Cuando conoció a Izuku, este era un chico bastante… patético.
No solo era el físico, que de por sí era como un cartel gigante para que se metieran con él. Siendo de los más bajos, con poca o cero masa muscular, un muchacho enclenque si le preguntabas a cualquier persona. Siempre tartamudeaba y se disculpaba, se sonrojaba por cualquier cosa y ni siquiera era capaz de mirarle los ojos a quien sea aunque su vida dependiera de ello.
Shoto podría decir que no le podía importar menos el pecoso, era bastante feo si le preguntabas, ni siquiera destacaba en nada en particular o tenía alguna característica o peculiaridad que lo hiciera entrañable.
Ignorando la falta de gafas, era solo el típico y estereotipado nerd al que podrías molestar sin repercusiones, porque a nadie le importaba lo suficiente como para hacer algo hasta que fuera muy tarde.
En una escuela de máximo prestigio, para genios superdotados, aspirantes a las grandes ligas. El chico era tan… Aburrido. No destacaba en nada y tendía a ser ignorado por todos, por lo que no puedes culparlo por tampoco haberle prestado atención en lo más mínimo.
Excepto que a pesar de ser objetivamente mejor en todo que el chico, su ídolo no lo reconocía. Quien mostraba un claro interés y favoritismo en el pecoso a pesar de mantenerse supuestamente discreto.
Toda la UA era consciente de este hecho aunque nadie era lo suficientemente valiente como para decirlo en voz alta, trató de ignorar el secreto a voces –¿Es siquiera posible llamarlo secreto si todo el mundo lo sabe?– trabajando cada vez más duro, rompiendo sus límites una y otra vez, entrenando hasta el punto del colapso y siendo elogiado por sus grandes logros.
Pero no servía de nada, no importa qué tanto hiciera, siempre le faltaba algo. Todos seguían avanzando y él se estaba quedando atrás, le molestaba de sobremanera cómo el pecoso logró conseguir un pequeño grupo de verdaderos amigos y personas de confianza mientras él estaba completamente solo en un nido de víboras. No es justo, ¿qué hizo mal?
Shoto lo odiaba, quería hacerle daño. Después de todo lo que tuvo que sufrir, ¿lo único que consiguió fue una palmada en la cabeza y una felicitación vacía llena de sonrisas falsas? ¿Mientras que el otro pasaba tiempo de calidad y tenía charlas privadas, lo visitaban en la enfermería y demás?
El resentimiento era grande a pesar de que nunca hizo nada para lastimarlo, tan concentrado estaba en su envidia que nunca notó al peliceniza, aquellos ojos rubí llenos de hambre solo se entrecerraron con diversión viéndolo enloquecer silenciosamente a lo lejos. Sería divertido jugar con él.
Puede que nunca haya arremetido contra él, pero cómo lo deseaba con todas sus fuerzas, el mocoso incluso tenía el descaro de sonreír tan brillantemente mientras arruinaba su vida.
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En algún punto no podía dejar de pensar en el peliverde, sus estúpidos rizos alborotados que le hacían preguntarse si al tocarlos eran tan suaves como parecían, sus estúpidas pecas que bañan con delicadeza sus mejillas regordetas como polvo de estrellas y aquellos penetrantes ojos verdes tan oscuros y profundos como el bosque, pero al mismo tiempo tan brillantes y cálidos como aquel campo sobre el que pasaba horas jugando con sus hermanos en pleno verano cuando era niño y los tiempos eran buenos.