"Ojalá nunca hayas leído nada de lo que te he escrito, porque me destrozaría saber que a pesar de eso no me has buscado"
—Mario Benedetti
—¿Por qué el señor Nguyen no está en casa?.—pregunté mientras me colocaba una camisa de Elika para dormir.
—Tío Lucas le insistió a mi padre para ir a citas a ciegas, y terminó accediendo.—respondió desde la ducha.
Sonreí por eso, no podía imaginar a esos dos saliendo juntos y menos en una dinámica cómo son las citas a ciegas.
Él salió de la ducha ya con su pijama y se acosto a mi lado, tenía algunos morados en la cara aunque ya se veían un poco mejor de lo que estaban.
Él comenzó a besarme la mano, y sin más me acosté para abrazarlo.
—¿Que te gusta de mí, Elika?.—pregunté y sabía que la pregunta era suficientemente infantil cómo para que ambos nos riéramos.
—No lo sé, creo que tus tetas.
Le pellizque el brazo, y él unió nuestros labios y entre besos volvió a responder mi pregunta.
—Me gusta lo amargada que eres, me gusta que siempre me contradices. Me gusta que al tratar de intentar explicar que es lo que más me gusta de ti, no puedo elegir algo porque no hay una sola jodida cosa, porque toda tú me gustas.
Seguimos besándonos, tonteando y puedo jurarles que nunca había sido tan feliz en mi vida.
—¿Puedo preguntarte algo?
Jugueteaba con sus dedos.
—¿Tengo opción?
Negué.
—¿La echas de menos?.—pregunté.
Él guardó silencio y siguió jugando con mis manos.
—Si, tengo algunos fragmentos grabados en mi cabeza de ella, su olor a flores tan peculiar su cabello y esos ojos que eran eran el jodido océano entero, sus abrazos, cuando se emocionaba por decirle que la amaba.—mencionó con melancolía.—Mi madre era una gran mujer, y tú madre aquella noche dijo muchas cosas ciertas que afectaron a un Elika presente, pero entendí que a pesar de ese pasado, de todo el daño que lo hicieron ella fue una gran madre, ella realmente me amó, y supongo que aún lo hace.
Lo ví sonreír.
—Tal vez pensaras que estoy loco, pero hay días que al visitarla siento que me abraza, puedo sentir su presencia.—aseguró Elika.
—¿Recordarla duele?.—pregunté.
Negó.
—Ya no, antes dolía mucho. Pensar en que ella me abandonó, pensar que ella me dejó. Y era más porque veía a todos los demás con sus madres que los acompañaban al colegio, o al maldito día de las madres y a mí me daba la mano la profesora, eso dolía.
Comencé acariciarle el cabello, aunque era mi mejor amigo habían muchas cosas que no sabía exactamente qué sucedían en su cabeza.
—¿Cuando dejó de doler?
—Entendí que realmente no valía la pena vivir infeliz por algo que no podía controlar, entendí que mi madre no me abandonó, ella no decidió irse de mi vida.—mencionó.—En algún momento entendí que por mucho que estaba doliendo necesitaba seguir adelante. Me di cuenta de que tenía que disfrutar cada día. Pensé que la mejor forma era empezar haciendo lo que más me gustaba.—aseguró.—Me uní al equipo del instituto, pasaba mucho tiempo con una señorita amargada.—le golpeé la cabeza por decirme amargada.
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No me sueltes.
Teen FictionTodo el mundo habla de lo bonito que es el amor, de la magia que sientes al encontrar a esa alma predestinada en tu vida. De lo bonito que será cuando esa persona cruce esa puerta. Suena bien, ¿verdad? Pero... ¿que hay de aquellos amores que no deb...
