Si no me convierto en un gran artista, quiero morir intentándolo
Anonimus-
—Vamos, no puede ser tan difícil.—pensé.
Solo enciendes el auto y esté hará lo demás, solo enciéndelo.
¿Cómo demonios hago eso?
—Hada.—me llamaba un caso inconsciente Elika.
Lo que faltaba tener que lidiar con esto ahora.
—Calla, necesito concentración.—pedí con fastidio.
Recordaba todo lo que hacía Elika al conducir, solo tenía que meter la llave y girarla, seguido de eso los botones de abajo presionarlos.
Uno era acelerador, y otro un freno.
Era fácil, ahora tenía que adivinar cual era el acelerador y el freno.
—Hada, eres tan hermosa.—mencionó y su mano resbaló por mi muslo.
Dios mío, de no ser porque estamos en esta situación sus palabras y tacto me hubiesen afectado.
Pero, ahora mi escaso conocimiento sobre conducir nos llevaría a una gran victoria o una gran muerte.
—Duérmete, o ayúdame.
Él intentó levantarse, pero era imposible, cuando pensé que lo haría cayó de nuevo en el asintió rendido.
—Maldición.—dije a regañadientes.
Vamos de nuevo si ruge el motor ese se supone que sería el acelerador, si no sucede nada supongo que ese debería ser el freno.
Joder, aquí vamos.
Acelerar, frenar, acelerar, frenar.
Bueno, por lo menos avanzamos un cuarto de paso. Ahora solo faltan diez mil más.
Maldición, no llegaríamos nunca.
Mi celular me notificó que mi batería estaba por acabarse.
Lo que me faltaba, moriríamos aquí.
—Elika, despierta, por favor.—pedí.
No hubo respuesta, solo un murmuro con fastidio.
Necesitaba salir de esté estacionamiento, tal vez podría aparcar en otra parte y esperar que la borrachera del idiota se pasará un poco.
Comencé a andar el carro, deteniéndome cada milisegundo agradecía que no hubiese un flujo de autos seguidos.
Después de casi media hora parando y avanzando me lance en un matorral, estoy segura que cuando Elika se despertara estaría furioso por meter su convertible en el matorral.
Pero, me importaba una mierda, estaba intentando mantenerlo con vida y lo más importante, mantenerme con vida.
Me acurruqué en el asiento para esperar que el idiota pasara su borrachera.
No me hacía sentir bien que Elika estuviera de ese modo, las personas borrachas y yo nunca nos hemos llevado bien.
Tal vez mi madre me hizo ver lo mucho que las odiaba, odiaba el olor, odiaba que las personas tomaran hasta el grado de perder la razón.
Y Elika lo sabía, y nunca había hecho esto, nunca al menos en mi presencia se había puesto tan hasta el tope cómo para perder la razón.
Algo había detonado esto, y solo deseaba que no fuera por nuestra pelea de hace unas horas.
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No me sueltes.
Novela JuvenilTodo el mundo habla de lo bonito que es el amor, de la magia que sientes al encontrar a esa alma predestinada en tu vida. De lo bonito que será cuando esa persona cruce esa puerta. Suena bien, ¿verdad? Pero... ¿que hay de aquellos amores que no deb...
