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Narrador omnisciente:

Cuando el rey levantó la espada, el miedo se apoderó de todos.

Nadie se atrevía a respirar.

Entonces, una pequeña voz rompió el silencio.

-Papi...

Mingi dio un paso al frente.

Las lágrimas resbalaban por sus mejillas.

-No mates a mi mamá... por favor.

El niño cayó de rodillas.

Aquel gesto...

Lo cambió todo.

La mano de Changbin comenzó a temblar.

Su mirada pasó de la espada a su hijo... y, finalmente, a Jeongin.

Un largo silencio envolvió el bosque.

Entonces...

La espada cayó al suelo.

El sonido del metal resonó entre los árboles.

Changbin cerró los ojos.

-¿Sabes qué es lo peor de todo esto?

Su voz sonaba cansada.

-Que no puedo matarte.

Apretó los puños con fuerza.

-Todos me conocen como uno de los reyes más crueles de la historia...

Respiró profundamente.

-Pero cuando se trata de ustedes dos... soy demasiado débil.

Miró a Mingi.

-No puedo dejar a mi hijo sin su madre.

El pequeño no esperó más.

Corrió hasta Jeongin y lo abrazó con todas sus fuerzas.

-Mamá...

Jeongin lo estrechó contra su pecho.

-Estoy aquí, mi amor.

Mingi acercó los labios a su oído.

-¿Podemos irnos muy lejos de aquí?

Jeongin sintió un nudo en la garganta.

-¿Por qué dices eso?

-Tengo miedo...

Aquellas palabras fueron escuchadas por todos.

El silencio volvió a caer.

Changbin sintió que el pecho le dolía.

Se arrodilló lentamente frente a su hijo.

-Pequeño...

Intentó acercarse.

Pero Mingi retrocedió y volvió a esconderse detrás de Jeongin.

Aquel gesto hirió al rey más que cualquier espada.

Permaneció inmóvil unos segundos.

Después dio media vuelta y caminó solo hacia el río.

---

Jeongin acarició el cabello de su hijo.

-Cariño...

Su voz era apenas un susurro.

-No debes tenerle miedo.

Mingi permaneció en silencio.

-Él es tu padre.

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