El amor es divertido, como fuegos artificiales en medio de la oscura noche, estallando en colores y haciendo brillar el cielo entero.
El amor es tranquilo, como el susurro del mar después de una tormenta, suave y sereno, envolviendo el alma en paz...
YoonGi no pudo pegar ojo en toda la noche. No con un omega en celo estando bajo el mismo techo.
A pesar de estar lo bastante alejado de la habitación donde el omega estaba, seguía notando el ambiente demasiado pesado. Nada lo ayudaba realmente a descansar sin sentir que su lobo se removía en su interior con cierta impaciencia. Trató de salir a fumar, pero aquello no tuvo ningún efecto en él. Trató de leer algunos de los viejos y aburridos libros que decoraban las estanterías de la habitación de invitados donde se había quedado. Claramente, tampoco sirvió de nada.
Salir de la habitación no era una opción, hasta que amaneciera no quería dar un paso fuera de ese cuarto que, aunque fuera bastante espacioso, sentía como si se estuviera encogiendo con el pasar de los minutos. Por suerte, los supresores para alfas que había tomado estaban funcionando relativamente bien, puesto que de no haberlos tomado, muy seguramente ya habría perdido el total control de sus acciones.
Los lloriqueos del omega se escuchaban desde la otra punta de la mansión. Eran bajos, por la distancia que había entre ambos cuartos, pero parecía como si retumbaran en las paredes y por ende, se escuchaban con claridad en el silencio de la noche.
Min gruñó quejándose de no poder descansar adecuadamente y trató de cubrir sus orejas con la almohada, pero no logró cambio alguno.
En el momento en que los primeros rayos del sol entraron en la habitación, iluminando esta, salió lo más rápido posible tomando las cosa importantes que iba a necesitar en lo que estaría fuera de la casa. Sentía que si se quedaba más tiempo ahí, en cualquier momento derribaría la puerta de la habitación donde TaeHyung se encontraba.
Condujo hasta el hotel más lejano en la ciudad. No iba a llamar a su chófer a esas horas y esperar media hora a que llegara a recogerlo y llevarlo hasta el hotel pudiendo hacer aquello él mismo sin perder nada de tiempo. Necesitaba estar lo más alejado posible de ahí pronto ya que su lobo no paraba de quejarse para volver a casa, pero su cordura no lo dejaba al mando.
Tras conducir por poco más de 20 minutos, llegó a uno de los hoteles más alejados de la ciudad, desde el cual se podía ver toda esta por su ubicación en lo alto de la colina Namsan.
En su habitación de hotel dejó su maletín tirado en el suelo y él se sentó sobre el borde de la cama. Su cabeza dolía exorbitantemente y lo único que hacía era pensar en TaeHyung lloriqueando.
Sacudió su cabeza rápidamente. Necesitaba dejar de pensar en nada que estuviera relacionado con el peliazulado.
Una fría ducha lo ayudaría.
Una muy, muy fría.
Pero en la mansión de Min las cosas tampoco iban bien para el omega en celo. Él tampoco pudo dormir ni un poco en la noche. La presencia del alfa le estaba haciendo sentir desesperado. Quería que estuviera con él. Quería que fuera él quien lo cuidara, no un maldito robot niñera. Por eso mismo, cuando dejó de sentir su presencia en la mansión, corrió hacia la puerta de la habitación tratando de abrirla para salir a buscarlo, siendo su intentos en vano puesto que la puerta había sido cerrada con llave por fuera por la ama de casa a petición de YoonGi para evitar que TaeHyung saliera, al menos hasta que él se fuera.
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