Capitulo cuatro (2da temp.)

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- Hmm... -comencé a abrir los ojos, me sentía cansada, el cuerpo me dolía, sentía que la cabeza me explotaría allí mismo. Mire hacia enfrente y había dos personas riendo a carcajadas, creo que sintieron mi mirada ya que paró su risa y voltearon a verme. Se acercaron a mi y uno tomo una radio.

- Jefe, ya despertó, ¿qué hacemos ahora? -calló- ¿Seguro que quiere que la llevemos con las demás? No es que me incumba pero si ya escapó una vez, puede que lo vuelva a hacer y todos nuestros planes se irían de nuevo abajo. -hizo una mueca mirándome- Pero.... -lo interrumpieron- La llevaremos para que la preparen. -corto rendido.

- Bien, ve a por la silla de ruedas y vámonos. -le dijo a su acompañante y este rápidamente salió del lugar. A los pocos minutos regreso con la silla, me sentaron en ella y salimos de aquella habitación.

Iba mirando cada pasillo que recorríamos, en algunas había gente dormida, otras distraídas e incluso en una habían doctores cubriendo a una persona con una manta blanca, en algunas había gente rezando y en otras, gente en estado de shock. No sabía que pasaba por la mente de esas personas, pero en su mirada se reflejaba el miedo que tenían por estar aquí.
Llegamos a una habitación totalmente blanca, había una cama y al lado de esta, una pequeña mesita con un vaso de agua. Los hombres salieron dejándome sola en esa habitación y puse mi mirada en una pequeña pecera que se encontraba pegada a la pared, había peces de diferentes colores, tamaños y formas. Me acerqué un poco más haciendo girar las ruedas de la silla hasta posarme cerca de la pecera. Dirigí mi mano y al instante un pez de color blanco con negro se acercó a mi mano, era un poco grande, tenía la forma de un triángulo y sus ojos eran muy grandes.

- ¿Es hermoso, no? -dijo una voz detrás de mi, rápidamente quite mi mano y me gire a ver a la persona de quien provenía aquella voz- tranquila, no te haré nada malo, me llamo Sally, ¿tú debes ser ______, no es así?

Asentí mirándola fijamente, su piel era muy blanca como el azulejo de la habitación, sus ojos tenían un color difícil de diferenciarse, su cabello era color negro y llegaba arriba del ombligo. Llevaba una bata blanca abrochada completamente y unos zapatos blancos con tacón acompañadas de unas medias.

- Bueno ______, te traje estas prendas para que te quites esos trapos viejos a los que llamas ropa, ten -me los dio y se dirigió a la puerta- avísame cuando termines para comenzar. -se fue.

Mire la ropa, creí que me iban a dar un camisón enorme como a los demás pacientes, en cambio, me dieron una playera blanca con líneas negras, una chamarra negra, un pantalón de mezclilla claro y unos tenis. Rápidamente me quite los "trapos viejos" y me coloque la ropa. Una vez puesta, llame a Sally.

- De acuerdo, voy a comenzar con unas simples preguntas apoyándome con tu expediente, ¿está bien? -asentí y ella bufo- voy a necesitar que hables, no puedes quedarte callada para siempre.

Abrió el expediente y comenzó a leer, la miraba atentamente, cada movimiento que hacia, me ponía nerviosa. Cerro el folder y me miro.

- Aquí dice que te llamas ______ McCoy, tienes diecisiete años, tus padres trabajan en un corporativo muy importante, tu padre es el nuevo jefe, tienes dos hermanos, uno llamado David, de veintitrés años y otro llamado James, de ocho, ¿es correcto?

- S.. Si.

- Bien, ¿qué haces en este hospital? ¿Lo sabes?

La verdad era que no sabia que hacia allí, hace cuatro días me encontraba en otro hospital, no recuerdo el nombre pero si donde estaba, se suponía que ya había sido dada de alta.

- No, no sé que hago aquí, hace unos días me dieron de alta... -cerré los ojos recordando a David en la habitación del hospital- incluso mi hermano fue a recogerme a otro hospital que se encuentra en Carolina del Norte.

La casa del lago.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora