Koushi...
Toda su mente estaba llena de él, de imágenes de él riendo, de sus mejillas sonrojadas, de esos ojos avellana que brillaban al cantar y de cada uno de los momentos en los que rozó su piel.
Todo de él pedía a gritos estar con él y no apartarse jamás. Pero no podía, él no debía, ese no era su lugar... porque un solo error lo condenaria.
No era consciente de que en momento se enamoró perdidamente, de que sus suspiros ya tenían su nombre y que todas las canciones de amor cobraron sentido gracias a esa presencia que había iluminado su existencia desdén aquella ocasión en la que cayeron al suelo. Quería protegerlo y darle lo mejor, sin embargo...
Volvió a leer los comentarios de los artículos donde lo tachaban de un maldito idiota violento, que había dejado muy mal a la víctima y ni siquiera le había hecho nada, que alguien tan impulsivo no podría estar cerca de Sugawara ni de la banda porque no estaban seguros a su lado y que era mejor que entregará la renuncia.
Y efectivamente... durante toda la noche que pasó Koushi en su caso consideró la idea de renunciar una y otra vez, pero al ver el rostro apacible del peligris dormir tan tranquilo y ajeno supo que no podría separarse de su lado y mucho menos quería hacerlo
Sí, lo amaba y se alejaba por esa misma razón.
Tan idiota y patético que le daba coraje cada decisión suya. Dejó de ir a los ensayos y cada que se metía a las redes sociales solo veía la cantidad monstruosa de hate dirigido a su persona.
Todo estaba fuera de control...
No puedo esconderme toda la vida"
El sonido del timbre lo sacó de sus pensamientos y se levantó de su asiento a regañadientes. ¿Quién carajos podría ser? Nadie sabía la dirección de su casa, a excepción de Sugawara y...
Sus ojos fueron fieles reflejos de su confusión en cuanto vio aquellos cabellos grises pintados de negro en las puntas y esa sonrisa de triunfo que le causó escalofríos en más de un sentido.
—¿Qué haces aquí, Semi? —
—¿No me invitas a pasar?— Alzó la botella de vino que llevaba y su sonrisa se ensacho más como si quisiera encantarlo con ese gesto.
Oikawa dejo entrar al peligris a su casa y fue a la pequeña cantina que tenía para sacar dos copas y poder servir el vino que extrañamente había traído. Le ofreció asiento en uno de los sofás de la sala para después sentarse de frente a él.
—¿Y bien?— preguntó el castaño mientras extendía una mano para pedir el vino de manera silenciosa y verter un poco sobre las copas.
—Has tenido unos días de la mierda ¿Cierto?— Semi sonrió con cierta ironía mientras su vista se paseaba por toda la casa del manager viendo y admirando lo ordenada y perfectamente decorada que estaba —Un error en público y todos te condenan como si tuvieran las manos limpias — chasqueo la lengua con cierto atisbo de indignación.
—Semi...— bufó Tooru bastante hastiado por la situación. Suficiente tenía con los mensajes de odio que llegaban a su celular, no necesitaba que alguien se compadeciera de él para hacerlo sentir mejor.
Sin embargo, no pudo decirle nada más porque el aludido volvió a interrumpirlo.
—Piensan que eres un animal y...— tomó la copa y le dio un sorbo —Lo hiciste por él ¿no?— casi de forma inmediata Tooru abrió los ojos con sorpresa.
No había forma que él lo supiera, había cuidado cada mínimo detalle para que nadie metiera a Sugawara en el escándalo, pero...
—Es evidente lo que sientes por él — volvió a decir Eita encogiendose de hombros — Toda la banda lo sabe, todos menos él — sonrió triunfante y se levantó para dejar su copa sobre la mesita de centro y acercarse hacia donde estaba Oikawa —Y es por eso que hoy vengo a ofrecerte un trato que difícilmente podras rechazar— se sentó en su regazo y el castaño se alejó considerablemente —Sal conmigo— dijo pasando sus brazos alrededor del cuello ajeno.
—¿De qué estás hablando?— Tooru quiso deshacer el agarre sobre su cuello, pero este se afianzó aún más —Si con una copa te embriagas lo mejor será que pida un taxi para que te vayas a casa—
—¿Aún no lo entiendes? —Sonrió acercándose a sus labios para rozarlos con suavidad —Esto nos beneficia— susurró mientras se levantaba de sus piernas y caminaba alrededor de la sala —Quiero ser tu flor morada —dictaminó con una confianza que daba escalofríos —No es la primera vez que nos confunden y aunque no me hace ni puta gracia... ¿Por qué no aprovecharlo?— tomó su copa y le dio un sorbo —No quieres dejar de amarlo y no te pediré que lo hagas. ¿Quieres proteger su carrera? Bien, yo te ayudaré hacerlo— volvió a dejar la copa y de nuevo se sentó en su regazo.
—¿Y en donde se supone que esta el beneficio para ti?— el castaño alzó una ceja con expectación y volvió a querer imponer distancias entre los dos, pero Semi no lo permitió.
Era verdaderamente insolente.
—En qué me gustas— puso su mejor cara y se acercó hasta depositar un casto beso en la comisura de sus labios— Puedes amarlo amandome a mi— susurró y tomó las manos contrarias para pasarlas por su cintura y dejarla en sus caderas —Puedes acariciarlo tocándome a mi— sus labios pasaron directo hacia su cuello y dejó un camino de besos húmedos —Besarlo sin hacerlo...— susurró moviendo sus caderas —Quemaras su recuerdo entre mis piernas y lo protegeras—
—Suga...— Tooru cerró los ojos y Eita sonrió al escucharlo para después besarlo en los labios y cerrar el terrible pacto que condenará todo buen recuerdo posible.
Porque iba amarlo, pero a la distancia...
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Rosa Pastel
FanfictionQuizás el amor se equivocó o conocerlo fue un error. Pero ya no quería continuar con ese enamoramiento unilateral y no correspondido. Dolía demasiado, dolía que Oikawa Tooru sólo fuese el manager del vocalista Sugawara Koushi.
