Cap 13

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Narra Felix

Estaba en el patio trasero, comiendo mi desayuno solo. Aprovechaba que era el único en las bancas de aquella cancha; Han no había venido hoy, dijo sentirse mal. Canturreaba suavemente mientras observaba las gotas de lluvia chocar contra el suelo. Era relajante… hasta que lo sentí otra vez. Esa mirada.

Esa maldita, punzante y pesada mirada.

—¿Por qué justo ahora que no están los chicos...? —susurré con la voz temblorosa—. Maldito viaje estudiantil que organizó este estúpido colegio... será mejor que me largue de aquí.

Me levanté rápido, casi tropezando con la banca, y salí corriendo hacia mi salón. Cerré la puerta con fuerza detrás de mí. Extrañamente, ese cuarto me hacía sentir un poco más seguro… al menos por ahora.

Como aún quedaba tiempo del recreo largo, me senté en el asiento de Jisung y me quedé mirando la lluvia a través de la ventana.

—Me siento débil... tener a Bangchan cerca observando cada maldito paso que doy es agotador. —Suspiré, derrotado—. ¿Qué debería hacer? ¿Denunciarlo? ¿Gritar? ¿Escapar? ¿Llorar?

«En este momento solo existe el miedo. Miedo real. Chan es un maldito psicópata obsesivo, y lo peor… lo peor es que puede hacer cualquier cosa con tal de salirse con la suya.» pensó felix.

Me aferré a la protección de mis hermanastros, pero ahora están lejos, en ese estúpido paseo de último minuto. Estaba solo. Atrapado como en un maldito laberinto sin salida.

—Quiero irme a casa. Fingiré que estoy enfermo, sí... pediré licencia, haré lo que sea con tal de no volver por un tiempo. —Respiré hondo—. Sí, soy un cobarde. Lo acepto. Pero no voy a arriesgar mi vida por culpa de ese imbécil.

Guardé mis cosas con manos temblorosas, me colgué el bolso al hombro, cerré la silla. Me acerqué a la puerta... pero antes de siquiera tocarla, alguien la abrió desde fuera.

Y allí estaba él. Bangchan. El alto rubio de rostro duro, con la mirada encendida de rabia. Me quedé paralizado.

—No... —murmuré apenas.

En un segundo, su mano se aferró a mi muñeca con fuerza y me empujó hacia adentro, cerrando la puerta tras de sí. Me arrastró a tirones hasta una pared y me estampó contra esta.

—¡Déjame en paz, Chan! —grité, asustado.

—Lo haré si vuelves conmigo, mocoso.

—¡No lo haré! ¡Y suéltame, maldito enfermo!

Forcejeé con todo lo que tenía, pero su fuerza era superior. Me tenía atrapado.

Y en un parpadeo, sus labios se estamparon contra los míos. Un beso violento. Sucio. Desesperado. Moví mi rostro de un lado a otro, intenté empujarlo con mi mano libre, pero era inútil. Me devoraba como si yo fuera suyo, como si tuviera derecho.

Mis sollozos comenzaron a salir, ahogados, rotos. Quería que alguien entrara. Que alguien me salvara.

—¡Déjame ir! ¡Basta! —balbuceé entre el beso.

—Será mejor que te calles, mocoso.

Me tiró al suelo como si fuera un trapo. Se subió sobre mí, inmovilizándome ambas muñecas con facilidad. Empezó a repartir besos y chupetones por todo mi cuello, desesperado, como un maldito animal hambriento.

—Déjame ir... —gemí entre llantos—. Por favor... te lo suplico...

Mis lágrimas corrían sin parar, mezclándose con el sudor y el asco. Ya no podía resistir. Me rendí. Mi cuerpo quedó tirado, sin fuerza. Solo miraba la pared… una pared que parecía infinita.

No quería verlo. No quería escuchar su respiración jadeante ni sentir su peso encima mío. Quería desaparecer.

«Nadie me va a ayudar. Nadie. Estoy solo… completamente solo.» pensó felix.

𝕃𝕠𝕤 𝔾𝕖𝕞𝕖𝕝𝕠𝕤 /𝙷𝚈𝚄𝙽𝙻𝙸𝚇 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora