Al día siguiente me desperté con un sentimiento agridulce. Por un lado, el recuerdo de la cena de la noche anterior seguía latente, haciéndome sonreír como una niña pequeña. Pero por otro... había vuelto a tener pesadillas; y tenía una nueva «pista», si se le podía llamar así. Por primera vez, cuando aquel hombre misterioso se acercaba a mí, se remangaba la camisa y, ahí, en su antebrazo derecho, tenía un tatuaje.
Sabía que lo había visto antes, pero recién despierta no era capaz de recordarlo. Lo único en lo que podía pensar era en que a Martiño no le había visto ninguna marca de tinta negra en la piel. Y, aunque pudiera parecer patética, eso me hacía sentir aliviada y más segura en todo lo que estaba ocurriendo entre nosotros.
Pero fue en la cocina, tomando mi café mañanero, cuando caí en la cuenta de por qué me sonaba ese dibujo.
Una balanza en equilibrio; era la misma que había visto en el brazo de Antón, el hermano de Martiño. Y, de nuevo, la respiración se me cortó al encontrar una relación tan estrecha entre lo que ocurría en mi vida real y ese sueño tan perturbador.
Estaba con la mirada perdida en la nada, bebiendo un sorbo de mi taza favorita, cuando Carme salió de su habitación vestida con solamente una camiseta ancha y en bragas... seguida de Antón en calzoncillos.
«Oh. Dios. Mío».
No sé si me molestó más que estuviesen en paños menores —azote en el trasero de Carme incluido —o el hecho de que ni se inmutaran al ver que yo estaba frente a ellos.
—¡Olaia! —exclamó mi amiga —. ¡Buenos días!
—No tan buenos como los tuyos, al parecer —solté con retintín.
—¿El doctor Sexi no se ofreció a dejarte su cama?
La miré automáticamente, con los ojos entornados, diciéndole con ellos más de lo que podría haberlo hecho con palabras. Pero ella, lejos de arrepentirse de haber metido la pata, se reía abiertamente.
—¿Doctor Sexi? —La pregunta de Antón hizo que el aire abandonara mis pulmones —. ¿Llamáis así a mi hermano?
«Juro que voy a matarte, Carme».
—Así lo llamo yo —contestó mi amiga —. Pero puedes estar tranquilo: tú serás el cocinero Sexi.
Antón sonrió y los dos comenzaron a besarse. Allí mismo. Delante de mí. Como si no se hubiesen conocido hacía a penas doce horas. Nos habían adelantado a Martiño y a mí con una velocidad vertiginosa.
Aproveché el momento para darle un repaso visual a Antón. Pese a que no había visto a Martiño sin camisa, se notaba que su hermano estaba más delgado, aunque estaba muy tonificado y se le marcaba cada músculo. Tenía varios tatuajes en el torso y en la parte superior de los brazos. Y, en el antebrazo derecho, la balanza que me había mostrado mi sueño. Tragué saliva sonoramente, intentando olvidarlo.
—¿Tienes planes hoy con mi hermano?
—Sí. —Sacudí la cabeza cuando la pregunta de Antón me sacó de mi ensimismamiento —. Pasaremos el día juntos.
—Genial —contestó él, mirando a Carme —. Tendremos el apartamento para nosotros solos.
—Ni se os ocurra entrar en mi habitación. Ni hacer nada indecente en el sofá. O la cocina. O el baño. —Según me iba imaginando lo que podría ocurrir en mi ausencia me escandalizaba más y más —. Pensándolo mejor, no salgáis de la habitación de Carme.
—Tranquila, Sor Olaia—se carcajeó Carme —. No mancillaremos más que mi cama.
—Por cierto —interrumpió Antón antes de que me diera tiempo de protestar —, el fin de semana que viene Martiño y yo estamos de cumpleaños. ¿Os apetecería un plan relajado los cuatro juntos?
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Elefante plateado
RomansaUn sueño reiterante y oscuro; un amor apasionado; y un elefante plateado. ¿Podrá sobrevivir a los tres? *** Olaia lleva una vida feliz pero aburrida: trabajo, casa y más trabajo. Hasta que conoce al amor de su vida y un oscuro sueño comienza a pers...
