. Comenzó a impacientarse y frustrarse, resoplando y levantándose de su sitio a regañadientes. Tenía ganas de echarla de la oficina con una orden y próximamente sacarla de su casa, estaba haciéndole perder tiempo y dinero. Se acercó, rodeando su escritorio, parándose enfrente de ella con autoridad, cruzando los brazos y frunciendo el ceño.

Si lo supiera.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora