V

409 36 2
                                        


"En la mañana estuve caminando por donde solíamos caminar Kara, fui con uno de tus suéter de tu color favorito, el verde. Aun no logro entender porque era tu color favorito. Solías decirme que era por una persona, pero nunca me dijiste qué persona, espero que cuando puedas despertar puedas decirme y contarme todo con detalle, Te extraño Kara. Tu hermana estaba viajando aquí mientras sucedió todo, era un sorpresa para ti mi niña, vuelve por favor"

No...
— Se está empezando a remover, está empezando a despertar.
— ¿Debo de cambiar?

— Mamá...mamá no, aquí estoy.
— Cambia, ¡ahora!

— NO. ¡AYUDA! — Me levanté sudando y recostado sobre lo que parecía ser una cama grande, alta y espaciosa. Tenía las manos en un estado extraño, como más claras pero a la vez rojas, tenía los ojos pesados y las piernas me temblaban. A mi alrededor mientras me recomponía sobre la cama, vi que tenía las manos atadas sobre la cama. A un lado, la anciana y el mismo gato. Pero no estaba mi madre, y no me encontraba en donde me está visualizando minutos atrás, en un hospital.

— Q-que porque estoy atada, suéltame. ¡Ayuda! — Gritar sabía que no servía de nada, lo había hecho desde el momento en el que decidí asentarme al bosque, pero nadie venía, y parecía que nadie escuchaba. Quizás, estaba encerrada. Sola y encerrada, con una anciana loca y su gato.
Tenía en recuerdo vago de correr por el bosque, luego entrar a la casa y volver a correr pero intentando escapar del pueblo. De llegar a una luz. No recordaba nada, lo que había pasado en el medio para que terminara, atada y desmayada.

— Se que quieres respuestas, y lamento tenerte en este estado. Estabas como loca, asustabas a mi pequeña Kieran. — El gato maulló, vi como se acercaba a mi, y se posaba encima de mi estómago, ronroneado y frotándose sobre mi.
— Solo, solo suélteme y déjeme ir, quiero irme de aquí. Fue una mala idea venir, solo quiero irme lo más lejos posible y escapar de acá, prometo no decirle nada a nadie, solo quiero irme. — Me sentí tan desesperada que no me di cuenta el momento en el que me encontraba llorando, llorando desconsoladamente, aquel gato se había quedado parado, mirándome con una mirada que creía poder descifrar, dolor.

Su mirada tenía dolor, como si quisiera decirme algo, algo que no podía. Era probable que estaba enloquecido, estaba pensando que un gato quería decirme cosas, estaba mal. Completamente mal.
Sentí como mis lágrimas seguían cayendo, no hacía fuerza para intentar soltarme, sentía flojo el cuerpo, estaba pálida como un papel. Lo sabía porque tenía un espejo en frente de mi, quizás era porque estaba mareada, o estaba en un desconcierto total, pero sentía mi reflejó distorsionado, como partes de mi cuerpo podrían reflejarse más que otras.

La anciana se encontraba sentada en un banco cerca de mi, y no demostraba ningún signo de lástima, o arrepentimiento. Una sonrisa. Eso era lo único que se le podía ver, era una sonrisa triste, pero a la ves cínica.

— Kieran quiere conocerte, viene esta noche.

Mire a la anciana y vi como mis lágrimas me dejaban nublada la vista, las partes que no podían reflejarse en el espejo, eran las partes que más dolían, piernas, brazos. Y mi cabeza como si estuviera siendo aplastada de una manera dolorosa y lenta.

— Estás, estás loca.
— Dicen que las mejores personas lo están. — Una sonrisa más, más cínica que la otra. Quede sería, sabía que cuando me soltaría la golpearía hasta el cansancio y intentaría escapar. O eso pensé.

— Cariño, aún no has conocido a mi verdadera Kieran, tengo dos hijas. Cuando la conozcas, te darás cuenta. Suele salir en la noche, la puedes ver esta noche si así lo deseas. Será de gran compañía en esta estancia, cuando quieras y decidas irte a la luz, quien estará contigo será ella.

Pulso (Supercorp) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora