#9 la cita

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*Me emociono yo y soy la escritora JAJAJA*

SABADO

DANIELA CALLE


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Alarma sonando

Busco entre las sábanas mi celular para apagar la alarma.

—Por fin te encuentro, maldito —digo para mí misma.

Me paro de la cama y voy directo a la ducha, no demoro mucho y, cuando salgo, me alisto y me maquillo un poco, no mucho; me gusta ser más natural.

Decido tomar un poco de café antes de salir hacia la uni; hace un día hermoso y un poco lluvioso, por lo que voy con una chaqueta para el frío. Simplemente tengo un jean negro bota campana, una blusa de tirantes blanca que está por dentro del jean, unos tacones blancos no tan altos y mi chaqueta.

Salgo de mi auto y cojo carretera hacia mi trabajo, manejo tranquilamente.

Llamada entrante de Roberto

—Aló. D

—Buenos días, mi amor, ¿cómo amaneciste? R

—Muy bien, cielo, ¿y tú? D

—Bien, te llamaba para avisarte que quiero salir contigo esta noche.

Estoy por aceptar la salida, pero recuerdo la invitación de María José, así que quedo pensativa.

—Emmm, es mejor que lo dejemos para después, en la noche tengo un compromiso. D

—¿Se puede saber qué es más importante que salir conmigo? —bromea un poco. R

—Sabes que no hay nada más importante que tú, pero esta noche no puedo. D

—Está bien, cariño.

Sin más, decido colgarle, suelto un leve suspiro y no me doy cuenta de que estoy llegando a la uni.

Parqueo mi carro y bajo de él; entrando al campus voy a la sala de profesores a esperar a que sean las 8 para que empiecen las clases.

—Tan hermosa como siempre —escucho una voz y levanto la mirada; no me sorprende encontrarme con Ramón en la puerta de la sala de profesores.

—Tan inoportuno como siempre —le digo, dedicándole una sonrisa.

—¿Cuándo me aceptarás una salida, maestra Daniela? —se acerca y se sienta en las sillas que están frente a mi escritorio.

—Tal vez nunca, inténtalo con otra, querido —alejo un poco con mis manos mi silla, empujándome del escritorio.

—Bueno, por otro lado, entrégale esto a María José Garzón, por favor; dile que lo firme y que me lo entregue firmado.

—¿Qué es? —digo, mirando el documento.

—Que ella te diga —sin más, se para y me deja sola.

—Ven a la sala de profesores, necesito entregarte algo. D

—Uy, ¿y ese tono? M

No le respondo y simplemente la dejo en visto.

Pasan alrededor de cinco minutos y llega María José, con una sonrisa en el rostro como siempre, con una pantaloneta de tela color negra, una camisa blanca con un estampado en forma de X en la parte de atrás, tenis blancos y una gorra negra que tiene hacia atrás, y ufff, esos brazos llenos de tatuajes que me vuelven loca.

Toca la puerta en broma y hace que me salga de mis pensamientos.

—Pasa —hablo y ella se acerca y se sienta en las sillas.

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