0'3

637 74 0
                                        

Dos cadáveres zombis cayeron justo frente a él, y para su sorpresa, aparecieron cuatro sombras misteriosas en el horizonte. Maldición no podia negar que estos tipos (o tipas) daban en realidad miedo.

—¡Levántate! — gritó uno de ellos, aparentemente el más bajito, y él obedeció de inmediato, poniéndose en pie. —¿Estás bien? — preguntó el bajito, a lo que él simplemente asintió y se dio unas palmaditas para quitarse el polvo de encima.

— ¡Hyung! ¡Vámonos! —exclamó uno de ellos, apuntando con su arma a un punto en particular. —Viene más por ahí & avanzó hacia adelante y luego se giró corriendo hacia los chicos— No hay tiempo que perder, ¡se acercan rápidamente!

El hombre observó cómo el más alto de todos hizo un gesto indicando al chico que había gritado antes, y entonces lo inimaginable ocurrió: un fuerte puñetazo aterrizó justo en su cabeza, dejándolo aturdido y haciendo que su cuerpo se desplomara al suelo.

—Eso fue pan comido — se rió — Ricky, toma mi arma... Yo me haré cargo de él...

Mierda y más mierda, su rostro ardía y sus ojos picaban, así que los abrió lentamente, vislumbrando todo de forma borrosa

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Mierda y más mierda, su rostro ardía y sus ojos picaban, así que los abrió lentamente, vislumbrando todo de forma borrosa. Con un trozo de tela de su ropa, se frotó los ojos, esperando despertar de algún modo consciente. Pero vamos, ¿a quién le importa eso en este momento?

Cuando finalmente logró abrir por completo los ojos, se encontró en una habitación blanca y sucia. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba sobre un colchón. Pasó la mano con cuidado por la tela y notó lo suave y limpia que estaba, como si alguien la hubiera lavado, o bueno, como si fuera nueva, completamente nueva.

— Por fin despiertas —una voz un tanto ronca lo sacó de su momentáneo estado de tranquilidad.

La puerta, en un estado lamentable, se abrió y entraron varias personas. En un principio, pensó que solo serían unos cuantos, pero se dio cuenta de que el lugar en el que se encontraban era mucho más grande de lo que parecía. Todos eran hombres, y por el olor en el aire, pudo distinguir que había alfas, omegas y, ¿un beta?

— ¿Nombre? —habló rápidamente un chico que parecía ser el más maduro de todos. Estuvo a punto de responder, pero algo en su aura lo dejó sin palabras y le puso los pelos de punta. — Tu nombre... Ahora — su voz se volvió más grave y ahí, en ese momento, supo que era un alfa. No es de extrañar que estuviera tan asustado.

El corazón de él chico comenzó a palpitar descontroladamente cuando otro... ¿Omega? se acercó a él. Quería moverse, alejarse de esa situación, pero por alguna razón desconocida su cuerpo se negó y una ola de dolor recorrió su ser. Dolía como los mil demonios, cada músculo parecía estar ardiendo y sus extremidades pesaban como plomo.

—Solo dí tu maldito nombre — exigió el desconocido con voz firme y amenazante, mientras apuntaba con un cuchillo directo a la garganta. El temor se apoderó de él de inmediato, sus ojos se abrieron desmesuradamente y sus manos temblorosas buscaban una forma de escapar de aquella situación.

†∘˙ 𝐀𝐏𝐎𝐂𝐀𝐋𝐈𝐏𝐒𝐈𝐒 𝐙𝐄𝐑𝐎: 𝐋𝐚 𝐁𝐚𝐬𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora