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Despertó sobresaltado con un movimiento brusco, parece que la incómoda posición en la que estaba había hecho que su brazo y cuello dolieran al punto de despertarlo. Se enderezó y acomodó mejor en aquella pequeña y muy incomoda silla de madera.

—Zoro— un susurro lo terminó de despertar —deberias ir a descansar a tu casa.

Miró con desconcierto a la hermosa y cansada enfermera que estaba a lado de la cama del cuarto.

—Estoy bien— respondió con un susurro.

La chica le sonrió dándole ánimos de forma silenciosa y siguió con su trabajo de monitorear los signos del inconsciente paciente que estaba recostado en la única cama del cuarto. El cansado hombre peliverde se acercó al paciente, que, cómo cada noche desde hace dos semanas, se encontraba expectante de volver a ver esos ojos color zafiro abrirse y transmitirles su amor y cariño. Pero, como esperaba, esa noche tampoco se abrirían esos ojos que anhelaba ver. Suspiró y tomó con ternura la mano del hombre inconsciente, la acarició lentamente y apretó con un poco de fuerza, esperando alguna señal que le indicara que el hombre inconsciente pudiera sentir ese tacto can cariñoso. Estaba a punto de separarse y volver a su incómoda posición de la silla cuando un movimiento lento lo detuvo, había recibido un apretón en su mano, fue débil, pero estaba ahí. Creyendo que su mente le concedía imaginaciones de su tan anhelado deseo de ver al hombre despierto se acercó un poco más y devolvió el apretón, expectante de una respuesta.

Aún sin creerlo volvió a recibir un apretón y esta vez vino acompañado de un respiraciones más fuertes, ya no reguladas indicando su inconsciencia. Miró fijamente el rostro de su amado y notó como su expresión tranquila cambiaba.

—Violet...

Llamó en susurros a la enfermera que no había notado nada de lo que sucedía. La mirada de ambos estaban expectantes, y sus corazones detuvieron su palpitar cuando aquel hombre inconsciente, después de 2 semanas interminables, volvió a abrir los ojos y buscar orientación a su alrededor.

La chica no estuvo para ver cómo aquellos dos hombres unían sus miradas. En los ojos del peliverde existía alivio y cansancio. Pero era extraño; el otro hombre, recién despierto, no transmitía lo mismo en su mirada, era algo completamente diferente a lo que recordaba el peliverde.

Esos ojos llenos de cariño y brillo ahora eran fríos y hostiles. Un gesto que hizo que el peliverde sintiera vértigo y entendiera que su vida se había terminado de derrumbar.











. N U E S T R O S . R E C U E R D O S .

. Z O S A N .

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AnnSowi80

Nuestros Recuerdos [Zosan]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora