2. Andén 9¾

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Tenía 7 cuando vino a la estación, todo era relativamente "normal" su padre era amoroso abiertamente con su madre y él.

Sólo fue una ocasión que deseo con todas sus fuerzas no haber nacido como un monstruo.

Las cosas mejorarían se repitió nuevamente, desde que recibió su carta y convenció a su madre de aceptar la solicitud de ir a Hogwarts su pensamiento era uno solo.

Irse de casa.

Recuerda que a pesar de los insultos que recibió por su papá sintió que si se disculpaba podría arreglar el incidente de "magia accidental" como lo había llamado su mamá, sin embargo, aprendió que no funciona arrepentirse de lo que no pidió ser, su padre derribo de un puñetazo a su mamá, de su boca salían insultos denigrantes y a su corta edad incomprensibles. Podía apreciar cada que lo veía el rencor, miedo y horror a su persona. No comprendía que por ser diferente lo dejara de amar y ahora lo odiara. Le aborrecía su existencia, francamente lo quería muerto y sino lo más lejos posible.

A pesar de ser un barbaján era su cobardía lo más grande que lo caracterizaba.

Fue así que entendió que su madre le dio la vida más no tenía por qué arruinarle la suya, suficiente tuvo con tenerlo.

Estaba solo.

Y bueno desde aquel instante se acostumbró a la idea de estarlo. Evitaba a cualquier costa entablar alguna conversación con alguien del poblado, de toda manera ya no regresaría más de lo necesario, pasar desapercibido de su ahora progenitor era su prioridad.

Esperaba ya no tener que recordar sus malos recuerdos, tenía que enfocarse en estudiar y sacar algo bueno de este mundo que le estaba ofreciendo una oportunidad de irse y empezar por su cuenta.

-Disculpe buen Sr. ¿Sabrá de casualidad donde se encuentra la estación 9?

El señor con su distintivo de auxiliar le direcciono, le pregunto si quería que le ayudara con su carrito a lo cual él con sumo respeto le negó, está bien que luciera debilucho más tenía consigo una fuerte fuerza de voluntad.

Cuando llego reviso nuevamente el boleto y el 3/4 lo confundió... ¿Y sí?

¡Claro!

No tenía que ser el único en ir, aunque si pensaba un poco había dos columnas, pero en la 9 y 10 estaban compartidas... primero vería si alguien viene y que hace.

Un joven rubio despeinado venia con fintas de haberse agarrador a golpes con una parvada de cuervos, aunque eso no le quitaba el buen ánimo con el que venía chiflando y saltando cada tanto. Eso al pequeño pelinegro le dio cierta curiosidad. Se detuvo a mitad de la columna y tomando un ligero impulso se subió al carrito cruzando la pared... ¡CRUZANDO LA PARED!

Bien... eso fue extremadamente asombroso... tonto se reprendió. Debió de haber considerado esa improbabilidad.

Asomándose que no venía algún niño como él, se apresuró hacer lo mismo para minorar la vergüenza que sentía.

No sabía a donde enfocar su mirada todo era tan fenomenal, no cabía la emoción dentro de sí.

Había padres guiando a sus hijos, otros tantos llevaban escobas y enormes baúles aún más grande que el suyo, se preguntó si sería así en unos cuantos años, jaulas donde venían búhos, uno que otro gato y hasta sapos vio. Mucha gente en sí, pero eso por primera vez no le incomodo, se sintió parte del ambiente referente a la magia.

No le fue difícil abordar, se sintió tan irreal ver todo lo que estaba presenciando, tanto que no se daba cuenta que varios le habían hablado, pero como este estaba tan ocupado viendo por la ventana y lo que ocurría preferían pasarse de largo y dejarlo.

Ámbar - JeverusDonde viven las historias. Descúbrelo ahora