MARIA JOSE
Pasó el día y nuestras clases terminaron a las cinco de la tarde. Sofía se fue con León a no sé dónde. Yo, por mi parte, tenía práctica de básquet, así que debía quedarme en la universidad hasta las siete y media. Mateo y Dereck decidieron esperarme para salir juntos hacia mi apartamento.
—¡Listos! ¡Juego! —grita el entrenador, lanzando el balón hacia arriba y dando inicio al partido.
El encuentro termina en empate: los Digimons contra los Tropa de Aro. Me agrada no haberle dado el gusto a Mario, el líder de Tropa de Aro. Siempre hemos tenido cierta rivalidad, ya que mi equipo, los Digimons, ha sido mejor en casi todo.
Mario es el típico hombre que piensa que puede tener y tratar a las mujeres como le plazca. Y su novia, Kim, no es muy diferente. Ella y yo estudiamos la misma carrera, lo que significa que nos cruzamos a menudo, aunque jamás hemos intercambiado palabra. Con Mario, en cambio, sí he tenido varias discusiones por sus comentarios fuera de lugar.
—Suerte para la próxima, lesbi —me susurra al oído mientras aprieta levemente mi hombro.
No me molesta que me llamen lesbiana; no me da rabia en lo absoluto. Lo que me fastidia es la intención de Mario: siempre busca provocarme.
—¿Suerte? Suerte la que te deseo a ti, para que no pierdan en el próximo partido —respondo, quitando su mano de mi hombro y haciendo un gesto de limpiármelo.
—Sí, claro —dice, mientras se aleja hasta desaparecer de mi vista.
—¿Qué te dijo ese idiota? —pregunta Dereck.
—Nada importante. Los mismos comentarios de siempre. Mejor vámonos ya a mi apartamento.
Voy conduciendo mi carro. Mateo va de copiloto y Dereck ocupa uno de los asientos traseros.
Durante el trayecto, Mateo y Dereck no paran de hablar de chicas que les escriben o con las que se han besado. Me hacen algunas preguntas, a las que respondo sin mucho detalle. Dereck suelta comentarios chistosos, pero nada fuera de lo común. Mientras tanto, escuchamos música.
Al llegar, subimos en el ascensor hasta el piso ocho, donde queda mi apartamento. A medida que nos acercamos, comienzan a escucharse ruidos extraños desde el interior.
—No jodas, ¿eso son gemidos? —dice Dereck, pegando la oreja a la puerta.
—Con razón Sofía y León se fueron tan rápido —agrega Mateo.
—Quítense —digo, y ellos se apartan. Saco la tarjeta y abro la puerta lentamente.
Entramos en silencio, avanzando hacia la habitación de Sofía. La puerta está entreabierta.
—¡Qué bonitooo! —grito, asomándome y viendo a Sofía encima de León. Ella, al escucharme, se baja de inmediato y se cubre con una manta.
—¡Poché! ¡Cierra la maldita puerta! —grita Sofía, arrojándome una almohada.
—Esto va para mi galería —dice Dereck justo cuando el flash de su celular ilumina el cuarto.
—Hasta el fondo y sin protección —comenta Mateo, provocando que Dereck y yo estallemos de risa.
Cierro la puerta, dejándolos tranquilos en su momento de calentura.
Los muchachos y yo esperamos en la sala a que los “perros en celo” se dignen a salir.
—¿Ustedes no dejan echarse un polvo en paz, no? —dice León, encendiendo un cigarro junto a la ventana.
—¡Tras de que cogen en mi apartamento! —reclamo.
—Nuestro apartamento, Poché —me interrumpe Sofía.
—Está bien, nuestro apartamento —respondo, rodando los ojos—. Pero ¿te atreves a decirme eso? Por lo menos no lo hagan frente a los pobres.
—¡Sí, clarooooo! —responden al unísono Dereck, Mateo, Sofía y León.
—¿Qué? Yo ya no hago esas cosas del diablo —digo, riendo.
