Los Johnson, una familia perfecta, hijos perfectos con las mejores calificaciones, todo era felicidad, los padres de aquellos niños confiaban plenamente en ellos, sabía que nada malo podían hacer, eran demasiado buenos que con tan solo verlos a sim...
El espejo reflejaba la belleza de una mujer que finalmente conocía que era el amor, se sentía lista y claro que estaba nerviosa, no dejaba de preguntarse cómo sería la reacción de su novio pronto futuro esposo, ¿Llorara?, Ella podía juera que si lograba hacer que llorara terminaría de confirmar que era el amor de su vida.
—mamá—la mujer vestida de azul celeste dio media vuelta cruzando su mirada con la de su hija menor.
—¿si?—pregunto mientras intentaba ver de reojo la puerta de la habitación.
—¿que te sucede?, Estás más nerviosa que yo—astrid desvió su mirada de su madre para ver aquel vestido color champagne estilo sirena que cubría todas sus piernas mientras el velo largo se perdía entre el vestido causando que al final de la punta pareciera una sola piensa.
—claro que no, estoy bien—la copa de vino que se encontraba sobre la mesa fue tomada por la mujer de edad y en tan solo segundos ya no quedaba nada de aquel líquido vino tinto.
—¡Madre!, No puedes beber así—la mujer sonrió amplio acercándose a su molesta hija dándole un beso largo en su frente, no le importo ni un poco el hecho de poder arruinar el maquillaje que por dos horas elaboraron con su labial.
—iré a ver al novio—rápidamente salió de la habitación y se acercó a la parroquia, su corazón palpitaba a mil segundos y seguía preguntándose el hecho de que podría estar allí sentado esperando la entra de una princesa apunto de dar el paso más grande de su vida y de repente lo vio, un joven alto parado justo encima de la alfombra roja, su traje que claramente le quedaba un poco grande, sin duda aún necesitaba a su mami para escoger la talla perfecta, aún era su bebé—adriel—oír aquella voz familiar causa el descontento del hombre, se dio media vuelta y cuando estuvo apunto de saludar a su madre un impacto lo hizo tambalear sobre su eje.
—lo siento—el hombre agitado se detuvo unos segundos para asegurarse de no haberle causado daño al desconocido que hace unos segundo había empujado sin querer, al no recibir alguna respuesta se apresuró al acercarse al altar no sin antes regalarle una pequeña sonrisa a su suegra.
—amor, ¡estás aquí!—no quería que las lágrimas la dominarán, su hijo de seguro le molestaría el hecho de que dañará su maquillaje con lágrimas innecesaria pero claramente no pudo controlarlo fueron 6 años sin su único hijo varón 6 años en el que anhelo con todo corazón darle un abrazo como cuando lo tuvo en sus brazos por primera vez.
—mamá—aquel “mamá” tan frío lastimo el corazón de aquella señora de edad pero no quería arruinar el momento por lo que solo sonrió acortó la distancia y abrazo a su hijo aunque esté abrazo no fuera correspondido de la mejor manera, así lo sentía ella.
—vamos, siéntate aquí—rápidamente envió a su hijo a la primera fija dónde debía estar, por un largo momento olvidó el hecho de que su esposo y Astrid no sabían que Adriel estaría allí, pero no importaba no importa si tenía que defender a su hijo como cuando lo hizo una vez cuando aquella rufianes intentaron meterse con un pequeño de 10 años—¿como estás? Quiero que me lo cuentes todo.
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