Quedate aqui conmigo parte 2

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"Siempre me has vuelto loco", habló Franco mientras le quitaba la camisa por la cabeza antes de bajar su rostro para encontrarse con el suyo.

El beso fue suave al principio pero creció cuando la lengua de Sara se deslizó dentro de su boca.

Podía sentir cómo él se endurecía contra ella mientras ella apretaba sus caderas contra las de él.

Las únicas partes de sus cuerpos que eran ropa era la parte inferior del cuerpo y ambos estaban listos para que esas prendas fueran descartadas.

"No puedo perderte otra vez" habló Sara, mirándolo a los ojos mientras Franco los volteaba para que ella quedara debajo de él.

"Prometo que no iré a ninguna parte mi amor" habló Franco, inclinándose para dejar besos en el costado de su cuello, chupando suavemente dejando marcas hasta llegar a sus senos cubiertos de encaje.

Movió sus manos hacia su espalda, desabrochando su sujetador dejándolo caer al piso.

Deslizó sus manos por su estómago antes de llegar al elástico de sus pantalones de pijama, bajándolos hasta sus tobillos.

"Sin ropa interior Señora Reyes" habló Franco, con una sonrisa pintada en su rostro.

"La ropa interior no es necesaria cuando hay otras actividades que me interesan realizar con mi esposo" habló Sara acercándolo a ella antes de descartar el resto de su ropa.

Ahora que ambos estaban completamente desnudos, Sara le indicó que se acostara cómodamente.

Se movió para colocarse ligeramente sobre sus muslos, de modo que estuviera en el ángulo correcto para agarrar su miembro con la mano.

"Sara, no tienes que hacerlo- comenzó Franco antes de que Sara bajara la cabeza para colocar su boca sobre él.

"Te dije que haría todo lo que te gusta" Ella habló de nuevo antes de dejar un beso en la punta de su miembro.

Sara no lo había hecho desde que había vuelto pero la memoria de lo bien que se sentía su boca y sus manos lo tenían excitado.

Ella le regaló una sonrisa antes de sacar su lengua y lamer una parte de su miembro antes de llevarlo a su boca y en el momento en que sus labios se cerraron alrededor de él, Franco dejó escapar un gemido gutural muy profundo.

Sentía la cálida boca de su esposa mientras lo chupaba lentamente al principio hasta que se acostumbró a que él estuviera en su boca.

Después de un momento, Sara encontró un ritmo cómodo y movió uno de sus manos a masajear una de sus bolas.

Franco la sintió mover la cabeza cada vez más rápido, podía sentir que perdía el control por lo que pasó las manos por su cabello para controlar la velocidad con la que lo chupaba fuerte y rápido.

Franco llegó al punto en el que podía sentir su orgasmo creciendo pero no quería correrse en su boca, quería estar dentro de ella antes de correrse, usando su cabello la levantó para que su erección saliera de su boca.

"Quiero estar dentro de ti cuando llegue" habla Franco, levantándola para alinear su miembro a su entrada.

Se sentía cálida y él podía sentirla presionándose contra él mientras él entraba lentamente en ella.

Una vez que estuvo completamente dentro de ella, Sara sintió que toda la virilidad de su marido la llenaba de placer, cada vez que él entraba en ella podía sentir cómo se deslizaba más profundamente en un estado de placer.

"Te sientes increíble, mi amor", gimió Franco, sintiendo cómo ella aceleraba el ritmo con el que se movían mientras estaba encima de él.

Estaba fascinada por la sensación de las embestidas de su marido mientras movía su mano para masajear sus senos mientras se juntaban completamente una y otra vez.

El rápido ritmo de sus embestidas junto con la forma en que sus manos se movían a lo largo de su cuerpo la hacían acercarse para liberarse.

"Franco-Dios mío" Sara dejó escapar un gemido sintiendo una sensación recorrer su cuerpo.

"Dejate ir mi amor, conmigo", soltó Franco, su voz profunda y ronca mientras hablaba.

Los dos llegaron juntos mientras se miraban a los ojos.

Después de que descansaron, Franco colocó sus manos alrededor de la cintura de Sara y suavemente la acercó a él para que estuviera más cómoda.

La cabeza de Sara encajaba perfectamente en la curva de su cuello mientras sus cuerpos estaban apretados juntos mientras dormían cómodamente.

𝐒𝐚𝐫𝐚 𝐲 𝐅𝐫𝐚𝐧𝐜𝐨 | 𝐄𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐨𝐬Donde viven las historias. Descúbrelo ahora