#10 la cita x2

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DANIELA CALLE

ESPERO QUE LES GUSTE


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SÁBADO 7:36 PM

Es increíble que vaya a salir con alguien menor que yo —pienso mientras me miro al espejo y termino de dar mis últimos retoques en el maquillaje.

Tengo mi cabello en una cola alta y las puntas onduladas.

He optado por irme con una falda negra que me llega cuatro dedos arriba de las rodillas, una blusa blanca de tirantes por dentro de la falda con un escote pronunciado pero gentil, un saco de tela negro abierto y unas botas altas.

Llevo aretes pequeños color plateado, anillos en mis dedos del mismo color, y la cadena que llevo es la que me dio María José.

Como último detalle, agrego un bolso tipo cartera que cuelgo en mi hombro izquierdo.

Mensaje de María José

—Voy llegando, hermosa. M

—Te espero. D

Me echo un poco de gloss como último toque, loción, y bajo a esperar a mi cita del día de hoy.

Foto para Rebeca

—No te gusta, pero bien que te arreglas para salir con ella, ¿no? R

—Como siempre, me arreglo para salir con cualquier persona. D

—Te voy a creer eso, ¿a dónde irán? R

—No lo sé, me dijo que era sorpresa o algo así.

Mensaje de María José

—Estoy afuera. M

—Ya salgo. D

—1 mensaje sin leer de Rebeca.

—Me mandas foto entonces. R

—Te dejo, ya vino por mí, luego te cuento cómo me fue. D

—Dale, te amo, bai.

—Yo igual, bai.

Apagando mi teléfono y metiéndolo en la cartera, cojo las llaves de mi casa y decido salir directo hacia el auto de María José.

Al salir, puedo ver cómo María José baja de su auto y camina directo a la puerta del copiloto para abrirla.

Viene con un jean un poco ancho color beige con bordados blancos, camisa blanca sencilla, zapatos blancos y, como toque final, una chaqueta beisbolera café.

Llegando al carro y estando frente a ella, decido hablar, pero se adelanta:

—Qué hermosa está, profesora Calle —su sonrisa solo hace que se me trabe la labia y agache mi cabeza para soltar una sonrisa coqueta.

Su olor delicioso se impregna en mi nariz.

—Gracias, señorita Garzon, usted también está muy guapa.

—Mmmm, casi siempre me lo dicen, pero gracias —habla con su tono arrogante que tanto odio, pero me divierte.

Ruedo los ojos y veo cómo ella me hace una seña para que entre al carro; hago caso y me siento. De inmediato puedo sentir ese olor por el cual identifico a María José; huele a ella.

Ella cierra la puerta y camina delante mío para entrar al carro y empezar el camino.

Se abrocha el cinturón y me dice que haga lo mismo.

—¿A dónde iremos? —pregunto mientras lucho con el cinturón que no quiere salir.

—Sorpresa, ya te dije —habla y puedo sentir su mano apoyarse en el reposacabezas de mi asiento.

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