Capítulo XIII

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—¿Cómo que no pueden pedir la pena de muerte para ese infeliz? —gritó cabreado Terry—. Mató al abogado de su familia, a un médico forense, tienes negocios ilícitos, allanó mi casa armado, intentó matarme. ¿No basta eso para que le condenen ?

—Tal vez, pero queremos que pague por todo lo que ha hecho, no solo por eso. Debemos demostrar que él es Daniel Leagan y no Dough Leagan como asegura o esto no terminará nunca.

—Pronto podrán comprobarlo. —gruñó Terry con la mandíbula apretada.

—Aunque las pruebas den positivas, quiero su confesión, señor Granchester —aseguró el comandante Hathaway mirándole a los ojos—, y tiene que ser antes de que venga su abogado. Ahora es vulnerable. Mírelo, está deseoso de hablar, y solo lo hará frente usted.

—Por qué conmigo yo no soy policía, y hasta donde tengo entendido, solo un agente puede interrogar a un detenido.

—Es cierto, pero en este caso haremos una excepción, creemos que usted es la única persona que puede conseguir que confiese, está claro que hay algo personal entre ambos.

—Ese hijo de puta quiso secuestrar a mi esposa.

—Lo sé, señor Granchester —respondió el comandante —, por eso y mucho más, tenemos que conseguir que lo confiese todo, y creo que solo usted puede conseguirlo —insistió.

—¿Y cómo voy a lograr eso?

—Yo puedo darle unas pautas —intervino Mark—. Incluso puedo guiarle desde aquí, a través de un auricular, indicándole lo que debe decirle en todo momento.

—No creo que eso funcione.

—Por favor, señor Granchester, inténtelo al menos —le rogó Hathaway.

Terrence negó con la cabeza.

—No puedo. Solo tengo ganas de entrar ahí y molerle la cara a golpes.

—Terry, entiendo como te sientes, sin embargo, es momento que dejar de lado los sentimientos personales —le aconsejó Albert interviniendo — y pensar en los familiares de las víctimas, en las personas que mató ese bastardo para satisfacer su odio personal.

—Lo siento, Albert pero no puedo hacer lo que me piden

—Inténtalo —le animó el rubio

Terrence miró a Niel a través del cristal durante unos segundos, el hombre que junto a su familia había destrozado las ilusiones de una joven Candy, convirtiéndola en un mujer insegura. Albert tenía razón, debía hacerlo por las víctimas y sus familiares, pero también por su esposa.

—Está bien, lo haré.

Niel levantó la mirada al ver entrar a Terrence en la sala y dibujó una leve sonrisa.

—¿Falta mucho para que venga mi abogado y me saque de aquí?

—No vas a salir nunca, y lo sabes —aseguró Terrence mientras Niel soltaba una carcajada al escucharle—. ¿Qué pasa? ¿Todo esto te hace gracia?

—Vaya, veo que eres realmente un tipo engreído, el millonario que se cree capaz de resolverlo todo. ¡El esposo protector y perfecto! —dijo Niel elevando el tono de voz con sorna.

—¿Por eso hiciste todo, para darme una lección?

Niel se limitó a sonreír, sin responder a la pregunta.

—¿Por qué ella? —preguntó Terrence

"Pregúntale por sus otras víctimas y el cargamento de armas" —escuchó Terry que le decían en el minúsculo auricular que tenía en la oreja izquierda.

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