XI

83 10 0
                                        


ALEX

Y ahí estaba el error. El error no lo tenía Maggie, no lo tenía Kara, ni tampoco Lena.

El error lo tenía yo, yo debía de haberla protegido, y no lo hice. Fallé como hermana, como familia y como todo lo que ella admiraba de mí. Le falle.

La mirada de Maggie era fría, mamá estaba a un lado de mí aún sosteniendo uno de mis brazos, yo no buscaba pelear ahora, buscaba desaparecer. Comencé a mirar mi alrededor, el mismo sonido de su pulso, la misma presión arterial de hace minutos atrás, y aún así sentía todo paralizado a mi alrededor. No quería ver la realidad, quería saltar del edificio más alto, o correr a la montaña más lejana de aquí, pero no quería estar acá. No quería aceptarlo. No quería ver la realidad, no quería tener la culpa.

— Deberías irte... — la voz de mi madre fue con un mensaje claro y sencillo "no te queremos aquí" Maggie giró su rostro hacia mí, tenía unas pequeñas lágrimas y sus puños estaban cerrados, la sangre que tenía parecía seguía ahí, su ceja estaba cortada luego del golpe. Antes de salir por la puerta su mirada era fría, bajé la cabeza y sin decir nada más pasó a un lado de mí empujándome.

Cuando sentí que la puerta estaba cerrada y nos encontrábamos nosotras tres en la habitación sentí como el suspiro de mi madre salía de ella con toda la intención de hablar de una manera escandalosa.

— Que le pasa en la cabeza a esa niña, está completamente loca. Debería de haberla sacado mira si Kara escucho todo aquello, es una...
Antes de que terminara de hablar, hable por encima de ella

— Creo que también deberías irte..

Silencio, solo las máquinas sonaban

— ¿Que?
— Vete mamá, vete por ahí a darte unas botellas o ve a casa no se — mi voz era seca, no quería verla ni mucho menos sentirla cerca — aléjate de aquí, no tienes nada que hacer acá.

— Yo soy su madre, como te atreves a decir eso — un grito resonó en la habitación, que era tan silenciosa que sonó como un eco alto.
— ENTONCES DONDE ESTABAS CUANDO TE NECESITAMOS, concentré toda mi puta fuerza en ti, concentré toda mi atención en ti, una drogadicta que simplemente no quería vivir, sin embargo Kara...

Sentí mi cuerpo pesar, y me dejé caer de rodillas

— Kara tenía las ganas de vivir que tu no tenías, que papá no tenía. Eres tu quien debería de estar en esa camilla, ERES TU NO ELLA.

Aún estando en el suelo, sobre mis rodillas con mis nudillos con sangre seca y con lágrimas en mis ojos, sentí como cada parte de mi madre quedaba en esa habitación. Mis palabras fueron rudas, rudas y sinceras. Pensé que iba a gritar, que me iba a levantar, decir que ella intentaba hacer las cosas bien.

Pero solo sentí la puerta abrirse con fuerza y cerrarse con la misma. Su cartera estaba en el mismo lugar que la había dejado. Con la poca fuerza que me quedaba sobre mis piernas, concentré en poder levantarme. Al hacerlo agarré su cartera que se encontraba a un lado del cuerpo de mi hermana y la tiré en la basura más cerca que tenía.

Si tendría que describir la semana sería desesperante y angustiante.

Kara tuvo dos veces en las cuales tuvo un ataque que casi logra detener su corazón. Como si estuviera sometida a algún sueño en el cual tenía pesadillas. Los doctores habían explicado que aunque su cuerpo no esté con nosotros su mente y cerebro si, que podríamos hablarle y ella podría escucharnos. Con la mente aún cerrada no lo había podido hacer, me daba miedo hacerlo y que le ocasionara algo de lo cual luego me podría arrepentir. Los doctores estaban convencidos que eso haría que ella volviera, habían tantos casos de personas que padecían de esto y solían despertarse escuchando a sus allegados. Mamá tuvo momentos en los cuales no podía aguantar tanta angustia y terminó noches tras noche agarrando su mano, con fuerza y con lágrimas suplicándole que le diera una señal de que aún estaba ahí.

