Pecador (TaiTake)

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- Ahora no te vas a escapar de nosotros!! – gritó un hombre disparándole al demonio que había intentado escabullirse entre los callejones de la ciudad infructuosamente. Otras personas llegaron y empezaron a golpearlo hasta dejarlo aturdido, y una vez ya no pudo moverse, procedieron a maniatarlo y arrastrarlo hasta la catedral a las afueras de la ciudad

- Padre!! – exclamó uno de ellos – Al fin lo encontramos!! – el sacerdote se acercó a la entrada y sonrió al ver que sus feligreses habían cumplido su cometido

- Bien hecho – les felicitó con voz solemne el hombre de cabello azul – Pueden retirarse, yo me encargaré de exorcizar a esta vil criatura. Ya es tarde, prometo entregarles su paga mañana temprano – todos asintieron y se marcharon sin decir nada; finalmente a solas, el cura se arrodilló junto al incubo y soltó sus ataduras, para luego tomarle de la barbilla y mirarle directo a los ojos – Takemichi, acaso no soy suficiente para ti? – el demonio desvió la mirada avergonzado

- Ya nunca me tocas, Taiju – murmuró con algo de tristeza – Me estaba muriendo de hambre, necesitaba comer...

- Pero esa no es excusa para que vayas a chupársela a cualquier humano que te parezca atractivo – estaba celoso, era tan evidente que el de ojos azules sólo pudo reír

- Sé que no te gusta compartirme, mi amor, pero si quieres que te sea fiel tendrás que darme más cariño y atenciones~ – llevó su diestra hasta la entrepierna del clérigo y le rozó sensualmente con sus dedos – Venga, estamos solos, puedes hacerme lo que quieras~

Sin mucho esfuerzo, Taiju alzó al de negros cabellos y lo recostó en el altar, se quitó la sotana, bajó su pantalón y sacó su miembro ya erecto, el cual metió bruscamente en la boca de ser del averno, ahogándolo con el grosor y la longitud de este... Abusó de su boca hasta acabar y una vez la sacó de aquella húmeda y cálida cavidad, el demonio tenía los ojos desorbitados y respiraba con agitación

- ...más... – murmuró como ido

- Eres un pervertido, lo sabes? – con rudeza separó sus piernas, tiró un escupitajo entre sus nalgas y lo penetró dolorosamente

- Ah, Taiju!! – exclamó alzando sus brazos, intentando abrazarlo – Te amo, Taiju!!

- Yo también te amo, mi hermoso ángel caído

El sexo era rudo, los besos violentos y el deseo brotaba por cada uno de sus poros, pero justo cuando el humano iba a alcanzar las puertas del cielo, el sonido de algo cayendo llamó su atención... Ambos observaron como un joven devoto les miraba con asco, el que rápidamente se convirtió en terror cuando el peliazul corrió hacía él, alcanzándolo justo antes de que este pudiera huir de la casa de Dios

- S-suéltame!! – gritaba desesperado; Taiju rodeó su delgado cuello con sus manos y empezó a asfixiarlo, pero la suave mano de su amante sobre su antebrazo le hizo detenerse

- Mi amor, no vale la pena – dijo el más bajo con calma – Si quieres matarlo, hay métodos más rápidos – y como si nada descolgó una de las flechas decorativas de la figura de San Sebastián, entregándole el arma de pesado hierro al sacerdote

- N-no... por favor... Tenga piedad – lloriqueó el joven, pero el de ojos amarillos no pensaba arriesgarse a que toda la congregación se enterara de su infame amorío... Empuñó la flecha con su mano derecha y la alzó para ganar inercia – No! NO!! PERDÓNAME!! – y la flecha fue clavada en su pecho una... dos... tres veces... el hombre, moribundo, miró con asco al hombre de fe – Fuiste... corrompido... Sucio peca...dor... Arder...rás... en las... llamas del... in...fierno – pero a Taiju aquellas palabras no le hicieron más que reír

- Ya me entregué al fuego del infierno hace mucho – sonrió con malicia siendo abrazado por el incubo – Nada que digas podría atormentarme – el joven cerró sus ojos lentamente sin dejar de maldecir al más alto y una vez muerto, Takemichi lo cargó como si nada

- Si lo entierro en el cementerio nadie lo notará, verdad?

- Eres muy listo, mi amor – dijo orgulloso para después besar sus labios – Tú haz eso mientras yo me encargo de limpiar este desastre...


Era domingo por la mañana, la familia del chico desaparecido estaba llorando sentada en las bancas de la iglesia durante el sermón, Taiju, siendo un hipócrita total, rogó a los cielos que este se encontrara bien y que no le sucediera ningún mal... Takemichi rió viendo la misa desde la seguridad de los vitrales, nada era más placentero que ver a un hombre bueno corromperse al punto de mentir descaradamente a una madre que lloraba por su hijo

- Por eso me gustas tanto, mi amor – extendió sus alas y retozó con una gran sonrisa entre las lápidas del cementerio, ansioso de que aquella farsa acabara pronto para poder encamarse con su hombre una vez más


☆Hermanos Shiba☆ One-ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora