#interestelar

2.1K 88 7
                                        

DANIELA CALLE

—¿Qué te dijo qué?

—Lo que escuchaste, Rebeca.

—Sinceramente esa niña tiene huevos —dice Rebeca entre risas.

—¿Y le harás caso o qué?

—Primero, soy su profesora. Segundo, no creo que tengamos nada serio. Tercero, estoy con Roberto.

—Ay, vale. Pero si a Roberto lo tienes como a tu perro. Fiel no le eres, me dijiste a mí que me acostara con él. Intenta seguirle el juego, a ver qué pasa.

—Es una niña para mí. Le llevo cinco años, las mentalidades son muy diferentes.

—Tal vez y sí cumpla tus expectativas.

—Lo dudo. Aparte, no me gustan las mujeres.

—Eso no lo sabes todavía. Hazle caso, nada pierdes jugando con una persona más. Quiero reírme por unos días.

—No lo sé… aparte, no me gustaría perder mi trabajo.

—Lo mantienes oculto.

—Mmmmmm.

Después de conversar un rato con Rebeca, nos quedamos en silencio viendo nuestros celulares mientras tomamos vino.

—Mañana tengo que darle clase, y el sábado también. Aparte, le doy clases extras —hablo para romper el silencio entre nosotras.

Rebeca decide ignorar completamente mi comentario y habla:

—Mira, este saco está para ti.

Veo el saco en el celular de Rebeca y quedo fascinada. Es gris, con los planetas en la mitad. Sinceramente amo todo lo que tenga que ver con el espacio.

—Sinceramente no entiendo tu obsesión por las estrellas.

—Tampoco quiero que lo entiendas.

—Qué perra.

---

JUEVES 7:00 A.M.

Estoy terminando de alistarme para salir directamente hacia la universidad y empezar mis clases.

—Buenos días —digo con una sonrisa en el rostro al guardia que está en los pasillos dando su recorrido.

Al entrar al salón, un detalle me llama la atención. ¿Rosas? Las agarro y, por instinto, las huelo. Las suelto nuevamente porque, sí, odio las rosas. Las detesto, no me gustan para nada.

Al dejarlas en mi escritorio, puedo ver cómo cae una nota de ellas, así que la recojo y leo:



—¿Otra vez tú? —digo para mí misma.

Una sonrisa sale de mi rostro, pero no de agrado, sino de burla hacia la carta. Ramón no desaprovecha cualquier oportunidad para darme a entender que le gusto. Y sí, no es feo: está como quiere, tiene buen cuerpo, por algo es el profesor de deportes. Pero no me llama para nada la atención.

Desde que llegué a la uni no lo niego: él ha sido muy amable conmigo y muy caballeroso, pero lo raro es que no me interesa.

A pesar de que María José es mi estudiante y nunca me ha mandado algo, siento cierta intriga por verla y conocerla.

—¿Veo que te gustaron? —habla una voz masculina detrás de mí.
—¿La verdad o la mentira? —me volteo para verlo a los ojos.
—Supongo que la verdad —Ramón se va acercando hasta quedar en frente mío.
—Ramón, odio las rosas con todo mi alma, pero tu detalle es muy lindo.
—Oh, perdóname, no sabía. Para la próxima me aseguraré de que sí te gusten.
—Jummmm… bueno, te las puedes llevar. Gracias.
—Te ves muy hermosa hoy, Daniela.
—Gracias —digo lentamente.
—Quisiera invitarte a cenar, quiero conocerte mejor.
—No puedo, pero nuevamente gracias por la invitación.
—¿Por qué? ¿Ya tienes a alguien?
—No tengo a nadie, simplemente no puedo aceptar. Tal vez más adelante —le doy una sonrisa de labios.
—Está bien, señorita. Que pase lindo día, yo debo ir a empezar mi clase. Y por lo que veo, usted también.

ETÉREO  | CACHE | +18Donde viven las historias. Descúbrelo ahora