Dos de los momentos en los cuales Kara fallece fue uno en el mamá y yo estábamos discutiendo y que había llegado en la madrugada ebria, con maquillaje corrido y intentando de hacer todo para conseguir la atención mía, quien ese día estaba concentrada en Kara, que se encontraba débil. Incluso su cuerpo logró tener fiebre lo cual alertó a los doctores.

Luego de aquella fatiga noche, mi hermana logró volver a la normalidad.

Me senté a un lado de su cuerpo aún dormido, Kara se encontraba con una bata blanca que cubría su cuerpo hasta sus rodillas. Se encontraba descalza. Tenía cables por ambos brazos, uno de ellos con una Vía mientas le pasaban suero para mantenerla hidratada. Su boca se encontraba abierta ya que tenía un tubo que conectaba a su estómago para que pudiera ingerir nutrientes y matenerse durante el coma. Tanto yo como Mamá nos veníamos turnando para bañarla que consentía en pasarle toallas húmedas por todo su cuerpo. Su cadera se encontraba con vendas al igual que su abdomen donde tenía heridas superficiales, el verdadero dolor se encontraba en sus piernas. Ambas piernas tenían un yeso que ocupaban por debajo de su rodilla con clavos y fierros. Su cara se encontraba con heridas superficiales menos uno de sus ojos, uno de ellos lo había perdido para siempre ya que al instante en el que el auto rodó una de las ramas del camino entró a este.

Sus lentes estaban intactos a un lado de su mesa, podría decirse que tendrían polvos pero no era así. Todas las mañanas cuando las enfermeras venían a darle sus medicamentos por intravenosa me dedicaba a limpiarle sus lentes, hoy no lo había hecho.

Mis manos temblaban, me sentía débil de pies a cabeza.

Sostuve una de sus manos, la más sana de ellas y con un agarre delicado comencé a llorar.

— Kara yo...no puedo decir que lo siento y que me perdones porque no puedo perdonarme ni yo... solo quiero que despiertes, que esta pesadilla termine, que estés aquí conmigo. No soporto ver tu cuerpo en este estado tan débil, tan muerta... no sabes lo que desearía ser yo en tu lugar, lo que desearía que estuvieras aquí. Sé muy bien que estamos aquí por mi culpa, lo sé no pido que vuelvas por mis errores...

Recosté mi cabeza sobre su cuerpo débil, se encontraba frío, todo su cuerpo estaba frío. Sentí como mi piel se erizo. Escondi mi cabeza entre mis manos quien se encontraban apoyadas sobre ella sin hacer mucho peso, solo quería sentirla cerca.

— Quiero que vuelvas por ti, te mereces tanto ser feliz, mereces tanto, pero esto no...

Sentí como mi peso comenzaba a hacerse débil. Las lágrimas ya eran un llanto descontrolado. Sin ganas de parar.

— Vuelve a mi, solo vuelve a mi...

Un toque en la puerta, me levanté de su cuerpo tan rápido como pude. Maggie me miraba desde el pequeño vidrio que tenía la puerta. Una sonrisa triste, una sonrisa muerta.

— Sabía que no te habías ido del todo...

Espere una respuesta, intenté hacerme la dura como si no me hubiese escuchado llorando desconsoladamente por la pérdida de mi hermana.

Solo bastó un simple toque para romperme como un cristal sobre Maggie. Sentí como sus brazos rodeaban mi cuerpo. Como su cabeza se posaba en la mía. Cuando caí sobre ella con todo mi peso pude sentir su respiración agitada y entrecortada. Y no fue segundos después que sentí como sus lágrimas envolvían mi rostro, como mis mejillas ya rojas volvían a tomar ese color carmesí. Ese calor, mi ropa se encontraba sucia. Llevaba días sin poder bañarme en agua caliente. El olor a cigarrillos de Maggie inundó mi suciedad. Inundó mi dolor, y dejé que lo hiciera. Me dejé hundir en sus brazos.

— No me dejes sola en esto. — Levanté mi rostro hacia sus ojos, sus pupilas se encontraban dilatadas. Sus ojos cansados, y su brillo intacto.
— No es fácil desasearme de una persona como yo pastelito.

Pulso (Supercorp) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora