#6 sirio y pilares

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DANIELA CALLE

—Ok chicos, vamos a hacer un trato: si hoy trabajan bien y en silencio, en la próxima clase veremos una película.

Un murmullo de emoción recorre el salón; todos celebran la idea. Finalmente dicto mi clase en paz. No hay bullicio, reina un completo silencio.

—No entiendo esta pregunta —una voz me saca de mis pensamientos y me obliga a alzar la vista.

—¿Qué no entiendes, señorita Garzón?

María José señala la pregunta en su cuaderno. Le explico pacientemente y ella regresa a su puesto. La clase termina, los estudiantes comienzan a salir.

—Sigan ustedes, yo ahora los alcanzo —escucho que dice María José mientras se acerca a mi escritorio.

—Me apetece saber cuál será la película que veremos —comenta con una ligera sonrisa.

Me levanto de mi asiento y me apoyo en el escritorio, mirando hacia los asientos vacíos del salón. Ella imita mi gesto, quedando a mi lado, ambas mirando al frente.

—No lo sé. Tú eres la experta, ¿no? Ayúdame a escoger.

—¿De qué categoría quieres?

—En la clase hay chicos y chicas. A ellos les gusta más la acción, a ellas el romance… Necesito algo que entretenga a todos.

—¿Romance y acción? —María José se queda pensando—. “Esto es guerra” es buena. Que sea esa.

—Confiaré en ti. ¿Ves muchas películas?

—Mmmm sí, todo el tiempo. Amo ver películas.

—¿Dónde nació ese gusto?

Ella suspira antes de responder.

—¿Quieres la versión que le digo a todos… o la verdad?

—La verdad —le sonrío suavemente.

—Me caes bien, así que te la contaré. —María José respira profundo—. Mi mamá murió y mi familia quedó destruida. Busqué algo en qué refugiarme, una forma de distraerme… y encontré las películas.

—Lo siento —murmuro con un nudo en la garganta.

—No pasa nada. Así es la vida. Y aquí estoy, sabiendo demasiado sobre cine —termina con una sonrisa tenue.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que quieras. —Se sube al escritorio y deja sus pies colgando.

—¿Hace cuánto murió?

—Cinco años.

—¿La extrañas mucho?

—Todos los días. Es imposible no pensar en ella. Si quieres, pregúntame más, no me molesta.

—¿De qué mu… —mi voz se corta—. ¿De qué murió?

—Cáncer.

Esa palabra me destroza. No puedo evitar que las lágrimas rueden por mi rostro. Me cubro la boca con la mano, tratando de contenerme.

—Ay, coño… no era mi intención hacerla llorar, profesora.

—Esa boca, María José… —respondo mientras me seco las lágrimas.

—Tengo dos tatuajes en su honor. Uno aquí. —Me muestra la muñeca: en ella está escrito “mamá”.— Es su letra.

—¿Y el otro?

—Te lo mostraría, pero no puedo.

—¿Por qué? —pregunto intrigada.

—Lo tengo debajo del seno. Dice “bailo para ti”.

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