Más tarde, a las diez y veintisiete de la noche, Mateo y Dereck se marchan a sus apartamentos. Me quedo con Sofía, León y Criss, quien había llegado unas horas antes.
—Bueno, creo que ya es hora de partir sábanas —dice Sofía, sentada en mi regazo. Me rodea el cuello con una mano mientras yo apoyo los codos sobre sus piernas, revisando mis redes sociales.
Que Sofía se siente así no es extraño. Entre nosotras hay confianza. No lo niego: tuvimos varios encuentros sexuales en el pasado, antes de que ella estuviera con León. Siempre tuvimos claro que era solo sexo, sin sentimientos de por medio. Fuimos y seguimos siendo maduras con el tema.
—¿Cris, te quedas? —le pregunto a la crespa que está junto a nosotras.
—Nop, mañana madrugo para un paseo con mi familia. Sofía, ¿te importa si León me lleva?
—Claro que no. Amor, la dejas en su casa —dice Sofía, levantándose de mi regazo para despedirse de su novia.
Una vez se van, Sofía y yo nos quedamos comiendo papas y charlando.
—Ahora sí, cuéntame, ¿qué hiciste hoy en la clase extra, Poché?
—Nada fuera de lo normal. La profesora me puso un trabajo fácil y, al final, me pidió ayuda para revisar unos exámenes de inglés.
—¿No tuvieron ningún acercamiento?
—Ojalá fuera así de fácil, marica. Pero no. Poco a poco… aunque uf, Sofía, esa mujer está como quiere.
—Qué puerca tú, mija. Pues avíspate y pon ese plan en marcha. Por lo menos un besito debes conseguir.
—Obvio, yo siempre consigo lo que quiero, bebé.
---
12:20 a. m.
Sofía se fue a dormir a su cuarto. Yo, en cambio, estoy acostada leyendo Los siete maridos de Evelyn Hugo. Siempre ha sido un hábito leer bastante. Si no estoy leyendo, estoy tomando fotografías. El sueño empieza a invadirme, pero aún no quiero dormir. Puedo desvelarme: los miércoles, o sea mañana, no tenemos clases.
---
1:45 a. m.
—Solo espero que, donde sea que estés, estés feliz, tranquila y en paz, mamá —murmuro mientras reviso una caja con fotos guardadas especialmente para ella.
Mi mamá es el amor más grande de mi vida. Cuando murió, sentí que mi mundo se derrumbaba. Aun así, sabía que debía ser fuerte por mi hermanita Valentina y por mi papá. Ellos dos son mis motores, mis razones para seguir adelante.
Y sí, siempre tengo recaídas, especialmente en la noche, como ahora. Las lágrimas brotan al recordar momentos con mi madre. Un nudo se forma en mi garganta y mi pecho se siente pesado.
Nadie sabe lo que paso en estos momentos. Nunca he sido de llorar frente a alguien. Siempre he preferido guardarme mis sentimientos.
—¿Vale? —digo al teléfono.
—Poché, son casi las dos de la mañana. ¿Qué haces llamando a esta hora? —responde mi hermana, algo molesta por haberla despertado.
—Ay, babosa. Solo quería avisarte que mañana voy a la casa a pasar el día con ustedes.
Y aquí estoy: recordando, pensando, asimilando que ya no estás con nosotros. Es algo que no se supera; solo se aprende a vivir con ello. Por eso siempre digo que hay que disfrutar cada momento con las personas que amamos. Nunca se sabe cuándo será el último día.
—Te amo, mamá. Te extraño todos los días.
Cierro lentamente los ojos y me dejo llevar por un sueño profundo.
ESPERO LES GUSTE
BAIII
ESTÁS LEYENDO
ETÉREO | CACHE | +18
Fanfictionuna estudiante responsable pero rebelde (María José Garzón) una profesora dedicada y apasionada por lo que hace (Daniela Calle) Daniela loca por las locuras y travesuras de María José María José loca por su profesora
