Capitulo II: La vida de casados.

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La alarma sonaba a las 6:30 de la mañana todos los días de lunes a viernes, si fuera por Kenneth de verdad destruiría esa maldita cosa para siempre, pero algo debía despertar a su esposo.

-Leo, la maldita cosa esa. -Había dicho entre dormido y despierto, sintiendo como el peso a lado de su cama se movía y en cuestión de segundos el sonido dejaba de escucharse al igual que el peso extra de su marido dejaba de estar a lado suyo.

-Jajaja, buenos días a ti también. -Leo respondió con su linda y suave voz en un tono burlón para después pararse e ir directo al baño a orinar y bañarse,  ya que tenía el tiempo contando para salir de su casa y llegar al infierno que llamaba trabajo.

A pesar de ser socio de una cafetería con sus dos mejores amigos, también estaba en el negocio de la construcción por dos motivos principales; uno la mayor "fuente de ingresos venía de ahí" ya que a Kenny por ser gay nunca le dieron la oportunidad de ejercer lo que estudio y termino trabajando en un taller que hizo con su hermano Kevin; y la segunda es que el líder del proyecto también es uno de los jefes más importantes de los carteles que hay en South Park, Boyett.

Y por eso, a los empleados los negreaban y, en el caso de Leo, eran aplastados por gente con más fuerza física y económica.

No eran pobres, pero Leo sabía que se había casado con la familia más pobre de la zona y ellos eran los que le pagaban la universidad a Karen en Houston. Además, apoyaban a sus padres de ambos, de muy mala gana pues, aunque ellos les habían dado la espalda hace muchísimos años y solo los buscaban para que les dieran dinero, eran sus padres.

Cuando Leo estuvo listo suspiro, no quería ir a trabajar por la golpiza que iba a recibir al haber encontrado alteraciones en la estructura producto de un mal trabajo, aunque lo había reportado de forma anónima, sabía que eso no iba a acabar bien.

-Ya despiértate Kenny. -El chico le dijo a su esposo mientras se terminaba de poner la camisa prendiendo las luces del cuarto a propósito para que su marido también se comenzará a prepararse para ir a trabajar.

Aunque lo único que recibió fue ver como ante la luz, el rubio se cubría con su almohada mientras gruñía, haciendo reír a Butters, pues se le hacía divertido lo infantil que podía ser su marido.

-Ya párate, hare el desayuno. -Cuando Leo salió del cuarto el mayor suspiró y decidió pararse, sabía que, entre los dos, su esposo ganaba más, pero le gustaba poder ayudarlo a estar en aquella linda casita que ambos pagaban y que, aunque no era tan grande como la casa donde nació Leo, si era más grande que en la que vivía Kenny.

Después de unos 20 minutos Kenny ya traía su parka naranja con su camisa blanca lista para ir al taller, mientras Leo ya le había hecho unos hot cakes con fruta y un café con leche como a él le gustaba, haciendo sonreír al mayor.

-Gracias cariño. -Leo asintió mientras empezaban a comer y platicar sobre todo lo que pasaba en la ciudad, sus trabajos y, sobre todo, de los superhéroes.

Leo rodo los ojos cuando su esposo toco el tema, haciendo reír a Kenny.

- ¿Por qué no te gustan nuestros héroes, Butters? -A Kenny se le hacía gracioso que su esposo, la persona más inocente y linda del universo, siempre tuviera ese problema con los héroes.

-No es que no me gusten Ken. -Decía con su puchero de mentira. -Es que solo... son un circo.

Fue un golpe duro para Kenny, si le molestó un poco el comentario, pero también no podía tomárselo personal porque no se lo estaban diciendo a Mysterion, se lo estaban diciendo a Kenny, el esposo del chico con el que podía tener esa confianza.

- ¿Un circo? -Nunca perdió la sonrisa, pero si veía a su chico mientras se tomaba su café.

-Aja, siempre dicen que están salvando a la ciudad de los malos, pero los carteles están a todo lo que dan, no llevan a la cárcel a los principales villanos... en las noticias salió que Caos incendio un hospital y sigue prófugo... -Leo estaba orgulloso de su Caos, pero también intentaba ver como civil la situación.

Los villanos eran superiores que los héroes, solo que no debía sonar como Caos, si no como Butters, el chico tímido que amaba Kenny.

Kenny se quedó callado, justo eso lo sabía muy bien, era algo que sus haters les decían y que no podían responder pues tenían razón, si bien para muchos eran héroes, muchos otros veían que todo parecía actuado puesto que no había muchos villanos en prisión y, los que llegaban, casi casi terminaban suicidándose.

Era frustrante, pero entendía a Leo.

-Si, tienes razón en ese sentido. -Kenny se veía un poco decaído por lo que Leo tuvo que tragarse un poco su orgullo.

-Pero bueno, también salvan vidas y tienen el coraje de enfrentar a gente como Caos o "El diablo". -No iba a ver a su esposo, pero sabía que sonreía al final.

Kenny lavó los trastes mientras Leo agarraba todo y juntos, en la motocicleta de Kenny primero lo fue a dejar a su trabajo para después irse al taller con su hermano.

Eran una pareja sencilla y, a la vez, muy envidiable por la forma que se amaban tan libremente.

Pero esa forma de amarse tan libre, tan como ellos siempre les traía problemas, ya que, al ser ellos mismos la envidian flotaba por todas partes y, comúnmente, era Leo quien pagaba las consecuencias de cosas que no eran culpa de ninguno de los dos.

Mi querido esposoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora