Capítulo III

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—Buenas tardes, mi nombre es Candice White, vengo de la agencia de modelo Leblank y aspiro a ser la modelo principal de la nueva colección Harrison. El señor Leblank vendrá en un momento. —Se presentó con la barbilla en alto.

—Bue-nas tar-des.

—Pasa Candice, estábamos esperándote. —Archibald se acercó a ella—. De hecho, Terry  estaba yendo afuera para comprobar si ya habías llegado, ¿verdad? —Se cubrió la boca con la mano izquierda para esconder una risa burlona que se dibujó en sus labios ante el estado de su amigo.

—Sí —respondió el,susodicho tras recuperarse de la primera impresión que aquella joven le causó—. Mi nombre es Terrence Granchester . —Se presentó de manera formal—. Terry  para mis amigos —aclaró—. Es un verdadero placer tenerla en medio nuestro, señorita White.

«¿Puede existir sobre la faz de la tierra otra mujer que, además de hermosa, transmita dulzura a través de su mirada», se preguntó internamente mientras depositaba un beso en el dorso de su mano sin apartar la mirada de aquellos preciosos ojos color verde que lo observaban sin pestañear siquiera.

Archie enarcó una ceja, incrédulo ante lo que estaba escuchando y viendo. Terrence Granchester  jamás mostraba ese tipo de atención y menos con alguien ajeno a él, además, hasta hacía unos segundos, su amigo estaba fastidiado y a punto de marcharse, y ahora lucía radiante mientras ocupaba nuevamente el lugar que acababa de dejar.

Candice, por su parte, se obligó a mantener la barbilla en alto al recordar las últimas indicaciones de Michael:

«No bajes la mirada ante nadie, alza la barbilla y mantén tu postura elegante y soberbia, aunque ese lugar tiemble». Que Dios la ayudara a mantenerse así frente aquel majestuoso hombre que hizo que su piel se erizara al escuchar su acento inglés, y que todo su cuerpo ardiera al sentir el contacto de sus labios sobre la piel de su mano.

Aquel caballero tenía una estatura de aproximadamente 1.80, cabello corto y castaño, ojos impresionantemente azules, capaces de hipnotizar a cualquiera que los mirara por más de diez segundos; así que, tenía que resistir. Nariz perfilada, como cincelada por las manos del mejor escultor, labios exquisitamente sensuales que instaban a ser saboreados, cuerpo bien trabajado. Y... una presencia masculina ¡Madre mía! Hizo un gran esfuerzo para que sus pestañas postizas se mantuvieran en su lugar cuando lo vio caminar de manera tan imponente y varonil. Aquel era, sin duda, un verdadero dios griego andando en un mundo mortal y profano. 

—Lamento la demora. —Michael Leblank ingresó—. Me vi obligado a enviar primero a la mejor modelo que verán este día, ya sabes —se dirigió a su amigo Archibald — los chismosos reporteros y sus tontas preguntas. —Soltó el aire.

—Me lo imagino. Bien, ya que estamos todos, ¿por qué no comenzamos de una vez? —propuso Archie.

—Ven Candy, acompáñame.

Archie no perdió detalle de la reacción de su amigo mientras la última aspirante se retiraba junto al director de la agencia de modelos Leblank. La muchacha tenía que ser realmente muy buena como para que Michael se tomara el tiempo de representarla personalmente.

—Cuidado con la mosca que vuela cerca de tu boca. —Se carcajeó al ver como su amigo la cerraba con fuerza formando una línea recta en sus labios.

—¡Tupoy! —respondió Terry en Ruso.

—Pendejo tú que no has podido disimular la impresión que la señorita White causó en ti. Hasta donde recuerdo, tú eres como un pedazo de metal impenetrable... es decir. —Archie carraspeó la garganta ante la mirada interrogativa que le dirigió concediéndole en parte la razón—. Eres el tipo de hombre que no expresa sus emociones abiertamente y hoy lo has hecho, y de manera literal. —Abrió su boca imitándolo y luego estalló nuevamente en carcajadas al ver su ceño fruncido.

La MentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora