veinte

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el día siguiente, spreen decidió no abrir la biblioteca a petición de juan para ayudarlo con su plan para que ari recuperara a rivers, y aunque él no se sentía del todo convencido, decidió hacerle caso al castaño, sin importar que todavía, ari no le agradaba.

ari, por su parte se encontraba demasiado nerviosa, parada en el patio trasero de rivers frente a su ventana (o al menos eso era lo que esperaba) vistiendo ropa ridícula que fue minuciosamente elegida por juan, en su mano, un micrófono que estaba conectado a un mediocre sistema de karaoke que logró encontrar en su casa. al principio, descartó completamente la idea de su mejor amigo, pero viendo la situación, cualquier cosa por obtener el perdón de rivers era una buena opción.

la noche anterior, rivers aceptó sus flores, sin embargo, no fue suficiente porque simplemente le agradeció y luego dijo que debía regresar a casa. se sintió muy tonta, pero no podía quejarse, había arruinado todo, así que después de esa desilusión, se encaminó hasta la casa de juan, la dejaron pasar a su habitación a pesar de que él todavía no regresaba. media hora después, juan apareció con los globos que le había visto a spreen anteriormente, sonriendo con ilusión; sonrió al verlo de esa manera, ver a juan feliz era suficiente.

-al menos, uno de los dos tuvo un buen resultado- dijo ari desde la cama del castaño, abrazando una almohada.

-spreen es el mejor chico que he conocido- respondió, amarrando los globos en la cabecera de su cama sin dejar de sonreír.

-no estoy de acuerdo con eso, pero está bien, mientras no sea un idiota, está bien- suspiró, escondiendo su rostro entre las almohadas.

-¿y tú? ¿qué dijo rivers?- preguntó emocionado, quitándose los zapatos para tirarlos en algún punto de su habitación y subiéndose a la cama, abrazando sus piernas, viendo a la mayor con atención.

ari levantó la mirada y soltó un sonoro suspiro.

-solo me agradeció y se fué.

-bueno, la comprendo.

la mayor entrecerró los ojos hacia su mejor amigo e hizo un puchero involuntario. sabía que lo merecía, pero eso no quitaba que se sintiera decepcionada.

-¿ahora qué hago? quizás no me perdone nunca.

-no seas negativa, solo debes ser persistente- la animó -y para tu suerte, tengo otra idea- sus ojos brillaron con emoción y su sonrisa se ensanchó, y ante los ojos de ari, parecía un loco.

-conozco esa cara, juan, sé que significa que tienes una idea ridícula.

-¿quieres mi ayuda o no?- se cruzó de brazos y frunció levemente el ceño.

-bien, solo dila- accedió, tomando una mejor posición frente a él.

-necesitaremos la ayuda de spreen- la rubia frunció el ceño, confundida -dime, ari, ¿todavía eres muy fan de chayanne?

muchas veces, juan tenía ideas descabelladas, y esa, era una de ellas.

ari respiró hondo mientras escuchaba a juan susurrarle a spreen que ya debía estar listo, y cuando menos lo esperó, el sonido de la guitarra la hizo sobresaltarse, siendo esa su señal para empezar con la canción que había preparado apenas la noche anterior.

-mil y un historias me he inventado, para estar aquí, aquí a tu lado...- su voz salió temblorosa debido a los nervios, se giró hacia juan y él solo levantó sus pulgares en señal de aprobación -y no te das cuenta qué, yo no encuentro ya qué hacer...

juan veía con ansias hacia la ventana, esperando a que alguien se asomara, deseando no haberse equivocado, porque sino, entonces ari estaba cantándole a alguien más.

la librería ★ spruanHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora