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Atenea caminaba con su hermano mayor afuera de la casa

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Atenea caminaba con su hermano mayor afuera de la casa. Walter estaba de noche y no hacía tanto frío como siempre. 

— ¿Entonces sales con Isaac? 

—No salgo con el Alexander, solo hemos estado hablando sobre eso. 

— En serio, ¿por qué te miras como si fueras la cosa más importante de este mundo y eso es bonito? — aseguro Alexander con una sonrisa 

— Qué gran chiste, Alexander —comentó Atenea. 

— Los Walter son buenos, lo noté, apenas llegué a esta casa y crucé por esa puerta y sentí todo el amor que había en esa casa. Ellos sí son una familia. 

— Los Walter son buenos —comentó Atenea mirando la casa con una sonrisa —. Ellos me enseñaron lo que era tener una familia. 

— Aférrate a ellos, Atenea — pidió su hermano, mirándola, con cariño y cuidado —. ¿Por qué nosotros nunca tuvimos nada parecido a esto? 

Ambos hermanos se miraron para abrazarse, pues aunque su familia tenía dinero y empresas en las ciudades grandes, ellos nunca tuvieron fiestas de cumpleaños, ni una Navidad con su familia y ni hablemos de los eventos especiales en sus escuelas donde estaban solos en esos lugares

La mañana siguiente, Atenea estaba sentada en la sala, mirando su teléfono y leyendo los mensajes que su padre le había enviado. 

—¿Atenea, sabes dónde están Isaac y Lee? —interrogó Cole y la mencionada señaló afuera de la casa donde estaban los demás —. Gracias 

Atenea salió de la sala e Isaac agarró su mano para comenzar a caminar hacia la oficina de George, donde se hacían las videollamadas de los García. La chica soltó la mano de Isaac para sentarse un poco lejos de ellos mientras los veía hablar con su padre. 

—¿Cómo están? ¿Cómo les fue el día de ayer? 

— Aprendí a cortar el pavo —informó Lee, y Atenea sonrió al igual que Isaac. 

— Felicidades, hijo, felicidades. Isaac se puede saber que es más interesante. 

— Tranquilo, papá, es solo Atenea quien nos acompaña en esta videollamada y por eso Isaac está distraído —comentó Lee. 

— Vamos, Isaac presenta a la chica, hijo. 

— Aaa, sí — Isaac miró a Atenea, quien negó con la cabeza

Isaac se puso de pie para arrastrar a Atenea a su lado y haciéndola sentarse en sus piernas mientras ella miraba hacia la cámara con una sonrisa.

— Hola, señor García — saludo Atenea en español y con una sonrisa —. Es bueno conocerlo por fin. 

— Es encantador, por fin conocerte, Atenea, eres muy bonita, tal y como Isaac te había descrito

—¿Así que hablan de mí?

— Bueno, los chicos siempre hablan de ti. Lee te describe como su mejor amiga e Isaac como bueno, la chica que le gusta. 

— Atenea, tu padre te llama — informó Katherine llegando a la sala viendo la escena —. O lo siento, no sabía que conocías al papá de los chicos. 

— Está bien, Kat voy en un momento —comentó Atenea para luego mirar la computadora —. Fue un gusto conocerlo, señor García. 

— Puedo decir lo mismo, Atenea. Que todo salga bien con tu padre. 

— Gracias y adiós. 

Atenea se puso de pie para alejarse de dónde estaban. Isaac miraba a Atenea salir de su campo de visión con algo de seguridad en él. 

— ¿Qué ocurre, Isaac?

— Nada, papá, solo cosas que pasan por mi mente. 

—De acuerdo, hijo. Ahora cuéntenme más sobre lo que ha pasado. 

Atenea miraba las pocas fotos que tenía de toda su familia en pequeñas reuniones de las empresas de su padre en Nueva York. 

Las fotos cambiaron a las que tenía con la familia Walter. Miró la casa para sonreír. Sí, volvía a su antigua ciudad, nada podría comparar toda la felicidad que ella sentía cuando estaba con ellos. 

Sonrió para aguardar su teléfono y caminar hacia la cocina donde estaba la mayoría comiendo con tranquilidad. Atenea se iba a acercar para sentarse, pero sintió cómo alguien jalaba su brazo para voltearla rápidamente. 

Isaac besó a Atenea enfrente de todos los Walter. Mientras los presentes miraban la escena sorprendidos, Katherine sonreía mirando a ambos adolescentes, los cuales se seguían besando con total tranquilidad en medio de la cocina, como si nada más importara en el mundo.

Lee sonreía mientras tomaba una foto para enviársela a su papá. Después, en una carta, Alexander entró a la cocina y sonrió al ver a su hermana besando a Isaac. Ambos adolescentes se seguían besando, los cuales parecían no quererse alejarse del otro, y cuando lo hicieron, ambos se miraron con una sonrisa para unir sus frentes. 

 

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