"Cuando sientas que has perdido todo, todavía tienes libros que leer, canciones y películas por descubrir, arte por apreciar, lugares que visitar y probablemente amar y ser amado."
Anonimus.—
Solía creer que el amor era una explosión constante en el pecho, y a su vez era un amanecer de esos que revuelven tus sentimientos y te hacen querer llorar sin razón.
Pensando que el amor es un todo y nada a su vez.
Ese todo o nada que dejaba huellas imborrables, porque no importa que tan bueno o malo sea, el amor deja huellas.
Nuestro amor era el claro ejemplo qué hay huellos imborrables.
Con Elika entendí que aunque el amor era pasional, el amor puede ser esa risita que lanzas al pensar en esa persona, es ese brillito que tienen tus ojos involuntariamente cuando ves llegar a ese gran amor.
Al final los grandes amores no son esos que prometen cosas mientras están en la cama, sino esos que son un instante de eterna felicidad que se apoderan de tu alma entera.
—Huele delicioso.—susurro Elika a mis espaldas.
Me había levantado temprano para hacernos macarrones con queso, sabían que esos eran sus favoritos.
—Son solo macarrones no puedo creer que te gusten tanto.
—Solo me gustan cuando los haces tú, te quedan iguales a los que hacía mi madre.
Se acercó a mi y depositó un beso en mi mejilla.
Serví los macarrones y ambos comimos mientras discutíamos sobre un programa de la televisión, realmente no era nada tan relevante, solo no podía perder la oportunidad de criticarles los gustos de abuela que tiene Elika.
Elika Nguyen se veía cómo un chico que solo veía películas de acción, peleas y ese tipo de gilipolladas. Pero eso era solo una cara falsa, Elika morirá por los culebrones mexicanos.
Al terminar nuestros macarrones nos fuimos a la ducha juntos, y hubo un poco de acción matutina.
Joder, podría acostumbrarme toda mi vida a esto.
Al salir de la ducha ambos nos arreglamos, aún no sabía exactamente a donde me dirigía así le robe una sudadera a Elika y entre las cosas que había dejado en su casa estaban unos bike shorts me los coloqué y dejé mi cabello suelto ya que aún estaba mojado por la ducha.
—¿Estás listas?
Asentí, subimos a su auto y encendimos la radio. Elika comenzó a tararear la melodía yo aun no sabía de qué canción se trataba, solo sabía que Nguyen se veía muy bien conduciendo su convertible.
—¿Estás bien?
—Si, solo duele un poco aquí.—señalé mi vientre.—Y siento cómo un ligero dolor en mis muslos.
—Tal vez debí ser un poco más cuidadoso...
Negué y estiré mi mano para sobar su mejilla.
—Fue la mejor noche de mi vida, cariño.
Sus ojos se abrieron cómo platos al escucharme.
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No me sueltes.
Novela JuvenilTodo el mundo habla de lo bonito que es el amor, de la magia que sientes al encontrar a esa alma predestinada en tu vida. De lo bonito que será cuando esa persona cruce esa puerta. Suena bien, ¿verdad? Pero... ¿que hay de aquellos amores que no deb...
